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M.Rafael Sánchez
Domingo, 1 de octubre de 2017

Exposición: Del silencio, del color

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De Jan Fabre, el artista total belga, leí hace poco una entrevista en la que decía que el arte y la belleza deben herirte porque esas heridas te hacen pensar. Esta visión defiende que, el arte lejos de ser un entretenimiento con el que pasar el tiempo y no aburrirnos –esa maldita palabra-, debe ser un elemento que interrogue, que exprese las emociones del ser humano.

[Img #76564]Ver una obra de arte no debe provocar sólo comentarios del tipo "Está bien hecho. Me gusta. Qué color más bonito, etc". El arte es una de las maravillosas posibilidades de crear, de expresar pensamientos, emociones, de interrogar, de cuestionar… En definitiva, de ejercitar lo mejor del ser humano. Y, tanto el artista como el que ve una obra de arte, debe plantearse preguntas, entrar en la obra de arte para que algo se remueva en ti. El filósofo Alain de Botton dice que el arte está para hacernos sentir las grandes verdades. Y qué son estas más que la belleza, el amor, el dolor, la trascendencia, la naturaleza, la amistad…


El arte puede tomar muchas derivas. Unas serán formales, otras teóricas, otras especulativas, otras ocurrentes, otras historicistas… Yo qué se!!! Lo que no se quisiera es que el arte se transformara sólo en una forma de pasar el rato, o de ser originales, o de ser famosos, o de hacer turismo. Perdería su pulsión original, esa que ligaba el arte al descubrimiento de las materias, a la interrogación de la vida, a la expresión de lo trascendente, a la curiosidad imaginativa, al conocimiento de la cultura, al disfrute como emoción reparadora… Si perdiera todo esto, el arte sería un elemento más de la mediocridad, ese estado que engulle todo para la vacuidad y el consumo. Lo que desvela, después revela y ahí nos hemos de encontrar con toda manifestación artística.


En un silencio desvelador-revelador, nace la creación, nace la obra. Nace en el silencio reflexivo e invita al silencio y a la reflexión, si se me permite tal criterio. Hablando de lo personal, en muchas de mis obras es evidente este silencio. Por ejemplo el hecho de que los rostros que pinto tengan los ojos cerrados es una invitación al silencio, a la mirada interior, al pensamiento. Esos rostros no son genéricos, no quieren ser mujeres u hombres. Son, simplemente, humanos anónimos, transgenéricos. Casi todo lo que hago se centra en el ser humano: en el rostro o cuerpo como individualidad,  pero también en determinados valores que definen nuestras relaciones, como son como el amor, la amistad, la hermandad, la maternidad… Y los grandes temas que han estado tan presentes en la historia del arte europeo, como son las mitologías, la Pietá o la crucifixión.


Es escaso lo objetual en mi pintura. Hay una figuración abstracta abierta a la interpretación del que lo contempla. Si pinto un paisaje me lo invento. ¿Por qué retar a la visión directa de un paisaje o a una excelente y artística fotografía? Por supuesto que admiro al buen pintor de paisajes, que muchos ha habido y hay. En el paisaje sólo quiero hacer evocación de la idea que cada cual tenga de paisaje, que rememore pero que no vaya diciendo: esto es una roca, esto es un árbol, etc. Por eso no pretendo imitar la realidad –realismo- ni transformarla –impresionismo- ni imaginarla –surrealismo. Trato de inventarla, cosa que no es más que otra forma de lectura de la realidad.

 

[Img #76565]En el proceso creativo voy dialogando con cada obra, pues como acabo de decir es una invención aunque parta de alguna imagen. Y en ese dialogar llega un momento que la obra te dice, de alguna manera, que ya tiene vida propia, que ya tiene una cierta dignidad, que ya no la da miedo sentirse observada por otros ojos. Y cuando tiene vida propia ya está acabada.


La técnica que uso se enmarca en la mixta, una amalgama donde cabe todo lo que no es óleo, acuarela, acrílico, etc. Fabrico mis pinturas y las doy una cierta consistencia de masa blanda. Son tableros el soporte. El tamaño suele ser cuadrado o alargado pero en medianas dimensiones. No pinto para que alguien diga si está bien o mal hecho el cuadro, o si tengo mejor o peor técnica, o si las proporciones, el color, el dibujo, etc., están bien. Pinto para provocar. Provocar emoción o reflexión, belleza o fealdad, movimiento o quietud… En definitiva, me gusta remover un poco las entrañas esas nuestras que, a veces, andan un poco anestesiadas.


Pero nombrar la idea de belleza en el arte, siempre es tentador, pues en el fondo en el quehacer artístico hay una búsqueda de esa idea. El investigador Jorge Wagensberg dice que la belleza se parece a la verdad, no existe en versión absoluta, sólo en su versión vigente. Y en eso andamos y en eso nos encontramos cuando somos actores o espectadores de ese maravilloso mundo de creación humana llamado arte.


La exposición de pintura ‘Del silencio, del color’, de M.Rafael Sánchez, se muestra del 2 al 14 de octubre en el Episcopio (de martes a viernes de 19 a 21 horas, sábados y festivos de 12 a 14 y de 19 a 21, y domingos de 12 a 14).

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