Tras el incendio, se ha extendido en redes sociales y conversaciones cotidianas la idea de que “no dejan limpiar los montes”. Sin embargo, “se trata de gestionar los montes de manera adecuada para poder extraer de ellos la biomasa excedentaria”, aclara Fernando Herráez, ingeniero de montes, profesor de la UCAV y vicedecano de la Facultad de Ciencias y Artes.
La Ley de Montes estatal y autonómica autoriza estos aprovechamientos siempre que se realicen conforme a un plan de ordenación forestal o a un plan dasocrático en el caso de montes de menor tamaño y complejidad.
“La ley de montes, tanto la estatal como la autonómica -porque tenemos dos leyes de montes- autorizan el aprovechamiento de esos recursos. Siempre que ese aprovechamiento esté realizado conforme y de acuerdo a lo que se denomina el Plan de ordenación de montes o el Plan daocrático del monte”, explica el experto, quien asegura que “el aprovechamiento de esas leñas está recogido en ese documento técnico, no hay ningún problema en que se realice ese aprovechamiento”.
Cuando un monte no dispone de dichos planes, cualquier intervención debe solicitar una autorización a la administración autonómica. Herráez subraya que “la gestión forestal no se improvisa, es algo que se planifica a lo largo del tiempo”, y que cualquier corta o desbroce está previamente programado para asegurar la persistencia del bosque.
Regular: la clave de la gestión
La normativa forestal no impide la gestión, sino que marca reglas claras para evitar daños irreversibles. “Si cada uno va al monte y hace lo que quiere, la gestión forestal que los ingenieros venimos realizando durante siglos quedaría en aguas de borrajas”, advierte Herráez. Por ejemplo, los llamados árboles padre, esenciales para la regeneración mediante semillas, deben quedar protegidos; su tala sin autorización comprometería el futuro del monte.
Incluso prácticas aparentemente inofensivas, como recoger piñas para chimeneas, están reguladas: solo se permite en determinadas condiciones para no perjudicar la dispersión natural de semillas.
“Tenemos que tener presente que muchas veces, desgraciadamente, entran en los montes gentes con unas intenciones distintas a lo que son las intenciones habituales. Te pueden decir que están recogiendo piñas y no, están buscando el sitio donde es más fácil generar un incendio y generar un daño al monte. Por lo tanto, cualquier tipo de aprovechamiento que se realice en el monte tiene que estar regulado y autorizado”, insiste Herráez.
¿Quién es responsable de los montes?
La titularidad define también la responsabilidad legal. Los montes públicos, y especialmente los catalogados como de utilidad pública, son gestionados por la administración autonómica mediante planes de ordenación. Los montes privados, en cambio, recaen bajo la responsabilidad de sus propietarios
En un "monte público y más si es de utilidad pública, la gestión la realiza la administración competente. Como muchas veces los ayuntamientos no tienen un técnico que pueda realizar esa gestión, lo realiza la administración autonómica. Y un monte privado, la responsabilidad de su gestión recae sobre el propietario, pero la administración vela en todo momento para que esa gestión no comprometa el futuro del monte”, señala el profesional.
Abandono rural y acumulación de combustible
El abandono del medio rural y la disminución de la ganadería extensiva han favorecido la acumulación de biomasa. “El ganado trabajaba en prevención y autoprotección, reduciendo la temida interfase urbano-forestal”, recuerda Herráez. Antes, los rebaños pastaban en la periferia de los pueblos y las huertas mantenían despejada la vegetación cercana a las viviendas, creando franjas naturales de seguridad que hoy en gran medida han desaparecido.
Los 3-30
Los incendios actuales se ven agravados por la combinación de tres factores críticos, conocidos como los “tres 30”: temperaturas superiores a 30 ºC, humedad relativa del aire inferior al 30% y vientos de más de 30 km/h. “El cambio climático hace que estas situaciones se produzcan cada vez con más frecuencia”, señala Herráez. Los denominados incendios de sexta generación incluso son capaces de generar sus propias condiciones atmosféricas, con rachas de viento imprevisibles.
Sobre qué podría haber reducido la gravedad de la catástrofe sucedida en Ávila, Herráez no la ciñe solo a una mejor gestión forestal: “No mezclemos churras con merinas”, señala, asegurando que la respuesta requiere de “más información”, puesto que el incendio “ha tenido muchas caras”.
“Ha sido un incendio muy virulento, se ha generado en un momento muy inoportuno en lo que a condiciones ambientales se refiere y no podemos achacar la severidad o no severidad de este incendio a que se haya hecho una mejor o peor gestión forestal.
Los técnicos que realizan la gestión forestal de estos montes son técnicos muy capacitados y ellos, con las herramientas que tenían a su disposición, lo han hecho lo mejor posible”, asegura Herráez, quien recuerda que se necesitaría conocer también los planes de ordenación, el nivel de realización de cada uno de los mismos o qué actuaciones se han hecho durante los últimos años.
Regresión climática
Lo que sí se puede decir con certeza es que el incendio en la provincia ha generado una “regresión climática en toda regla”. Han ardido pastos, matorrales, pinares jóvenes y adultos, e incluso bosques climácicos. Por eso el experto señala que la primera prioridad es evitar la pérdida de suelo mediante técnicas de bioingeniería como fajinas y albarradas, para después favorecer la regeneración con especies pioneras y, paso a paso, reintroducir coníferas y especies más exigentes.
“Primero coníferas porque son especies que requieren de unas condiciones de suelo y de humedad inferiores a lo que pueden ser otras especies del grupo de las frondosas. Será ir poco a poco, preparar el terreno, implantar especies pioneras o colonizadoras y después ya ir hacia especies más climáticas”, explica.
“La recuperación no es cuestión ni de años ni de décadas; puede ser incluso de siglos. Desgraciadamente, las actuales generaciones nunca van a poder volver a ver el Valle de Iruelas como era”, advierte Herráez, que transmite su solidaridad y empatía a los vecinos afectados. “Este incendio nos ha hecho perder a todos porque el patrimonio forestal tardará mucho tiempo en recuperarse”.
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