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Martes, 28 de marzo de 2017

Pasen y vean

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Pasen y vean. Pasen la frontera natural que separa esta paciente provincia del resto y vean atónitos la infinita capacidad de aguante de los abulenses.

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El Ministerio de Fomento, que en Ávila lleva años sin hacer honor a su nombre, nos invita otra vez a tragar saliva. Como suele decirse en términos coloquiales, alguien cercano al citado departamento, se supone que bajo la pertinente presión política, nos la quiere colar de nuevo. Por eso es más necesario que nunca un filtro, un colador que depure los posos dañinos para la decencia.


Por muy acostumbrados que nos tengan, no deja de ser sorprendente que se desencajone un proyecto de infraestructura para generar unas expectativas que, después, ni de lejos se cumplen. Porque continuamos sin las carreteras convencionales que exige el siglo XXI, sin las autovías prometidas y sin el ferrocarril pretendido. Hasta tal punto que las actuaciones que en su día se presentaban como el mejor remedio, ahora resultan obsoletas.


Así ha ocurrido con el puente de la Gaznata. Es indudable su aportación a la mejora de la seguridad vial de la carretera N-403, pero constituye un claro ejemplo de conformismo y de las escasas aspiraciones, intencionadas o no, de nuestros dirigentes. Mientras provincias limítrofes han visto crecer en sus territorios los kilómetros de vías de alta capacidad o de ancho ferroviario europeo, aquí todavía no salimos de nuestro asombro tras comprobar que en el Ministerio de Fomento nadie se percató de que ejecutar obras en un embalse podrían encontrarse un inconveniente: el volumen de agua almacenada. Total, que no hemos pasado de las zapatas.


Y qué comentar del enlace mediante autovía de Ávila con la A-6. Da pereza contar otra vez los años que han transcurrido desde que el otrora presidente de la Junta de Castilla y León, Juan José Lucas, se comprometió a comunicar por autovía todas las capitales de la Comunidad autónoma. En el caso de Ávila, el proyecto, cual río Guadiana, aparecía y desaparecía en los presupuestos del Ejecutivo regional. La infraestructura llegó a ser motivo de acuerdo de colaboración entre Gobierno y Junta de Castilla y León. Salió a información pública el estudio informativo, proponiendo diferentes alternativas, pero acabó guardándose en el cajón hasta que, como si el reloj se hubiera parado, hace tres años volvió a someterse a información pública. Nada de lo supuestamente avanzado valía ya.


Nos faltaba la guinda del pastel: la autovía A-40 (Ávila-Maqueda). En sus orígenes se ofreció como alternativa gratuita al peaje de las autopistas AP-6 y AP-51. Como el proyecto anterior, llegó a someterse a información pública el estudio informativo, pero dificultades medioambientales y discrepancias nunca explicadas entre comunidades autónomas aconsejaron aparcar la idea. Ahora, casi nueve años después, el Gobierno cuyo presidente denostó esta infraestructura en sus tiempos de candidato, quiere ahora abanderarla.


¿Cuál es el problema? Que los abulenses volvemos a ser tratados como ciudadanos de segunda. Con mínimos matices, como se hace con los libros de texto cada curso académico, se nos presenta el mismo proyecto de autovía, con similar presupuesto (como si el IPC no hubiera influido en los precios) y con la misma alternativa preferida, aquella que rechazó el Ayuntamiento de la capital, cuando era oposición al Gobierno.


No parece complicado aventurar el próximo proyecto a desempolvar. Si les sirve de pista, nos han ido abriendo boca con surcos que se desconoce si son profundos o superficiales; con lanzaderas a primera hora de la mañana que siguen en vía muerta; y con reducciones de tiempos de viaje que, en realidad, se han convertido en incrementos…  Hagan sus apuestas.


Y mientras, a pesar de todo, en Ávila seguimos parapetados y entretenidos, mientras nos marean la perdiz.

 


Cualquier asunto pueden dirigirlo a [email protected]

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