Del Miércoles, 23 de Septiembre de 2026 al Jueves, 15 de Octubre de 2026
Ángel Arroyo Lanchas ha recibido el último adiós en el funeral para despedir al pionero de la gran cantera ciclista de El Barraco.
Exciclistas, antiguos compañeros, familiares y amigos han asistido al funeral, que ha terminado con una prolongada ovación después de que su sobrino Esteban Arroyo recordara la lucha, el carácter y el legado de quien fue segundo en el Tour de Francia de 1983.
El último aplauso para el corredor sonó este martes en la parroquia de Santiago de Ávila, al terminar el funeral por el ciclista barraqueño, después de que su sobrino Esteban Arroyo pusiera palabras a una vida que comenzó a golpe de pedal, con pocos medios y muchos obstáculos, y terminó abriendo un camino por el que después transitaron varias generaciones de corredores abulenses.
La intervención cerró una ceremonia a la que acudieron numerosos nombres vinculados al ciclismo y que precedió al traslado de los restos mortales hasta El Barraco, donde Ángel Arroyo había nacido hacía 70 años y donde ha sido enterrado.
Corredores
En los bancos del templo se encontraban algunos de los corredores que compartieron generación, equipo o kilómetros con Arroyo. Entre ellos, Pello Ruiz Cabestany; Anastasio Greciano, que fue gregario de Arroyo junto al malogrado Jesús Hernández Úbeda; Lale Cubino; Jesús Suárez Cuevas y Santi Blanco.
También acudió una amplia representación del ciclismo abulense, con Carlos Sastre, David Navas, Jesús Rodríguez ‘el Pájaro’, Juan Carlos Martín, Nacor Burgos y Jesús Manuel Vázquez Palomo, Ángel Vallejo y Diego Náñez, además de Víctor Sastre, presidente de la fundación que lleva su nombre e impulsor de la escuela ciclista de El Barraco de la que terminarían saliendo numerosos profesionales.
Era, en buena medida, la representación de varias generaciones reunidas para despedir a quien estuvo en el origen de una historia que convirtió a El Barraco en un lugar singular dentro del ciclismo español. Entre los asistentes se comentaba una frase de José Miguel Echávarri, director de su equipo, publicada a raíz de la defunción para resumir al ciclista abulense utilizando su nombre y apellidos: “Desciende el arroyo en lancha como un ángel”.
La representación institucional ha contado con el director general de Deportes de la Junta, Enrique Sánchez-Guijo: el alcalde de Ávila, Jesús Manuel Sánchez Cabrera; el delegado territorial de la Junta, José Francisco Hernández; y el presidente de la Diputación, Carlos García; además del alcalde de El Barraco, José María Manso.
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Luchador nato
Fue al final de la ceremonia cuando Esteban Arroyo tomó la palabra para recordar a su tío desde mucho antes de los grandes puertos, las victorias y el podio de París. "Ángel fue un luchador nato; desde pequeño tuvo las ideas claras y se enfrentó a todos los obstáculos", ha comenzado su intervención.
Su relato retrocedió hasta el joven de El Barraco que quería montar en bicicleta cuando hacerlo estaba lejos de ser entendido como una posible profesión. Habló de la falta de medios, formación y orientación y también de las reticencias que encontró inicialmente en su propio entorno. "Hace 60 años no había cultura deportiva y menos en El Barraco, le decían que tenía que estar arando, en lugar de montar en bicicleta, ya que se consideraba algo inútil", ha recordado.
Arroyo fue aprendiendo de manera autodidacta hasta empezar a competir. Su sobrino evocó las dificultades para acudir siquiera a las carreras, viajando con la bicicleta en el tren, y una primera victoria que tuvo también una consecuencia mucho más práctica que deportiva: el premio le permitió pagar el viaje de regreso.
"Si hubiera pinchado nadie le habría dado una rueda", ha recordado Esteban Arroyo al describir aquellos comienzos sin equipo ni asistencia. Al terminar aquella temporada, después de ganar una carrera, llegó el fichaje que le permitió disponer por primera vez de gastos cubiertos, apoyo y formación.
Desde aquellos inicios, Ángel Arroyo alcanzaría la élite. Fue profesional entre 1979 y 1989 y corrió en equipos como Moliner-Vereco, Zor y Reynolds. Su mayor resultado llegó en el Tour de Francia de 1983, cuando terminó segundo en París, solo por detrás de Laurent Fignon, y ganó la cronoescalada del Puy de Dôme. Un año después consiguió otra etapa y terminó sexto en la general. Su palmarés incluye también dos triunfos de etapa en la Vuelta a España y victorias en pruebas como la Vuelta a Asturias, la Vuelta a Castilla, la Clásica de los Puertos y la Subida a Arrate.
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No a la fanfarria de la fama
Pero el recuerdo no se ha detenido en las clasificaciones. El sobrino ha hablado también del carácter de su tío, de su forma de entender el ciclismo y de buscar soluciones: "Tenía una inteligencia natural, que le sirvió para marcar sus objetivos; fue innovador, aplicó unos cambios en las zapatillas, lo cual le supuso una multa, porque no estaba en el reglamento, y posteriormente lo incluyeron", ha relatado.
También ha dibujado al Ángel Arroyo que quedaba fuera de las carreteras y los focos. "Era una persona desprendida, agradable, con sentido del humor, no envidiaba los triunfos ajenos y huía de la fanfarria de la fama", ha dicho, antes de recordar cómo llegaba incluso a ponerse un mono de trabajo para pasar desapercibido.
Su carrera tuvo igualmente uno de los episodios más controvertidos del ciclismo español de los años ochenta. Arroyo terminó la Vuelta a España de 1982 como ganador de la clasificación general, pero fue posteriormente desposeído del triunfo tras una sanción por dopaje. El ciclista siempre negó la acusación y sostuvo que había existido una manipulación. Oficialmente, la victoria pasó a Marino Lejarreta. Un año después, su segundo puesto en el Tour confirmó su capacidad para competir entre los mejores del pelotón.
Historia que continuó en El Barraco
Su trayectoria deportiva explica una parte de la despedida: “Resucitó el ciclismo español a nivel internacional, eso creó una afición en los niños, que supuso la creación de la escuela ciclista en El Barraco", ha afirmado su sobrino. La irrupción de Arroyo contribuyó a despertar una tradición que tuvo continuidad con la escuela impulsada por Víctor Sastre. Por ella pasaron corredores que posteriormente llegaron al profesionalismo, como José María ‘Chava’ Jiménez, Paco Mancebo, Pablo Lastras, David Navas o Carlos Sastre, que en 2008 acabaría ganando el Tour de Francia.
Esteban Arroyo ha resumido ese legado mirando más allá de los resultados deportivos: "Pero lo más importante fue el cambio de mentalidad hacia el deporte y llevar a los jóvenes hacia campos más sanos". "Por todo eso y mucho más, gracias Ángel”: la respuesta de quienes llenaban la iglesia fue una intensa ovación.
El día anterior, ciudadanos, familiares y representantes del ciclismo ya habían pasado por la capilla ardiente instalada en el Palacio de Superunda, mientras las banderas municipales permanecían a media asta durante los dos días de luto oficial decretados por el Ayuntamiento.
Después del funeral, el camino de regreso fue hacia El Barraco. Allí, donde Ángel Arroyo había empezado a montar en bicicleta.
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