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Jesús Mª Sanchidrián
Sábado, 18 de noviembre de 2017

Aureliano Muñoz ‘Polilo’ y Modesto Jiménez Arribas, destacadas piezas de la música popular

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La música popular abulense está de fiesta estos días gracias a la figura del dulzainero Aureliano Muñoz “Polilo” y del tamborilero Modesto Jiménez Arribas, quienes acaban de recibir el Premio Europeo de Folklore “Agapito Marazuela” en su veintidós edición de 2017.

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La entrega del Premio, convocado por la Asociación Cultural Ronda Segoviana, con el patrocinio de la Fundación Don Juan de Borbón y el Instituto de Cultura Tradicional Segoviana Manuel González Herrero de la Diputación de Segovia, se produjo el sábado 18 de noviembre de 2017 en la Academia de Historia y Arte de San Quirce de Segovia.

 

Por otra parte, y coincidiendo casualmente con tan significativo reconocimiento, el domingo 19 siguiente se programó la actuación de Modesto Jiménez, al tamboril,  y de  José Mª Palacios Muñoz, nieto de “Polilo”, a la dulzaina,  dentro de la II Muestra de Dulzaina Ciudad de Segovia organizado por el grupo de danzas “La Esteva”.

 

La convocatoria del Premio “Agapito Marazuela” lleva el nombre de quien fue insigne investigador, intérprete, defensor y maestro del Folklore Castellano, y tiene como fin valorar y destacar públicamente a personas, colectivos o instituciones -españolas o extranjeras- que con su trabajo han contribuido a la investigación, defensa y divulgación de los valores del Folklore y la Cultura Tradicional y Popular Española en  cualquiera de sus ámbitos y manifestaciones.

 

Y como prueba del prestigio del premio, basta señalar que en ediciones anteriores los galardonados fueron, entre otros, el dulzainero Mariano San Romualdo “Silverio”, Joaquín Díaz, Miguel Manzano, Ismael Peña, Nuevo Mester de Juglaría, Los Sabandeños o Carlos Núñez…

 

La concesión del Premio Europeo de Folklore a Aureliano y Modesto en la presente edición se debe entonces, según el jurado, a la trayectoria y dedicación de sus vidas a la tradición y a la música folclórica durante décadas, a su contribución al enriquecimiento y perpetuación del folklore mediante sus conocimientos musicales, y a su labor en el mantenimiento del legado de Agapito Marazuela con generosidad y autenticidad, trasmitiéndoselo además a nuevas generaciones de músicos, siendo un excepcional ejemplo de ello el virtuosismo del joven José María Palacios Muñoz, nieto de Aureliano.

 

Y todo, como reconocimiento también al trabajo de los músicos anónimos que iban recorriendo las fiestas de los pueblos, superando múltiples dificultades, y en especial, en este caso, a los dulzaineros y redoblantes de las comarcas abulenses de La Moraña y la Tierra de Arévalo.

 

El jurado que decidió entonces la concesión de este Premio dando relevancia y renombre al mismo estuvo integrado por los siguientes miembros:  

 

[Img #78863]Joaquín González-Herrero, que intervino como presidente; Arantza Rodrigo Martín, directora del Centro de Interpretación del folklore de San Pedro de Gaillos; Honorio Velasco Maillo, catedrático de Antropología de la UNED; Ismael Peña Poza, folklorista y coleccionista de arte popular y tradicional; José Ramón Pardo Bustillo, periodista especializado en la historia de la música; María Salgado Narros, cantante; Sara Dueñas, diputada provincial de Cultura y Juventud; Teresa Tardío Dovado, coordinadora de la Fundación Don Juan de Borbón; y Carmelo Gozalo Prieto, presidente de la Asociación Cultural Ronda Segoviana promotora y convocante del premio.


    
Con todo, merced a estos singulares artistas también se reconoce la contribución de los numerosos dulzaineros y tamborileros que surgieron en los pueblos como intérpretes de su enraizada tradición musical.

 

Y así, la música popular se descubre como una manifestación pública de lo que el hombre tiene de privado, de íntimo e inherente a la persona, es como una exteriorización de su espíritu, de su estado de ánimo, y en un pueblo era el canto y el baile la mejor forma de expresar sentimientos tan profundos.

 

Más aún, la música de la dulzaina y el tamboril aparece aquí como símbolo de una cultura que expresa así su forma de ser y de vivir, y donde los instrumentistas materializan la percepción musical de las alegrías y pesares del hombre castellano, sus amores, su trabajo, su religiosidad y ánimo en actividades de «siega», «baile», «romería », etc., siendo los dulzaineros y tamborileros, quienes a base de intuición, valor creativo  y sensibilidad han compuesto y recogido melodías y ritmos de bailes y danzas.

 

Qué bueno entonces que la música de dulzaina y tamboril todavía pueda escucharse en vivo y en directo en procesiones, bailes, romerías, pasacalles, etc., lo que se produce en las celebraciones de las fiestas patronales y efemérides varias, y “Los Polilos”, grupo de Aureliano y Modesto, son el testimonio vivo de la importancia que tuvo en la construcción de su identidad histórica y cultural.

 

Y, ciertamente, aún hoy, es un placer poder comprobar la pervivencia de manifestaciones del folklore castellano, propio de las tradiciones festivas de las gentes de nuestros pueblos, y más aún poder presenciar y escuchar directamente las notas que salen de la dulzaina y el tamboril, cuyos intérpretes son de los pueblos donde nace la misma música que tocan.

 

Aureliano y Modesto han formado pareja musical durante más de treinta años con el nombre de «Los Polilos», igual que antaño lo hicieron, respectivamente, el padre Jesús Muñoz  y el abuelo Modesto Arribas.

 

El nombre de “Polilo” es un apodo familiar heredado por Aureliano de generación en generación unido al oficio familiar de molinero en Pozanco y Mingorría, al tiempo que Modesto se dedicó a la construcción y también al desempeño del cargo de alcalde de su pueblo desde 1979.

 

Ellos han dedicado gran parte de su vida a musicar todo tipo de actuaciones festivas, lúdicas y religiosas que se celebran en los pueblos abulenses de la tierra morañega, igual que antaño lo hicieron sus ascendientes, lo que ahora recordamos siguiendo el texto con el que participamos en el homenaje brindado a Aureliano el 12 de agosto de 2000.

 

[Img #78864]Aureliano Muñoz Vázquez, natural de Velayos donde nació  hace 88 años, heredó de su padre Jesús Muñoz (1900-1954) los oficios de molinero y dulzainero.

 

Y Modesto Jiménez Arribas, de 85 años y natural de Vega de Santa María, huérfano de padre a muy temprana edad, pronto aprendió a tocar el tamboril siguiendo a su abuelo, Modesto Arribas, conocido como el tío Ronda, afamado guarnicionero y albardero.

 

Aureliano, además de seguir la tradición molinera de su padre, heredó de éste la misma querencia musical por la dulzaina cuya técnica perfeccionó de la mano de Agapito Marazuela, de quien tomó también parte de su repertorio.

 

Por su parte, Modesto Arribas, abuelo de Modesto Jiménez, fue uno de los mejores redoblantes de la época y él fue quien acompañó con su tambor al dulzainero Marazuela en el concurso musical de Valladolid en 1922, donde también estuvo presente Jesús Muñoz «Polilo».  

 

El ambiente musical que respiraron Aureliano y Modesto desde su infancia pronto despertó en ellos una gran afición por la música de dulzaina y tamboril que escuchaban frecuentemente en sus casas.

 

En este entorno familiar se notaba especialmente la atracción y la influencia del maestro Marazuela, con quien Jesús Muñoz (padre de Aureliano), y Modesto Arribas (abuelo de Modesto) mantenían lazos de amistad y estudiaban ritmos y melodías.

 

Agapito Marazuela Albornos (1891-1983) recobra entonces y ahora especial relevancia, por lo que se hace necesario retomar algunos datos de su biografía, lo que hacemos siguiendo a Manuel González Herrero (“Agapito Marazuela o el despertar del alma castellana”, Ed. Diputación de Segovia, 1985).

 

Y así, sabemos que Agapito Marazuela nació en 1891 en Valverde del Majano (Segovia), donde su padre era arriero y trajinante, y que pronto sobresalió como instrumentista de guitarra y dulzaina, triunfando en las mejores salas de concierto de España y París, y destacando como intelectual, hombre de cultura, músico y artista (entre las numerosa reseñas de sus conciertos vid. por ejemplo “El Adelanto de Salamanca”, 18/06/1930; “La Estampa”, 26/12/1931; “ABC”, 26/08/1933; y “El Heraldo Segoviano”, 9/02/1936).

 

En 1932 fue el ganador del Concurso Nacional de Música Folklórica con el Cancionero de Castilla la Vieja, convocatoria en la que también fue premiado el cancionero burgalés del músico Antonio José Martínez Palacios, según publicó la “Gaceta de Madrid” del 12 de diciembre del mismo año.

 

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Décadas después, la obra fue publicada en 1964 con el título “Cancionero segoviano” por la Jefatura Provincial del Movimiento de Segovia.

 

Para la elaboración del cancionero, Agapito Marazuela recorre en el periodo 1915-1925 numerosos pueblos segovianos a la vez que en Ávila se centra en las localidades de La Moraña y Tierra de Arévalo.

 

Entre dichas localidades figuran Adanero, Albornos, Aldeavieja, Arévalo, Blascoeles, Bohodón, Fontiveros, Maello, Vega de Santa María, Villanueva de Gómez y Villanueva del Aceral.

 

Siendo sus informantes los dulzaineros y tamborileros Gregorio de Adanero, Tío Ojetete de Maello, Tío Barcala de Villanueva de Gómez, Tío Melquiades de Villanueva del Aceral y tío Simón de Aldeavieja, sin olvidarnos por nuestra parte de los que también fueron sus compañeros y amigos el Tío Ronda de Vega de Santa María y Jesús Muñoz “Polilo” de Pozanco.

 

Al año siguiente, en 1933, becado por Centro de Estudios Históricos que dirige Ramón Menéndez Pidal, Agapito recorrió la provincia de Ávila recopilando cantos y tonadillas de la mayoría de nuestros pueblos como un “cazador de canciones” (Ignacio Carral en la “Estampa”, 14/01/1933 y 24/07/1935).

 

Visita entonces el valle Amblés, Villatoro, Villafranca de la Sierra, Piedrahita, el Barco y antes de adentrarse en el alto Tormes visita Junciana, Tornavacas y La Carrera del Barco.

 

Subiendo el Tórmes llega a Bohoyo, Navalperal de Tórmes, Hoyos del Espino y Navarredonda. Prosiguen por los pueblos del Barranco de cinco Villas, San Esteban y Villarejo para continuar por Arenas, Pedro Bernardo, Lanzahita y Candeleda.

 

Regresa al valle del Alberche, desde Hoyocasero hasta el Tiemblo y sigue por Cebreros, El Hoyo de Pinares y Navalperal de Pinares. Por fin regresa a Ávila y se adentra en las comarcas de La Moraña pasando por Muñico y Solana.

 

Durante la República Agapito Marazuela se significó como un hombre de izquierdas y militó en el Partido Comunista. En 1937, en plena guerra civil, asumió la dirección de los grupos folklóricos de la España republicana en la Exposición Internacional de París, y terminada la contienda fue encarcelado.

 

Al salir de la prisión en 1941 en régimen abierto, Agapito se retiró con su esposa Isabel Gil al molino “Canonjía” de Pozanco en el río Adaja propiedad de Jesús Muñoz “Polilo”, dada la amistad que le unía con su alumno.

 

En su nuevo hogar en Pozanco su esposa Isabel fue la maestra de los niños del pueblo, al tiempo que a él le permitió reencontrarse con Ávila, provincia que ya había recorrido  para recoger romances y cantos de estas tierras en los años veinte y treinta, y recordar los conciertos de guitarra ofrecidos en Arévalo (“Cultura”, publicación del Círculo Cultural Mercantil, de Arévalo, 1933 y 1936).

 

Al mismo tiempo, estos años de confinamiento también fueron aprovechados por Marazuela para pasar temporadas en Villanueva del Aceral en casa de su alumno Fermín García, sobrino del dulzainero Tío Melquiades informante de su cancionero (Pedro Manuel Díaz, en la revista “Allar” del Centro Cultural del Castilla y León de Aluche, nº 5/2002,  nº 6/2003, nº7/2005 y nº 8/2006).

 

[Img #78866]En este tiempo, Agapito Marazuela hacía sus presentaciones periódicas en el cuartel de la Guardia Civil de Mingorría, lo que aprovechaba para visitar la casa de los chocolateros “Marugán” y tocar la guitarra en compañía de su amigo Antonio Marugán, quien con especial pericia tañía el laúd en el portal de la casa.

 

De igual manera, Aureliano y Modesto ofrecieron una particular “concierto” en agosto de 2007 en el mismo lugar que ensayaba el maestro, coincidiendo con la reapertura y exposición sobre la fabricación del chocolate Marugán.  

Durante los años en Pozanco, Agapito Marazuela enseñó al joven Aureliano a leer y escribir música y a perfeccionar la técnica del instrumento. Tan buen discípulo fue, que al morir el maestro le regaló su dulzaina.

 

En estas fechas Agapito enseñó a su joven alumno el método de «El progreso musical», por lo que Aureliano se encuentra en el pequeño grupo de los dulzaineros de su época que leen y escriben música.

 

Agapito Marazuela también enseñó a leer y escribir a María, la hermana pequeña de Aureliano, a la vez que pasaba otros momentos pescando y tocando la guitarra, con la que había dado importantes conciertos por España y Europa.

 

En estos años también empezaba a destacar el niño Modesto, por lo que Agapito bromeaba con su abuelo, el «tío Ronda», diciéndole: –«Déjeme al muchacho, que le hago un hombre». Pero el abuelo no sacó la cara, pues seguro que le quitaba el oficio, lo que no impidió que Modesto aprendiera a tocar el redoblante.

 

Años después, los jóvenes músicos Aureliano y Modesto pronto formaron pareja, si bien en un principio lo fue de una manera esporádica después lo fue de una manera estable, tanto que llevan más de una treintena de años juntos.

 

En Ávila, Agapito Marazuela se integra en una organización política antifranquista, pero en 1948 se produce una redada y es detenido y condenado a cuatro años cárcel que sufre en el penal de Ocaña.

 

Cuando sale de la cárcel acude de nuevo a Ávila hasta que se traslada a Segovia en donde malvivirá de dar clases de guitarra a niños y aficionados.

 

Aún así, formará nuevos guitarristas como a Eugenio Urrialde, autor de un entrañable libro homenaje titulado “Apuntes sobre el maestro” (Ed. Caja Segovia/Junta de Castilla y León, 1984).

 

[Img #78867]Aureliano Muñoz Vázquez nació en el pueblo de Velayos el 16 de junio de 1929, donde vivían sus abuelos. A muy temprana edad se trasladó al molino que explotaba su padre en el vecino pueblo de Pozanco.

 

En esta parte de la ribera del Adaja, frente a la dehesa de Olalla de Zorita (Mingorría), la familia de los «Polilos» poseía los molinos «El Cubillo», «Viejo» y «Canonjía».

 

En el molino de «Canonjía» vivió Aureliano y aquí aprendió, siendo niño, las primeras notas de dulzaina de su padre Jesús Muñoz, quien había tenido como maestros al «tío Monique» de Albornos y, sobre todo, a Agapito Marazuela cuando éste convivió aquí con la familia.  

 

Y ya con 15 años, Aureliano empezó a acompañar a su padre en distintas actuaciones por los pueblos. Aureliano tocó a dos voces con su padre, pero tras la muerte de éste en 1954 lo hizo sólo o acompañado de otros tamborileros, si bien en alguna ocasión también lo hizo puntualmente con otros dulzaineros como Crescencio «Siete Almuerzos».

 

Entre los tamborileros con quien Aureliano ha formado pareja destacan: Eutiquio de Ávila, Cecilio y Francisco Navas «Ojetete» de Maello, además de Modesto.

 

Con Francisco Navas «Ojetete»,  Aureliano obtuvo el primer premio del Certamen Nacional de Dulzaina de Palencia en las ediciones de 1965 y 1966, con cuyo motivo grabó un disco de cinco piezas titulado «Jotas castellanas».

 

El tambor de «Ojetete» había sido antes del «tío Basiliete», panadero de Mingorría, quien amenizaba las bodas con el «tío Colache» contratando para ellas la música y el pan.

 

Otros certámenes de dulzaina ganados por Aureliano fueron el de El Espinar (Segovia) de año 1973 y el Concurso Nacional de Dulzaineros de Medina del Campo (Valladolid) de 1974.

 

El propio hijo de Aureliano, Jesús Muñoz, también acompañó con el tambor a su padre hasta que, desgraciadamente, falleció a los 26 años.

 

[Img #78868]El repertorio que toca Aureliano está tomado del cancionero de Marazuela, al que hay que sumar las partituras de los temas recopilados por el mismo Aureliano y la música escrita por «Los Talaos», de cuya saga familiar Teófilo Sánchez Plaza “El Talao”, redoblante y compositor, al fallecer en 1998 nos dejó un entrañable libro póstumo titulado “Dulzaineros de Castilla, canciones de Teo”,  donde se incluyen apuntes sobre la vida de Aureliano y Modesto.

 

La dulzaina que toca habitualmente Aureliano la compró en 1941 por doscientas pesetas y perteneció al «tío Fermín» de Montuenga (Segovia).

 

Es una dulzaina de ébano y la fabricó Ángel Velasco hace unos cien años. Además, Aureliano conserva con cariño la dulzaina de Agapito Marazuela, de quien la recibió como herencia y con la que ha recorrido multitud de pueblos de La Moraña abulense y Tierra de Pinares, principalmente.

 

Por su parte, Modesto Jiménez, virtuoso redoblante como su abuelo el Tío Ronda, nació en el pueblo abulense de Vega de Santa María el 23 de enero de 1932, compartió con Aureliano las enseñanzas musicales del maestro Agapito Marazuela.

 

A antes de formar pareja estable con el propio Aureliano a partir de 1984, Modesto fue compañero de Crescencio de Santa María la Real de Nieva (Segovia) y de Salvador de San Esteban de los Patos (Ávila), entre otros dulzaineros.

 

Últimamente, a causa de la avanzada edad de Aureliano, Modesto toca acompañado de un nutrido grupo de amigos como Mariano “Maete” (director de dos escuelas de dulzaina y cofundador de la Orquestina de la Charanzaina), y Efrén, el Cocinero de Ávila, aparte de los nietos de Aureliano, Arancha, Blanca y José María Palacios Muñoz, siendo con este último con quien mantiene el grupo que sigue llamándose “Los Polilos”.

 

También sobresale Modesto por su generosidad en favor de la promoción de la música popular  que todavía hoy se mantiene viva en la Muestra de Dulzaina que desde el año 2000 viene organizando en Vega de Santa María con gran participación de veteranos y jóvenes músicos.

 

En la última edición de 2017, la muestra  contó con los grupos "Aires de la Moraña", que nació en la escuela de dulzaina de Gotarrendura; "Badut", cuyos miembros, verdaderos músicos de conservatorio, tienen sus raíces familiares en Velayos, Pozanco y Santo Domingo de las Posadas; “Rebolada”, que son una gran familia, pues tocan padres hijos y nietos con ascendencia en Ávila y Mingorría; "La Alegría" de Ávila; y el grupo anfitrión "Los Polilos" formado para la ocasión por Modeto Jiménez y José Mª Palacios Muñoz, nieto de Aureliano Muñoz; y como maestro de ceremonias Jesús Mª Sanchidrián Gallego.

 

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Al mismo tiempo, también en esta oportunidad se rindió un especial recuerdo al dulzainero Herminio, del grupo "El Risco" de Amavida, recientemente fallecido.

 

Como simples ejemplos de la ingente actividad musical de Aureliano y Modesto diremos que sus toques han sonado en multitud de pueblos y lugares, principalmente de la Moraña abulense y Tierra de Pinares.

 

Entre sus innumerables actuaciones de pasacalles, procesiones, romerías, bailes, festivales, carnavales, etc, cabe citar las que tuvieron lugar en las localidades de Aldeavieja, Arévalo, Ávila, Berrocalejo, Bohodón, Cardeñosa, El Espinar (Segovia), Gotarrendura, Maello, Mediana de Voltoya, Medina del Campo, Mingorría, Monsalupe, El Oso, Palencia, Piedrahita, Pozanco (pueblo donde vivió y fue molinero Aureliano), Salamanca, Santo. Domingo de las Posadas (pueblo donde Aureliano vivió los últimos cincuenta años), Segovia, Tordesillas, Valladolid, Vega de Santa María (pueblo donde nació Modesto), Velayos (pueblo donde nació Aureliano), Tolbaños, Zorita de los Molinos, etc., entre otros muchos escenarios que se  quedan en la memoria.

 

Grabación musical

A modo de testimonio de vida de su trayectoria musical, Aureliano y Modesto se aventuraron en 1997 a grabar una parte de los sonidos y melodías con los que llevaban décadas recorriendo fiestas y celebraciones de pueblos y ciudades,  y a la vez rendir homenaje a su maestro Agapito Marazuela, lo que hicieron en la localidad de Vega de Santa María, tal y como ya escribimos entonces.


Decíamos en aquella ocasión que una grabación musical constituye, generalmente y por sí misma, un importante acontecimiento para la cultura, pero que si ello se produce al son de las notas de la dulzaina y el tamboril que se escuchan en los actos festivos de nuestros pueblos, como quien capta el sonido de los pájaros en primavera, al natural y sin arreglos, la noticia y el mérito artístico nos desbordan.


La grabación fue reproducida en un millar de casetes y autofinanciada por los músicos, lejos de cualquier circuito comercial. La edición se llevó a cabo a través de una empresa especializada, la cual se desplazó hasta la Vega donde recogió la música popular can todo su sabor y autenticidad.


La selección musical que interpretan Aureliano y Modesto son melodías y ritmos populares castellanos, los cuales fueron recopilados Agapito Marazuela e incluidos en su cancionero de 1932. No en vano Aureliano ensayaba diariamente las piezas de un ejemplar de este cancionero que le regaló el propio Marazuela.


Los temas grabados responden a los siguientes títulos: Cara A): Chatos y Coplas, Las Habas Verdes, Entradilla, Baile Corrido de Rueda, y Jota Castellana. En la cara B) se incluyen: La Pinariego (baile de procesión), Antigua Danza Segoviana, Mudanzas, Danza Segoviana, y Jota Castellana.


En definitiva, estamos ante un amplio repertorio de aquellos temas que amenizaban bailes y procesiones durante las fiestas patronales de los pueblos. La frescura de los notas que se respiran indica que el paso de los años poca importa para que esta experiencia siga siendo actualidad.

 

[Img #78870]Más aún, el reposo del tiempo pasado ha propiciado la magia de su audición, sobre todo hoy día, cuando, frente al abandono paulatino de nuestros pueblos, esta música parece recobrar su identidad cultural. Por ello, la recuperación de nuestro folclore musical gracias o la dedicación y generosidad de dulzaineros y tamborileros, entre otros músicos, merece un sincero reconocimiento y gratitud.

 

Homenajes
Después de tantos años atados a antiguos instrumentos de larga tradición popular, por fin les ha llegado a estos músicos de dulzaina y tamboril el justo reconocimiento en forma de premios y homenajes.

 

Así, en el historial de galardones cabe citar la placa que les entregó el Ayuntamiento de Mingorría en el año 1991 por su larga trayectoria a favor la música popular.

 

Igual que también tuvimos la oportunidad de participar en el homenaje a Aureliano rendido en Vega de Santa María el 12 de agosto de 2000, donde Modesto organizó una emocionante celebración dedicada a su compañero Aureliano programando la participación de “Los Talaos”, Librado Rogado, Cándido Cáceres, Lorenzo Sancho, Rodrigo Peñas y la Orquestina de la Charanzaina con Mariano “Maete”, además de los nietos de Aureliano  Arancha y Blanca, también jóvenes músicos ya entonces.

 

Al homenaje de Vega de Santa María siguieron otros en honor de la pareja formada por Aureliano y Modesto en la localidad segoviana de San Rafael (Segovia) en 2001, donde ya habían sido recordados antes en 1997.

 

Y otro homenaje más tuvo lugar en el pueblo de Cardeñosa el 10 de agosto de 2002 con la participación programada de “Los Talaos”, Librado Rogado, Cándido Cáceres, Los Menestriles, Trébedes y Clara Álvarez, además de la Escuela de San Rafael (“El Mundo de Castilla y León, 12/06/2012).

 

Igualmente, es reseñable el nombramiento de Aureliano como hijo adoptivo por el ayuntamiento de Santo Domingo de las Posadas, su pueblo de residencia desde los años sesenta, en cuyo acto también sonó la música de Modesto junto a la de los nietos de Aureliano.

 

 

Y lo mismo puede decirse del homenaje rendido a Aureliano en la localidad de El Oso justo al historiador Emilio Rodríguez Almeida donde compartimos la tribuna de los oradores en el día del “Homenaje a La Moraña”.

 

 

Con todo, el premio concedido ahora al dulzainero Aureliano Muñoz "Polilo" y a Modesto Jiménez representa el reconocimiento público, a través suyo, a todos aquellos músicos anónimos que, a lo largo de los siglos, han venido amenizando las distintas manifestaciones religiosas y festivas de los hombres y mujeres que viven en el medio rural. A todos ellos, siguiendo a su maestro Agapito Marazuela recogemos la siguiente dedicatoria:

 

"A LOS DULZAINEROS ANTIGUOS,  a lo mucho que contribuyeron al enriquecimiento del folklore de Castilla, pues si bien la mayor parte de ellos careció de conocimientos musicales, tuvieron en general intuición y puede considerárseles creadores no sólo de melodías de varios caracteres, sino también de ritmos muy interesantes.

 

A LOS DULZAINEROS ANTIGUOS no solamente hay que atribuirles la creación de bailes y danzas, sino que asimismo influyeron en lo que se refiere al estilo de muchas de las canciones castellanas que poseen giros análogos, sobre todo las de las provincias de Ávila y Segovia, cuyos dulzaineros denominaban tocar con gracia, pues en muchos casos era difícil llevar al pentagrama por no estar comprendidos en ninguna de las notas de adorno, apoyaturas, mordentes ni grupetos".

 

Efectivamente, el premio a Aureliano y Modesto, como ya dijimos en otros merecidos homenajes que recibieron, debe ser también, entonces, un acto reivindicativo de la música tradicional, y más en estos tiempos donde la música electrónica parece apoderarse de las innumerables manifestaciones festivas que recorren nuestros pueblos.

 

Entre las distintas actuaciones musicales que se escuchan hay que llamar entonces la atención sobre los sonidos autóctonos de la dulzaina y el tamboril, testimonio vivo de los ritmos tradicionales. La pervivencia de este tipo de música, totalmente ajena a los circuitos comerciales y de consumo, pasa por incentivar la cultura musical entre las nuevas generaciones, pues actualmente existe una carencia educativa que impide valorar en sus justos términos la riqueza expresiva de sentimientos tan profundos como los evocados por estos sonidos.

 

¿Qué tendrán esos ritmos y melodías transmitidos de generación en generación, animando procesiones, bailes, pasacalles, bodas, rondas, .espectáculos taurinos y romerías, que cuando los escuchamos se nos encoge el corazón y se nos eriza la piel?

 

La música de dulzaina y tamboril surge con toda naturalidad como algo propio y familiar en los pueblos castellanos, no en vano sus intérpretes son miembros de la misma comunidad rural donde está música aparece.

 

Y tal es la integración de los músicos en la vida del pueblo que suelen desempeñar oficios tan nobles como el de panadero, molinero, arriero, guarnicionero, zapatero, ferroviario, labrador, albañil, etc. Valga entonces este homenaje como un intento de revitalización de la música popular como elemento identificador de la historia y la cultura de nuestros pueblos.

 

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