San Bartolomé de Pinares celebra Las Luminarias, una tradición de caballos, humo y fuego
Carlos de MiguelDomingo, 14 de Enero de 2024 Tiempo de lectura:
San Bartolomé de Pinares celebrará en la noche del martes sus tradicionales Luminarias, una tradición en la que el protagonismo gira en torno a los equinos, el fuego y el humo purificador.
Como cada año, en torno a una veintena de luminarias u hogueras serán instaladas en las empinadas calles de esta localidad hasta la que acuden cientos de personas, y cada vez más medios de comunicación de diversas partes del mundo.
El día previo a la festividad de San Antón, los caballos, yeguas y algún burro volverán a protagonizar un ritual que se remonta más allá de dos siglos, con el objetivo de ahuyentar a los malos espíritus, responsables de las epidemias que asolaban la zona y mataban a los animales, diezmando su población.
Para conjurar esos malos espíritus, el elemento fundamental era el humo procedente de las grandes hogueras, que volverán a poblar las calles de San Bartolomé de Pinares en una ceremonia que, no por repetida, deja de sorprender cada año a cientos de visitantes que no quieren perderse un espectáculo visual difícil de ver en otros lugares.
Ese día, como cada 16 de enero, el humo procedente de las grandes hogueras será visible a kilómetros de distancia, haciendo desaparecer al pueblo bajo una intensa niebla. Para ello, hay que ir preparados con una ropa adecuada y pañuelos o bufandas para tapar el rostro.
Jinetes en fila
Y es que, en esta tradición, lo fundamental no son las llamas procedentes de las luminarias, sino el humo que purifica los animales cuando pasan en fila, muchos de ellos por encima de las hogueras, en medio del estrecho pasillo que deja la multitud apostada en las calles. En esta ocasión, al ser un martes, probablemente la afluencia será inferior a si coincidiera con un fin de semana.
Pese a ello, serán muchos los que no quieran perderse una costumbre tan arraigada, no exenta de polémica años atrás, debido a lo que colectivos ecologistas consideran que se trata de un maltrato a los animales, que a su juicio son obligados a atravesar el fuego. Por ello, el Consistorio suele emitir un bando en el que pide a los participantes que eviten pasar por encima del fuego, algo que nunca se lleva a la práctica por la mayoría.
Para lograr esas grandes hogueras, los vecinos del pueblo que participan en esta fiesta se acercarán en los días previos a los pinares más próximos para recoger las escobas y piornos quemados esta noche en la veintena de luminarias repartidas por las adoquinadas cuestas de San Bartolomé de Pinares.
En esta noche en la que pocos duermen, muchos vecinos volverán a sacar las sillas a las puertas de sus casas para, una vez apagadas las llamas y, aprovechando los rescoldos, asarán el chorizo, la morcilla, la panceta y las chuletillas con el objetivo de reponer fuerzas para seguir disfrutando de la fiesta.
Los jinetes, buena parte con el rostro tapado por un pañuelo, suelen ser mayoritariamente hombres, aunque el número de mujeres aumenta de año en año, al igual que el de niños, que comparten montura con sus padres, para seguir con la primera gran tradición popular del año en la provincia de Ávila.
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