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Juan de la Cruz Mayo
Jueves, 2 de marzo de 2017

¿Qué es eso, papá?

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Un niño correteando por la praderita del puerto del Pico hizo esa pregunta a su padre la última vez que estuve yo por allí. No sé qué le respondería. Si no fue capaz, a lo mejor lo consultó por internet y los dos lo aprendieron. Un monumento como ese es muy útil porque excita la curiosidad de saber.

Es una construcción conmemorativa de un suceso importante: la Guerra Civil; en España el más decisivo del siglo pasado, no cabe duda.

 

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Pero es un cuerpo extraño. No tenía que estar allí, en plena naturaleza, tan hermosa. Si fueran a erigir algo (cualquier cosa) en ese lugar, yo me opondría, como me opuse a que en los años 90 permitieran la construcción de un restaurante (se hizo siendo ya Parque Regional).


Mirándolo sin ideología me parece que, como tantas ermitas, que tampoco debieran estar en tan hermosos parajes, el paisaje ha asumido el monumento.


Su estado actual me parece justo, quiero decir que me parece elocuente que la historia lo haya maltratado: arrancaron letras, pusieron pintadas, rompieron la placa de mármol, doblaron una de las flechas del yugo... Si un padre se lo cuenta  a su hijo no podrá evitar comentarle también el aborrecimiento parcial que soporta el monumento.


Es por esto que en el contexto actual de semidestrozo considero que ya no glorifica a unos ni humilla a otros. Únicamente queda legible la leyenda “homenaje a los caídos de la región”, aunque no con todas sus letras.
Claro que yo no soy hijo, ni nieto, de fusilados (o fusiladas, que también hubo varias en el Barranco de las Cinco Villas). Quizá por eso para mí no es una ofensa personal que permanezca un monumento con los fines que fue construido éste.


Opino que no hay que borrar todo vestigio del franquismo, es algo que existió, es ineludible su presencia. Eso sí: no se les pueden dedicar calles, ni plazas (la del Generalísimo Franco  en Mombeltrán se ha retirado solo en la presente legislatura municipal) eso es un homenaje público intolerable.  Pero si se borran los vestigios se elimina un importante elemento de memoria.


Por ejemplo: El Escorial es un despropósito erigido no solo a base de explotar las minas de Potosí en Bolivia, como dicen por allá; es la idea de un megalómano que sumió a España en muchas guerras, que generó tremendas inflaciones y bancarrotas. Queda, sin embargo, ahí, inmaculado, para glorificar a Felipe II que está por todas partes de esa mole. Seguramente habrá personas que  opinen que esto debería desaparecer. Yo creo que no: es hermoso y artístico, didáctico, y no debe permanecer solo porque los damnificados por Felipe II hace mucho tiempo que murieron.


Voy a traer otro ejemplo, y este es de memoria viva. Hay muchas personas que recientemente han sido damnificadas, en forma de abusos sexuales cuando eran niños o niñas, por curas católicos. Soy de la opinión que eso, que se ha revelado en estos últimos años, se lleva produciendo -y en muchísima mayor medida- desde que hay sacerdotes célibes establecidos. Es más, afirmo que ninguna catedral o parroquia en los últimos 500 años, (con tantos clérigos como había antes y tanto poder como han tenido en los siglos pasados) se habrá visto libre de casos de abuso sexual. ¿No sería lógico, derribar, todos estos edificios símbolo y  amparo tanta pederastia?


Fuera de exageraciones y reducciones al absurdo, yo me opongo a que ese monumento se tire. Es parte de la herencia del trabajo de los hombres y transmite, con sus símbolos vejados, una memoria que se activa cuando lo vemos.


En su día me opuse, dentro de la Asociación Manqueospese, la Veré a que tiraran la real Fábrica de Algodón de 1789. Una vez destruida nos quedamos sin ella y sin referencia ni recuerdo de ese intento de la Ilustración, del despotismo ilustrado con sus males y sus bienes, que a algunos estorbaba porque no querían grandes edificios que estropearan la vista de la Muralla, (por cierto, los mismos que cinco o seis años después construyeron el carísimo mamotreto llamado Lienzo Norte, eso que todas las cámaras fotográficas tratan de evitar cuando encuadran la ciudad desde los Cuatro Postes).


Creo que estaría bien que este monumento a los caídos de la Región se contextualizara. Que hubiera un discreto panel que nos dijera su historia, que nos informara que en el Barranco de las Cinco Villas la partida quedó 100 a 25, que en el valle que tienen a sus pies hay bastantes pequeños monumentos conmemorativos de asesinatos de la guerra civil. Que existen muchos cadáveres de desaparecidos todavía hoy enterrados en diferentes lugares, en fosas sin identificar de casi todos los cementerios, y en parajes como el Pino Padre de Cuevas, en las Moreras de Santa Cruz, en la Cuesta de los Ladrones o en el Prado de la Torre de Mombeltrán y sobre todo, en la Erita de los Lobos de Santa Cruz del Valle, donde se erigió un monumento, en la esquina opuesta de este valle, para rodear a la modesta cruz de hierro que se atrevieron a poner por su cuenta los familiares de cinco personas que aún permanecen ahí.


 
Yo pondría un panel con un mapa, con todo; para que no se olvide nada.

 

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4 Comentarios
Fecha: Domingo, 5 de marzo de 2017 a las 10:07
Kepa
Totalmente de acuerdo con el articulista.
. "La memoria sirve para ensalzar lo bueno y evitar lo malo que se recuerda "
Fecha: Viernes, 3 de marzo de 2017 a las 12:25
Juan de La Cruz Mayo
Yo no tengo constancia de que se matara ningún cura allí. Al Párroco de Mombeltrán le fusilaron y enterraron el 19 de agosto de 1936 en la carretera del Sidrillo, que estará como a 1 Km del monumento. Al que sí subieron a fusilar allí, al sitio llamado de "la Fragua", fue a Segundo Rodríguez, un militar mutilado por heridas de la guerra de África, que llamaban "El Manquillo" Era de Santa Cruz del Valle y se había refugiado en Villarejo del Valle hasta que le descubrieron. Eso fue el 9 de agosto de 1936. También mataron, y hay un monolito por ello en la carretera de Cuevas a Villarejo, al hombre que le ocultaba en su casa, llamado Felipe Villacastín. Pero por la zona de las Ventas hay muchos más muertos de Cuevas y de El Arenal y sus huesos están todavía allí, un par de mujeres entre ellos, estos fueron fusilados a partir del 8 de septiembre por los "nacionales". Sabemos perfectamente que, entre los habitantes del Barranco el número de fusilados por los "rojos" son exactamente 25, de los que fusilaron los "fascistas" me atrevo a dar una cifra aproximada de 85, a la que sumaríamos unos 15 fusilados después de la guerra.
Fecha: Viernes, 3 de marzo de 2017 a las 08:52
M. Mateos
No me gustaba la dictadura porque nos lo decían los que después se convirtieron en millonarios democráticos y finalmente emigré en 1956. En la época autoritaria la puerta de mi casa no se candaba pues estaba dia y noche cerrada y con una cuerda al exterior para abrirla. Ahora en casa dos alarmas. En el lugar del Monumento parece que mataron a un sacerdote y si hubiera ganado la República marxista se habrían cargado a dos millones de españoles basándome en lo que ocurrió en otros paises por aquellas fechas.
Fecha: Jueves, 2 de marzo de 2017 a las 10:24
Abulense
Interesante artículo. Evidentemente no es de recibo el mantener nombre de calles en honor a personajes que propiciaron un golpe de estado contra la legalidad democrática de un país, pero puede que sea otra opción interesante el mantener algunos elementos de un pasado de la dictadura franquista como contraste con lo que supuso y que nunca debiera volver a suceder, siempre que estos elementos no sean hirientes con nadie y que en cuya conservación se aprecie nitidamente la defensa de la democracia y de la libertad. Es lo que se ha hecho en Alemania y Francia, donde ciertos espacios de triste recuerdo son ahora referentes de la defensa por los derechos humanos.

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