Del Viernes, 14 de Agosto de 2026 al Domingo, 23 de Agosto de 2026
El establecimiento de José Antonio Rodríguez ha vuelto a levantar la persiana después del incendio de Burgohondo, entre un paisaje calcinado. “Es como si hubiera caído una bomba nuclear”, relata.
El incendio de Burgohondo ha arrasado miles de hectáreas y, entre las víctimas indirectas del desastre, el bar Valle de Iruelas logró salvarse de las llamas, pero quedó rodeado de un escenario desolador, a escasos metros del embalse de El Burguillo. Tras 19 años viviendo en el camping de la reserva natural, José Antonio decidió el pasado mes de octubre dar un cambio a su vida y comenzar a regentar el bar junto a su mujer, sin imaginar lo que pasaría en verano: “Yo era campista, y aunque se nos quemó la casa, el bar no, y hemos decidido continuar".
Recuerda aquellos días, hace un mes, con angustia: “Tuvimos que irnos corriendo porque no vino nadie a desalojarnos, ni a ayudarnos, ni a apagar el fuego, ni nada de nada”. El bar permaneció 14 días cerrado, sin saber cuándo podría reabrir. “Empezamos de cero bajo cero”, afirma.
Cuando finalmente volvió al camping, la imagen fue devastadora: “No hay nada. Está arrasado, son 12 y pico parcelas largas que solo quedan en el recuerdo”. Describe el paisaje como “un cenicero” y “como si hubiera caído una bomba nuclear”.
La reapertura del bar se produjo unas dos semanas después del incendio, pero la actividad dista mucho de la habitual. En temporada alta, el camping podía acoger entre 300 y 400 personas; ahora, la clientela se ha reducido a un 20% de lo habitual y buena parte de los visitantes acude por curiosidad.
A curiosear
“Trabajo al 20 % y porque viene la gente a curiosear, a mirar, a ver el desastre y por morbo. Eso es lo que nos está de momento alimentando”, asegura, aunque destaca que los vecinos van "a comer, cenar, ayudar y dar un empujón entre todos”.
“El camping sin actividad significa cero reservas en casas rurales y casi nulas consumiciones”, lamenta. La pérdida del entorno natural ha golpeado de lleno al turismo, base fundamental para la supervivencia económica del valle.
El bar no sufrió daños estructurales directos, un hecho que José Antonio no atribuye a la suerte, sino a la limpieza de su entorno: “Estaba desbrozado, limpio, apañado. No fue suerte”. Pese a la tragedia, la reapertura se ha convertido en un punto de encuentro para los vecinos. “Seguimos muy fuertes para seguir adelante, con la ayuda de todos los que tenemos a nuestro alrededor”, afirma.
Las familias e historias
El mayor dolor, asegura, no es económico, sino la estampa habitual: “Lo que más echo de menos son las familias sentadas, jugando a las cartas, hablando, los niños… Eso ya no está. Esas historias se han quedado en el aire”.
Para recuperar la actividad turística, el responsable del establecimiento señala prioridades claras: limpieza inmediata de carreteras, cauces y accesos, y un plan decidido de reactivación del turismo. Por ello, confía en que la primavera pueda ofrecer un “lavado de cara” si se trabaja desde ahora, con acciones coordinadas que devuelvan algo de vida al paisaje.
“El monte ahora está negro, pero vendrá la primavera y será monte bajo y saldrá verde y será bonito. Tenemos un pantano maravilloso. Y se volverá a llenar de agua y todo estará verde, aunque no será el mismo escenario que antes", vaticina.
"No habrá miles de árboles y será tan bonito, pero se remontará. Y aquí estamos cualificados para que venga la gente de turismo", ya que "solamente son las administraciones las que tienen que provocar que venga la gente". Y es que, asegura, "esto no está muerto, está quemado, pero hay mucho verde y ya hay más animales y se va viendo cómo respira”.
Es el mejor sitio del mundo
Entre la desolación, José Antonio lanza un mensaje a visitantes y vecinos: “Es el mejor sitio del mundo, y entre todos lo podemos volver a construir. Nos estamos apoyando”. También insiste en la necesidad de educar a las nuevas generaciones para evitar que tragedias como esta se repitan.
“Cuando estos días veo a muchos niños que vienen con sus padres, a mí me parece que lo primero que hay que mandar es un mensaje para los adultos de por qué hemos cometido este gran error", advierte, haciendo una llamada de atención: "que a estos chavales que han visto esto como estaba antes y ahora lo ven como lo ven, los eduquemos para que no cometan el mismo error que hemos cometido nosotros".




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