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Zona de Casavieja quemada por el fuego. Foto: ©Greenpeace/Pedro Armestre. El fuego, iniciado el 22 de julio, ha afectado provisionalmente a 37.818 hectáreas, obligó a evacuar a miles de personas y dañó espacios naturales de gran valor, explotaciones, viviendas y una economía local especialmente dependiente del turismo estival. Este 22 de agosto todavía no ha sido declarado extinguido. Fue controlado el día 15.
A las 13,02 horas del 22 de julio comenzó en Burgohondo uno de los incendios forestales de mayor dimensión registrados en España en las últimas décadas. 31 días después, la emergencia inmediata ha quedado atrás, pero el incendio continúa oficialmente sin extinguir y la magnitud definitiva de los daños aún no está cerrada.
La última estimación de la Junta de Castilla y León sitúa en 37.818 hectáreas la superficie afectada en la provincia de Ávila. Es un cálculo provisional obtenido mediante imágenes del satélite europeo Sentinel y deberá comprobarse sobre el terreno una vez que el fuego sea declarado extinguido. De esa extensión, 33.545 hectáreas corresponden a superficie forestal, y 27.600 son las hectáreas arboladas alcanzadas por las llamas.
La revisión reduce de forma considerable las primeras estimaciones. El Ministerio para la Transición Ecológica llegó a situar la superficie quemada en unas 50.000 hectáreas durante los momentos más críticos, dato que llevó entonces a considerar el incendio como el mayor registrado en España.
El perímetro se cifró en 160 kilómetros y atravesó una veintena de municipios del sur abulense, desde el valle del Alberche hasta el Alto Tiétar. El incendio fue dado por estabilizado el 6 de agosto, 15 días después de comenzar, y por controlado el 15 de agosto. Controlado no significa extinguido: continúan siendo posibles puntos calientes dentro del perímetro y la vigilancia debe mantenerse hasta que los técnicos puedan certificar que no existe posibilidad de reproducción.
Una máquina trabajando
A diferencia de muchos grandes incendios cuya causa tarda semanas o meses en esclarecerse, la investigación del fuego de Burgohondo avanzó rápidamente hacia un origen concreto. El Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil determinó que el incendio se habría iniciado por chispas generadas durante el empleo de maquinaria pesada. Los trabajos se realizaban en unas jornadas en las que la Junta había prohibido expresamente utilizar equipos susceptibles de provocar fuego debido al elevado riesgo de incendios forestales.
Según la investigación policial, las personas relacionadas con esos trabajos carecían además de la autorización administrativa correspondiente y no cumplían las exigencias sobre los medios de extinción que debía llevar una maquinaria capaz de producir chispas.
La Guardia Civil detuvo al propietario de la máquina e investigó al operario que la manejaba. El primero quedó posteriormente en libertad. A ambos se les atribuyen presuntos delitos de incendio forestal y contra los recursos naturales y el medio ambiente. Las diligencias y los informes técnicos fueron remitidos a la autoridad judicial y a la Fiscalía Provincial de Ávila, por lo que cualquier responsabilidad penal deberá determinarse en el correspondiente procedimiento judicial.
La causa material investigada, como es la utilización de maquinaria, explica el inicio, pero no por sí sola la dimensión que adquirió el incendio. La combinación de temperaturas elevadas, humedad muy baja, una orografía complicada, vegetación disponible para arder y fuertes rachas de viento convirtió rápidamente un foco localizado en un gran incendio.
Durante las primeras jornadas se registraron rachas de hasta 50 kilómetros por hora y las llamas surgieron además en una zona elevada y de difícil acceso para los equipos terrestres. Una semana después del comienzo se cifró en 3.000 personas y 1.000 medios los que trabajaban en la extinción, procedentes de toda España y del extranjero.
De Burgohondo al Tiétar
La dimensión social del incendio creció al mismo ritmo que su perímetro. Lo que comenzó en Burgohondo terminó afectando a un amplio territorio del valle del Alberche y posteriormente atravesó la sierra en dirección al Alto Tiétar.
En los primeros momentos, los desalojos se contaban por centenares. El 23 de julio ya se había evacuado a unas 1.500 personas y se habían enviado avisos EsAlert para confinar a los habitantes de Burgohondo, Navaluenga y El Tiemblo. También fueron evacuados un camping y alojamientos rurales situados en el entorno del embalse de El Burguillo y del Valle de Iruelas. La particularidad demográfica del sur de Ávila en julio multiplicó la población expuesta: localidades con pocos habitantes durante el resto del año concentran en verano numerosos propietarios de segundas residencias y visitantes.
No hubo víctimas mortales por el incendio, un dato especialmente relevante teniendo en cuenta la extensión recorrida por las llamas y la proximidad a núcleos habitados. Sí quedaron casas, vehículos, caravanas, instalaciones y fincas destruidos o dañados, especialmente en algunos de los enclaves atravesados por el frente.
En Casavieja, uno de los municipios más castigados, las llamas rodearon prácticamente el casco urbano.
La coincidencia con grandes incendios en el oeste y suroeste de la Comunidad de Madrid y en Toledo agravó además la emergencia. Durante varios días se llegó a temer que distintos frentes terminaran conectando, especialmente entre Ávila y el incendio de San Martín de Valdeiglesias. La situación motivó una inédita declaración de emergencia de interés nacional con la asunción del mando único por parte del Gobierno central y de la Unidad Militar de Emergencias (UME).
Valle de Iruelas
La superficie quemada constituye solo una primera medida del daño ambiental. El incendio penetró en espacios de alto valor ecológico del sur de Ávila y alcanzó el entorno de la Reserva Natural del Valle de Iruelas, integrada en la Red Natura 2000 y especialmente relevante por su población de buitre negro.
El Valle de Iruelas, que tardará décadas en volver a verse igual, alberga una de las principales colonias de esta especie en Castilla y León y una población de relevancia nacional y europea. El fuego afectó igualmente a masas forestales del entorno de El Tiemblo y a un mosaico de pinares, matorral, pastizales y otros hábitats que desempeñan funciones de refugio, alimentación y reproducción para numerosas especies.
El alcance ambiental real no puede reducirse al número de árboles quemados. Después de un incendio de estas dimensiones comienzan otros procesos: pérdida de cubierta vegetal, erosión, arrastre de cenizas y sedimentos, caída de árboles debilitados, alteraciones en los cauces y riesgo de proliferación de plagas en determinadas masas.
Uno de los principales problemas de los próximos meses será el comportamiento del suelo cuando lleguen lluvias intensas. Sin vegetación suficiente para amortiguar el agua, las pendientes quemadas pueden acelerar la escorrentía y transportar tierra y cenizas hacia arroyos, ríos y embalses. La atención se concentra especialmente en el embalse de El Burguillo, pieza fundamental del paisaje, de la actividad recreativa y del sistema hídrico de la comarca. Iniciativas locales y administraciones trabajan para reducir el riesgo de que las cenizas y los materiales arrastrados alcancen cauces o comprometan la calidad del agua.
Entre las medidas previstas figuran el acolchado o ‘mulching’ con paja para amortiguar la erosión, la colocación de fajinas y pequeñas estructuras de retención, la estabilización de terrenos, la reparación de pistas, cortafuegos, cerramientos y puntos de agua, además de actuaciones de regeneración natural, siembras y plantaciones de especies autóctonas cuando sean necesarias. También se contempla retirar madera quemada en lugares donde suponga un riesgo o donde técnicamente resulte aconsejable.
Turismo, agricultura y ganadería
El fuego se declaró en el peor momento posible para buena parte de la economía de la comarca: en plena temporada de verano. Burgohondo y los municipios del Alberche y el Tiétar combinan agricultura y ganadería con una fuerte dependencia de segundas residencias, alojamientos rurales, campings, restauración, comercio y actividades vinculadas al ocio y a la naturaleza. Las evacuaciones, los cortes de accesos, el humo y la incertidumbre provocaron cancelaciones y paralizaron temporalmente negocios en semanas decisivas para su facturación anual. Para Cebreros ha sido el sexto incendio del siglo.
El impacto va más allá del turismo. En zonas ganaderas, el fuego destruyó pastos y dificultó durante días el acceso a determinadas explotaciones. En Casavieja llegaron a organizarse suministros de paja y pienso para mantener al ganado que había quedado sin alimento disponible en las fincas afectadas, mientras que en El Tiemblo ya se han iniciado tareas para evitar que el agua se contamine.
También existen daños en cultivos, cercados, pistas, instalaciones, edificaciones rurales y propiedades particulares, además del valor económico de las masas forestales perdidas y del coste de su restauración.
Un mes después no existe todavía una valoración económica pública consolidada que permita traducir todos esos daños a una cifra única fiable, mientras que los establecimientos turísticos de la zona esperan la llegada de visitantes.
Recuperación
La Junta de Castilla y León aprobó el 30 de julio un plan de actuaciones para recuperar las zonas afectadas. La intervención incluye medidas contra la erosión, estabilización de laderas, recuperación de infraestructuras forestales, prevención de riesgos por árboles y piedras, control de plagas y apoyo a la regeneración vegetal.
El trabajo deberá coordinarse además con organismos con competencias sobre los cauces, entre ellos la Confederación Hidrográfica del Tajo, porque una parte importante del riesgo posterior al incendio ya no procede del fuego, sino del agua que atraviese las laderas desnudas durante los próximos episodios de lluvia.
A las actuaciones de las administraciones se han sumado iniciativas ciudadanas como Renace Ávila, creada para canalizar voluntariado, apoyo empresarial y conocimientos técnicos hacia los municipios afectados. Entre las primeras prioridades figura evitar que las lluvias arrastren cenizas y suelo después de la pérdida de la cubierta vegetal.
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