Un fuego destructor que se quedó a las puertas del casco urbano de la localidad, quemando algunas viviendas y propiedades, como un almacén en la entrada principal, con siete coches que han quedado carbonizados, junto a la maquinaria que se encontraba en su interior.
El entorno del pueblo, situado a tres kilómetros de la CL-501, aparece arrasado, al igual que toda esa carretera a ambos lados, en un escenario que parece irreal, que impide casi reconocer el paisaje original de la zona. Esta localidad, que permanece evacuada, ofrece una imagen como la de la pandemia, con calles casi vacías, en las que de vez en cuando aparece algún vecino que ha acudido a ver cómo han quedado sus casas, sus naves o sus fincas.
En la Casa de la Madera un grupo de unas 30 personas se reúne para tratar de ayudar a quienes necesitan saber de sus animales o llevarlos de comer, entre otras necesidades como el reparto de agua, ya que el pueblo está sin agua potable y sin luz.
La alcaldesa, Vanesa Muñoz, destaca su labor y señala que, aunque el pueblo está evacuado, decidió quedarse con sus vecinos: “No me iba a ir dejándolos a ellos aquí”.
Con algunas quejas acerca del dispositivo, agradece el trabajo de sus integrantes, al tiempo que reconoce que las vidas de las personas son lo primero. En este sentido precisa: "Mantener las vidas no hace que no hayamos perdido la vida, porque hemos perdido el medio de vida que tenemos".
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