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Redacción
Miércoles, 6 de septiembre de 2017
'Dejé de pronunciar tu nombre'

Luis Herrero novela a Carmen Díaz de Rivera, que pasó el final de su vida en conventos de Ávila

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En 'Dejé de pronunciar tu nombre', Luis Herrero novela a Carmen Díaz de Rivera, conocida por su papel en la Transición, donde rememora cómo pasó sus últimos días en conventos de Ávila.

[Img #75690]Jefa de gabinete de Adolfo Suárez, el autor ha querido “rellenar los vacíos de su testimonio” y novelar una continuación de sus memorias, ‘Lo que escondías sus ojos’.


Díaz de Rivera se retiró al convento abulense de Duruelo, donde permaneció cuatro meses, donde ante la disciplina pidió el traslado a otro lugar, que fue el convento de la Inmaculada y San José, en Arenas de San Pedro, donde tampoco resistió la vida monástica, pero donde fue enterrada en 1999 a petición propia y gracias a la dispensa que pidió su prima Soledad, priora del convento.


Según Herrero, “la historia de Carmen Díez de Rivera es tan poderosa que inevitablemente daba pie a una novela con todos los ingredientes: amor, dolor, política, gente influyente…”, de quien califica “una mujer única herida por un amor prohibido que se convirtió en la denominada musa de la Transición”.


El periodista explica que en ‘Dejé de pronunciar tu nombre’ hay dos novelas: la narración histórica de lo que ocurrió en España entre julio de 1976 a julio de 1977, en la que se fragua la Transición, contada desde la perspectiva de Carmen como jefa de Gabinete de Suárez, desde que es presidente del Gobierno hasta un mes antes de que se convoquen las primeras elecciones democráticas, que “permite narrar el cambio de la dictadura a la democracia con un rigor absoluto, con mínimas concesiones literarias, y, en paralelo, la introspección en el personaje que explica su historia personal, su tragedia y el impacto y los cambios que supusieron en su vida”.


“Ella era una persona contradictoria, muy capaz desde el punto de vista intelectual, de temperamento muy fuerte, muy rebelde, insatisfecha, golpeada por la vida, que rompe con la primera parte de su existencia en una buena familia”, señala Herrero.


“Tras su tragedia”, al enterarse de que era hija de Ramón Serrano Súñer cuando quiso casarse con un hijo de él, “el trauma la llevó a profesar como monja de clausura durante unos meses, pero no resistió la vida en el convento, salió y se fue como cooperante a Costa de Marfil”.


“Luego busca valores distintos, lo que conforma un caldo de cultivo que germina en una gran conciencia social, mucho más cercana a la izquierda política que a la derecha azul que gobernaba en España entonces. Eso da lugar a muchas contradicciones: seguía siendo una estirada de clase alta, pero con una gran preocupación por el prójimo”.


Fue entonces cuando comenzó, gracias al rey Juan Carlos, a trabajar para Adolfo Suárez, “teniendo una gran relevancia en la Transición, fue jefa de gabinete de la Presidencia del Gobierno durante el primer mandato de Suárez e influyó decisivamente en la legalización del Partido Comunista”.

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