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Isabel Martín
Viernes, 9 de febrero de 2018

Ávila y su otra muralla

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Dice la escritora irlandesa Kate O’Brien en su libro sobre Teresa de Ávila, que “Para cualquiera, en cualquier siglo, nacer y ser niño en Ávila es un golpe de suerte”. Y estoy totalmente de acuerdo. No se me ocurre otro lugar mejor para crecer, en todos los sentidos. El problema, quizá, llega cuando te toca ganarte el pan y lo intentas aquí, en esta bella y carismática ciudad castellana donde las murallas limitan, con gran belleza, eso sí, hasta las oportunidades laborales.

[Img #81908]Es realmente una injusticia siquiera mencionar la muralla para hablar de algo tan negativo. No, no me refiero a ésa que nos representa públicamente, por la que somos más conocidos. Porque nuestra querida Muralla es, probablemente, lo que más alegrías trae a Ávila,especialmente en el aspecto económico-turístico y patrimonial. Esas vistas impresionantes reconfortan siempre. Su majestuosidad, entre otras tantas cosas, hace que me sienta orgullosa de mi ciudad. A pesar de ello, a veces se nos olvida que está ahí, ya que forma parte de una rutina que, en ocasiones,nos sobrepasa.


Decía también Kate O’Brien (Limerick, 1897 - Canterbury, 1974), enamorada de Ávila, de Santa Teresa y de la silueta amurallada, que los propios abulenses pensaban que la ciudad “no ha cambiado en verdad mucho” a lo largo de los siglos. Lo decía en los años sesenta, y con razón. Yo creo que ahora está más hermosa. Y que es algo más moderna, más limpia, más segura. Y también sostengo la idea de que hay personas que buscan el crecimiento de Ávila, que hacen lo posible porque avance. Sin embargo, a veces da la sensación de que no solo son las medievales las murallas que ponen lindes. Es algo que cuesta explicar, pero que seguro que entiendes si eres abulense, de nacimiento o de adopción.


En parte, Ávila es la posibilidad de respirar aire puro, de criar y ver crecer a los más pequeños en un entorno privilegiado y que nos da seguridad, de dar dos pasos y estar en el campo, de poder organizar papeleos en un mínimo espacio de tiempo en comparación con ciudades más grandes, en salir a tomar algo y disfrutar de una rica gastronomía, de buena conversación, de cielos increíblemente azules, de un clima saludable, de un legado patrimonial y cultural envidiable… Pero también Ávila transmite un abrumador sentimiento de ahogo, de no crecer; o, más exactamente, de que nos cortan las alas continuamente, de que todo son pegas y problemas a la hora de hacernos más grandes y prósperos mientras otros crecen a nuestro alrededor. Es como si sintiéramos un cinturón que cada vez nosoprime más y más.Yo lo llamo “la otra muralla” que nos aísla. Incluso nos aleja. Por ejemplo, ahora se tarda más en llegar a Madrid en tren que hace veinte años –cuando el procedente de Salamanca, por ejemplo, tardaba menos de una hora y veinte minutos, y era extremadamente puntual-. A día de hoy, tenemos unos horarios restringidos, el tiempo de viaje ha aumentado, como poquísimo, en diez minutos, y los precios han ido subiendo. Esperemos que mejore la situación del ferrocarril (dejadme soñar). Cierto es que tenemos una muy buena oferta de autobuses a Madrid, y es de agradecer. Pero la comunicación con el resto de las provincias colindantes ya no es tan buena.


Hace poco, alguiende Madrid se quedó altamente sorprendido de que tanto yo como otra mucha gentenos planteáramos hacer el enorme sacrificio y esfuerzo de viajar a Madrid cada día para ir a trabajar, de aceptar trabajo en otras provincias incluso teniendo familia, con todo lo que eso supone, en Ávila. Obviamente, esa persona no conocía la idiosincrasia de esta provincia.


Abulenses por el mundo. Abulenses que se desplazan a Madrid, a Valladolid, a Segovia, a Salamanca, a Toledo… Eso siempre ha ocurrido con los de “provincias”. Pero, en nuestro caso, además de que va creciendo el número de personas que se ven obligadas a salir de su ciudad para trabajar en la capital porque el paro sigue siendo un problema acuciante,a la cantidad de horas de viaje que supone tenerempleo fuera de casa se añade la cuestión de que no podemos permitirnos coger el coche cada día para ahorrar tiempo. Para eso, deberíamos pagar gasolina más los 20,60 euros diarios que cuesta, ida y vuelta,nuestra autopista de peaje, A-51 y A-6, abusiva (puedes tener un 15% de descuento si viajas más de veinte veces al mes: algo es algo). Menos mal que en este asunto del peaje casi todos estamos de acuerdo. Aunque en esta ciudad nunca hemos sido mucho de manifestarnos.Ojalá podamos conseguir que el peaje desaparezca y sintamos que ese cinturón que tanto nos aprieta se afloje aunque sea un poquito.


Sí, Ávila es maravillosa –la defenderé con insistencia cada vez que tenga ocasión y apoyaré todo lo positivo, que es mucho, de este lugar único y especial-. Es una ciudad que recomiendo y que amo. Ávila es maravillosa siempre que no intentes salir de ella. O, mejor dicho, mientras no te veas en la imperiosa necesidadde hacerlo.

 

[Img #81909]

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2 Comentarios
Fecha: Martes, 20 de febrero de 2018 a las 16:04
H.S.
Enhorabuena por el artículo. Acertado pero bonito, triste pero real, y algo esperanzador.
Fecha: Jueves, 15 de febrero de 2018 a las 17:26
Dr. Ing. y PhDr. Manuel Mateos
Ser crio, zagal, galán, chaval, en Avila es algo único y siempre lo he llevado dentro de mi por los 25 países a donde me ha llevado mi trabajo, estudios, investigación científica.
También es única la falta de cortesía, de humildad, de quienes nos dirigen. Mis hallazgos de aplicación mundial son reconocidos menos en Ávila donde lo único que he conseguido es unas series de insultos y descalificación por mi investigación científica, que está beneficiando a la humanidad.

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