Día Domingo, 18 de Enero de 2026
Al restaurar la capilla de Santa Teresa se han hallado, entre las rendijas de los retablos, fotografías y escritos de fieles que han pasado por este lugar desde hace muchos años. Incluso un colmillo clavado en la madera.
![[Img #22102]](upload/img/periodico/img_22102.jpg)
Los restauradores de la capilla, de la empresa In Situ, han entregado a los carmelitas un bolsita con los hallazgos: hay alguna foto en blanco y negro anterior a la Guerra Civil, instantáneas de fotomatón y otras ya de impresora digital, sobre todo de ciudadanos asiáticos.
Y también escritos de fieles de varias nacionalidades, entre los destacan los asiáticos, con peticiones, y algunos dientes de leche para pedir protección sobre los niños. Y un antiguo cartón con la marca de una fábrica de obleas madrileña.
El prior de los Carmelitas, David Jiménez, ha dicho que estos objetos se suman a los que a diario dejan los devotos: "los recogemos y rezamos por sus intenciones".
Según Lucrecia Ruiz y Carlos Regaño, el trabajo de restauración ha afectado a toda la capilla, y ha servido para recuperar tanto los revestimientos como todos los bienes muebles de la capilla: retablos, mayor y laterales; zócalo de azulejos; pinturas murales de la bóveda y los paramentos; lienzos y vidrieras.
Dos fases
El estudio de la capilla durante los trabajos ha permitido fechar en torno a 1890 una segunda fase de su ornamentación, tras la original de su construcción en 1729. A la segunda fase corresponden las vidrieras y el zócalo de azulejos de la fábrica de cerámicas de La Moncloa, donado por el industrial y político liberal Isidro Benito de la Peña. Fue a raíz del regreso de los carmelitas en 1876 tras la desamortización de Mendizábal, cuando renovaron la capilla con la ayuda de particulares.
Muy oscurecida
Para los trabajos, la Fundación del Patrimonio Histórico instaló un andamio de tres pisos, con el que se ha alcanzado el techo y la bóveda, que contiene yeserías en relieve -pintadas y doradas, muy oscurecidas por el humo de las velas y deteriorada por repintes poco delicados, aplicaciones en purpurina y barniz, ya que en el pasado lo frecuente era -ante la falta de medios- tapar los desperfectos pintando encima sin limpiar y sin ningún tratamiento. La bóveda también estaba dañada por antiguas goteras y ha sido necesario reintegrar parte de la cornisa.
Los restauradores han visto como los muros de la capilla se pintaron en dos ocasiones: la primera en tornos verdosos, cuando se construyó en el siglo XVIII, y la segunda, en rojo y amarillo, un siglo después. Lo que les ha llamado la atención es que en ambos casos se pintó con los cuadros y retablos colocados.
Sin sacar los cuadros
De los tres grandes cuadros del siglo XVIII que cubren la parte alta de los muros de la capilla, el menor pudo desmontarse para su restauración en el taller, pero los otros dos -de cinco metros de longitud- era complicado sacarlos, por lo que se restauraron dentro gracias a un novedoso sistema magnético que ofrece soporte para poder trabajar.
La recuperación de los lienzos, con escenas de la vida de Santa Teresa, ha revelado colores más vivos y brillantes, sobre todo en los tonos de rojo y verde, y ha sacado a la luz escenas en segundo plano, ocultas por la suciedad acumulada.
Talla
La talla de Santa Teresa, obra del círculo de Gregorio Fernández, es casi un siglo más antigua que el retablo, de modo que fue hecha para otro lugar en el que se la representaba arrodillada frente al Cristo atado a la columna, por eso su postura y expresión. Se trata de la pieza que acumula más intervenciones, lo que unido a su uso para el culto y la procesión del 15 de octubre, habían provocados daños ahora tratados.
Al restaurar la imagen de San José con el Niño, que sí fue elaborada para este retablo, se ha descubierto que la vara florida que lleva en su mano derecha es de plata, lo que no se apreciaba por estar negra, como tampoco el rico trabajo de filigrana en las flores.
Vidrieras
La autoría de una de las vidrieras también se ha conocido, ya que al desmontar la inferior, que narra la fuga de Santa Teresa a tierra de moros con su hermano Rodrigo, se ha observado la firma 'R.Escribano, Pintor, 1892'. Ricardo Escribano fue un artista sevillano que trabajó para la fábrica de La Cartuja en esas fechas, hábil para reflejar los movimientos de las figuras.
Al trabajar en el zócalo de azulejos de finales del siglo XIX, con motivos vegetales en tonos verdes, azules y ocres, se han reproducido las piezas pérdidas con idéntico color y brillo y al vidriado original.
La lámpara de araña, del siglo XIX, se ha sustituido por una nueva iluminación fría y no lesiva.

















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