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Domingo del Prado en la presentación de su último libro. Foto: Gonzalo Glez. de Vega. Queríamos la escritura, queríamos los libros, queríamos la literatura y la historia, queríamos el teatro infantil, queríamos la música y las canciones de Clara Álvarez, queríamos la prensa escrita en papel de diario, queríamos compartir inspiraciones y lecturas, queríamos el recuerdo de los seres amados, queríamos la ciudad dibujada, queríamos el color en el retrato caricaturizado de nuestros paisanos, queríamos la actualidad en ripios y romances, queríamos a los escolares, profesores y educadores, queríamos coger las estrellas, queríamos al numeroso público que nos seguía, queríamos la naturaleza de nuestros pueblos...
Y es que con Domingo del Prado compartimos tantas cosas y tantos años de amistad, desde cuando en 1993 se puso en marcha el Certamen de Teatro Infantil de Mingorría, y contamos con el contagio de sus pasiones y su presencia habitual en los jurados de dicho certamen, el cual se celebró durante 27 años. Fue en esta labor cuando supimos de su faceta como autor dramático y del amor por esta actividad en la escuela, y sobre todo en la escuela rural, y así sabemos de su compromiso docente: “Trabaja la narrativa, la poesía y el teatro desde el aula".
Lo que más le gusta es escribir para niños y jóvenes. Llegar al corazón de los niños es lo más gratificante y lo considera una aventura apasionante”. Esta era la vertiente literaria de su identidad, la más íntima, más tierna, más emocional, la que aparece en sus textos dirigidos a niños y mayores, en sus poemas pedagógicos, en sus ilustraciones, en su capacidad para transmitir valores sin moralizar.
De su vida, Domingo nos contó, tal y como ha reseñado en numerosas ocasiones, que había nacido en la aldea leonesa de Pobladura de Yuso (29 habitantes). De niño se trasladó al vecino Pinilla de la Valdería (68 habitantes), pequeña pedanía de Castrocontrigo, comarca de la Valdería, cerca de La Bañeza, donde al día siguiente de su fallecimiento se instaló la capilla ardiente y tuvo lugar el funeral. Una tierra que ahora lo acoge en su seno y que lamentó en momentos de dolor en el romance ‘Llanto por mi tierra negra’, escrito tras el incendio que arrasó su comarca. Ese texto conmovedor se hizo viral, lo que demuestra que Domingo no es solo un observador irónico, sino también un testigo sensible. Él mismo recuerda cómo, al volver al pueblo, “se le cayó el alma a los pies”. Esa frase resume la devastación, la pérdida, la desolación de un paisaje que formaba parte de su vida. Ese poema no es humorístico. Es un lamento. Pero incluso en ese lamento hay una forma de belleza, una dignidad que convierte el dolor en memoria compartida.
Estudió en los seminarios de La Bañeza y Astorga, y se licenció en Salamanca en Ciencias de la Educación. Lo suyo siempre fue el magisterio, ejerciendo como maestro de escuela en León, Zamora y El Barraco (Ávila). Finalmente, en la capital abulense terminó su vida laboral como asesor de nuevas tecnologías del Centro de Formación del Profesorado e Innovación Educativa (CFIE) de Ávila, permaneciendo en nuestra tierra 30 años junto a su esposa Estrella Blanco Sánchez, también fallecida, siempre recordada y fuente de inspiración constante. Pero nuestro amigo, aparte de haber sido maestro de escuela, fue pedagogo y coordinador, desde 1988, del exitoso periódico El Eco Escolar, el cual se distribuía con El Diario de Ávila. Además, ejerció de trovero, novelista, comediógrafo, pintor, dibujante, caricaturista, viñetista y cuentista.
Más de 20 libros
Ciertamente, la trayectoria de Domingo del Prado ha sido larga y diversa: más de veinte libros publicados, colaborador de prensa, ilustrador, autor de proyectos pedagógicos, poeta y humorista gráfico. Sin embargo, lo que define su obra no es la cantidad, sino la coherencia: una voz reconocible, un tono propio, una fidelidad a la ironía como herramienta de pensamiento.
Cuando se le pregunta cuántos libros ha escrito, responde con una sinceridad que lo retrata: no lo sé con exactitud. No porque no le importe, sino porque su impulso creativo no nace de la contabilidad, sino de la necesidad de comunicar. Él mismo lo decía: su ambición no es vender, sino llegar a la gente, entretener, acompañar, provocar una sonrisa o una reflexión. Y con la misma naturalidad nos describe su proceso creativo con una mezcla de humildad y precisión: Todo comienza con una chispa: una idea que surge mientras hace cualquier otra cosa. Esa chispa se convierte en un borrador, y ese borrador en un texto, en un estímulo al que se ve obligado a pulir, a sintetizar, a elegir.
En ese afán comunicativo de viejo profesor y autor de numerosas publicaciones, artículos y caricaturas, y deseoso de rodearse del gran público, disfrutaba de ello en salones de actos, teatros, plazas, clases y redes sociales, a la vez que presumía de sentirse querido y de poder compartir cuanto guardaba en su interior.
Hizo de su nombre el título de sus colaboraciones en prensa: “El humor del Domingo”, “Los lunes de Domingo”, “Los lunes domingueros” y “Caricaturas y semblanzas de abulenses de hoy vestidos de domingo”. En la misma línea, compuso los libros “Romances del Corona”, “Romances en bici”, “Romancillos de fábula”, ”Caras y caretas” y “Como Pedro por su casa”. En esto, y en su faceta de poeta de calles y plazas, Domingo del Prado se convirtió en trovador y juglar de larga trayectoria, a la vez que recitador de romances o coplas de ciego en rimas asonantes los pares y versos octosílabos escritos en modernos «pliegos de cordel» o «pliegos de ciego». Su última colaboración en prensa, en forma de romance, se produjo en el Diario de Ávila del 27 de julio, casi un mes antes de su fallecimiento, dedicado esta vez a “La segunda estrella” de la selección española de futbol, reciente campeona del mundo.
Escribió “Versos y reversos: romancero político-jocoso” (2023) y “Como Pedro por su casa” (2026), a lo que Pablo Serrano, en el prólogo y en la presentación, apostó por una información veraz que alimente una opinión crítica y plural, y a la vez entretenga, siendo los romances de Domingo, convertido ahora en reportero, una forma de acercarnos a la actualidad cotidiana, con ironía y alguna ilustración caricaturesca de los personajes protagonistas.
A la sazón, Domingo en sus romances de periódico quiso contar la actualidad política con humor y en verso, cosa que ya hizo en el Diario de Ávila y El Adelanto Bañezano durante los últimos años; por si alguien dejó de leer la prensa escrita, ahí queda, como un juego en el que el autor se mueve con soltura, con comodidad, con confianza, lo que hace con el doble sentido, con el guiño político, con la complicidad con el lector. Y todo, según sus palabras, como una liberación del tedio mediático en tiempos de crisis y de exasperación.
Hay autores cuya obra se reconoce por la forma, otros por el fondo y unos pocos —muy pocos— por la mirada. Domingo del Prado pertenece a esta última categoría: la de quienes han encontrado un modo propio de observar el mundo y de traducirlo en palabras. Una mirada que no es solemne, ni amarga, ni distante, sino irónica, juguetona, a veces tierna y siempre profundamente humana. Una mirada que, como escribió Antonio Colinas sobre su último libro, "despierta en nosotros el buen humor, alegra por su agudo ingenio y por la extraordinaria destreza formal".
Esa mirada, de ese modo de contar la realidad que Domingo ha convertido en un género propio: el romance satírico contemporáneo. Un género que hunde sus raíces en la tradición literaria española, pero que él ha sabido actualizar con una naturalidad sorprendente, como si el verso rimado fuese el lenguaje natural de la actualidad política, social y humana.
Domingo del Prado no es un escritor encerrado en una torre de marfil. Es un autor que vive, observa, escucha, conversa, se indigna, se ríe y se emociona. Y desde esa experiencia vital escribe. Por eso sus romances no son ejercicios de estilo, sino fragmentos de vida convertidos en literatura.
Poesía y romance
En un tiempo dominado por la inmediatez, por el titular fugaz, por la opinión sin reposo, Domingo eligió el romance. Y esa elección es, en sí misma, un gesto de resistencia cultural. El romance exige ritmo, exige musicalidad, exige una arquitectura interna que obliga a pensar antes de escribir. Obliga a hilar, a pulir, a buscar la palabra exacta. Sin embargo, el romance no es solo forma: es también una manera de mirar. La rima obliga a sintetizar, a elegir, a afinar. Y esa síntesis convierte la actualidad en materia literaria sin perder su esencia. Domingo no trivializa lo que cuenta: lo ilumina desde otro ángulo. Domingo lo explica con claridad: la poesía necesita ritmo, necesita música. Y el romance, con su cadencia casi ancestral, convierte cada columna en una pequeña pieza escénica.
Sus lectores esperan cada lunes o cada viernes su entrega semanal o quincenal como quien espera un capítulo más de una serie. Hay en sus textos una continuidad narrativa, una complicidad con el lector, un guiño permanente que hace que cada romance sea parte de un diálogo más amplio.
Viñetista e ilustrador de la actualidad y otras historias, incluso chistoso, paseó su pluma de colores por periódicos de papel. Como colaborador habitual en la prensa, ha publicado artículos, dibujos y/o caricaturas en los periódicos La Hora Leonesa, El Diario de León, El Adelanto de Salamanca, Diario de Ávila, La Crónica de León, La Luz de Astorga, El Pensamiento Astorgano, Ávila-7 y El Adelanto Bañezano, entre otros; y en las revistas León, Gigantes del basket, La Revista de Ávila y Revista de Literatura Infantil y Juvenil Charín.
Caricaturizó las gentes de León (1984) y retrató “Caras y sonrisas” de casi Ávila entera: políticos, deportistas, escritores, periodistas, pintores, comerciantes, escultores, altos y bajos cargos públicos y privados (1994 y 2019). Algunos dijeron que no se parecían mucho, pero como dijo Picasso a la agitadora cultural Gertrude Stein: No me parezco en nada", exclamó la modelo. "Tranquila, con el tiempo te acabarás pareciendo", contestó Picasso. Si bien, lo que realmente dijo el pintor fue que en adelante era ella la que tenía el deber de parecerse al retrato. Gertrude Stein no cesó hasta conseguirlo, contó Manuel Vicent.
Pescó estrellas en el cielo y luego formó grupo con entregadas amigas, haciendo también teatro de ello en un estanque, haciendo girar todo en torno a su obra “El pescador de estrellas”, con la que recorrió colegios y escuelas, haciendo protagonistas de la historia a miles de escolares, con lo que se pretendía inculcar los siguientes valores: constancia, paciencia, entrega, paz, cariño, alegría, familia, felicidad, recuerdos...".
Dibujo y teatro
Dibujó a plumilla los monumentos de Salamanca y de Ávila. Escribió teatro navideño para los niños, fábulas animadas (¡Esto es de fábula!, 2004) y comedias sobre cuentos infantiles (El lobo en el sillón, 2011). Qué afinado crítico colaborador tuvimos en el Certamen de Teatro Infantil de Mingorría a lo largo de 27 años.
También se hizo historiador y se metió contra los franceses de Napoleón que asolaron su tierra de La Bañeza (Napoleón en La Bañeza -La guerra de la Independencia en las tierras bañezanas, 2013): "un estudio metódico y detallado de aquellos duros y terribles años, la monografía más extensa y documentada sobre la guerra en esta zona, con situaciones, documentos y datos que hasta ahora no habían sido publicados".
Con un estilo particular, se hizo pintor fuera “del Prado”, aun teniendo la casa que alberga el museo madrileño, y llenó de color salas y salones en Ávila y León, pasando por La Bañeza. En diciembre de 2022 expuso ‘Formas y colores’, un homenaje a la vida que se esconde en la naturaleza y en pequeños rincones del medio rural a través de un centenar de pinturas, en su mayoría de pequeño formato, que intentan resaltar la realidad vital del autor tras sufrir una grave enfermedad, la misma que ahora le ha provocado la muerte. La muestra era «un canto a la vida, al optimismo, al color, y reflejan un estado anímico», señaló el autor, cuyos óleos sobre lienzo y porexpan que aportan lo novedoso del soporte, con una textura especial de rugosidad y formas caprichosas. Flores, naturaleza y lugares; paredes, puertas y rincones de pequeños pueblos son los paisajes que conforman también una muestra cuya segunda parte, las “formas”, llega con una treintena de esculturas en pequeño formato, realizadas con materiales de desecho (puntas oxidadas, clavos, cerraduras viejas, bisagras, tornillos) rescatados del cajón de herramientas. Con estos elementos, el autor intentó crear una nueva vida, en forma de quijotes, crucifijos, santas andariegas e, incluso, nacimientos, con una docena de misterios.
Como vate fue merecedor del III Premio Nacional de Poesía Infantil Charo González (2010), y no se olvidó del poeta del pueblo “Segismundo de Santibáñez”, al que dedicó un entrañable libro (“Segismundo de Santibáñez -un poeta del pueblo”, 2010), cuya presentación en el teatro de La Bañeza congregó a más de quinientos vecinos. Además, fue Premio Nacional de Poesía Tostón o Cochinillo de Arévalo (2003). Tiempo después, agradecido con la buena mesa, condimenta el libro “Versos y reversos” «con sal y pimienta (a veces picante) y sin azúcares añadidos». También fue distinguido como abulense del año 2002 por el Hogar de Ávila en Madrid.
La última vez que coincidimos con Domingo del Prado fue en la mesa de oradores, junto al alcalde de Ávila y el director del Diario de Ávila, con ocasión de la presentación de su libro de romances “Como Pedro por su casa”, la cual tuvo lugar el pasado 12 de mayo, en la que advertimos: "Vivimos tiempos ruidosos. Tiempos acelerados. Tiempos en los que la política se ha convertido en un campo de batalla verbal y emocional. En ese contexto, la obra de Domingo del Prado es un recordatorio de que la literatura puede ser un espacio de encuentro. Un espacio donde la crítica no excluye la sonrisa, donde la ironía no elimina la ternura, donde la actualidad puede ser mirada con distancia y con afecto".
En aquella ocasión, quedamos emplazados a conocer y disfrutar de su próximo proyecto: un libro de poesía ilustrado por él mismo, cincuenta poemas y cincuenta dibujos. Una obra que promete unir sus dos lenguajes naturales: el trazo y el verso. Esa combinación no es nueva en su trayectoria, pero sí lo es la ambición del proyecto: un diálogo entre imagen y palabra que ampliará su universo creativo. Como resultado, el libro ‘El viaje de Biruja’, un poemario infantil escrito e ilustrado por el autor y caricaturista Domingo del Prado Almanza, auspiciado por la Fundación Conrado Blanco, el cual fue presentado a finales de junio en la feria del libro de La Bañeza, en un acto muy especial y multitudinario, en el que el autor recibió el cariño de numerosos asistentes que se acercaron para adquirir y pedirle que les firmara su libro.
La intensa actividad de Domingo nunca se vio interrumpida por la espada de la enfermedad y, precisamente, este viernes 4 de septiembre tenía previsto regresar a La Bañeza para ejercer, un año más, como presentador del XIX Premio Nacional de Poesía Infantil Charo González, un acto que dirigía con su particular ingenio y cercanía y en el que se había convertido en una figura habitual, por lo que su fallecimiento deja un vacío en el mundo de la cultura y, especialmente, entre quienes tuvieron la oportunidad de compartir con él su pasión por la literatura, el dibujo, la poesía y la enseñanza.
Finalmente, añadimos que Domingo escribía y dibujaba para que disfrutemos. Para que pensemos. Para que relativicemos. Para que recordemos que la vida, incluso en sus momentos más tensos, admite un punto de humor. Y ese humor, lejos de ser superficial, es una forma de lucidez. Así pues, solo cabe esperar, como decía Domingo, que los lectores disfruten leyendo sus textos, incluso contemplando la representación de los mismos y mirando sus ilustraciones y caricaturas, y lo comenten y lo compartan. Porque en cada uno de ellos hay una chispa de inteligencia, una dosis de humor y una mirada que nos reconcilia, aunque sea por un instante, con la realidad y con nosotros mismos.
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