El almanaque de los necios

Luis Miguel Gómez Garrido

La palabra 'fiesta' entraña un significado ritual, rayano con lo sagrado, que entronca desde sus remotos orígenes con el sentido cíclico de la naturaleza en su variable y, a la vez, constante devenir. En todas las culturas, el calendario festivo ha girado principalmente en torno a las tareas agrícolas y al ciclo de las estaciones del año.

[Img #21928]Por ejemplo, en muchos pueblos del territorio hispánico, tras el término de la recolección del grano, se abre a comienzos de septiembre un periodo de ferias relacionado con todo un rico abanico de advocaciones marianas (la Virgen de la Vega, de los Dolores, de las Angustias…). Estas festividades religiosas son vestigios antiquísimos de ritos propiciatorios de fecundidad, sancionados a posteriori por la Iglesia Católica.


El problema de hoy en día es la pérdida progresiva de la dimensión ritual de la fiesta debido al desarraigo del hombre moderno, que ha roto sus vínculos con el fluir acompasado de la naturaleza. No sólo no comprende el sentido primigenio de lo festivo dentro de la rueda de las estaciones, sino que además ha convertido la fiesta en una fórmula vacía y rutinaria, completamente ajena a su experiencia vital.


Ahora todos los días del año son festivos. Apenas se aprecia diferencia entre días ordinarios y disantos, entre Cuaresma y Carnaval. El calendario festivo tradicional está siendo sustituido por otro gris y lineal en el que cualquier patochada proferida por el patán político de turno es elevada a rango de celebración canónica: Día Mundial de la no violencia, Día Mundial de Internet…


Y, ¿por qué no instituir el Día Mundial de la Estulticia? Mas, dado el ingente número de necios y mentecatos, flaco favor haríamos a sus mercedes dedicándoles un único día, cuando podemos endosarles el almanaque entero con sus días fastos y nefastos.


Todo esto viene al hilo de la celebración del Día Mundial de la Poesía, que tuvo lugar el 21 de marzo de este año. En el Aula Magna de la Facultad de Filología de la Universidad de Salamanca, se congregaron para la ocasión, si no los más inspirados vates de nuestra república literaria, sí los pájaros a los que el áulico favor dispensó más alas.


El día anterior al “notable evento”, asistí a una conferencia magistral sobre los símbolos de la fachada universitaria, impartida por la doctora Paulette Gabaudán Cortés. ¡Lástima que un discurso de tanta altura intelectual no fuera pronunciado en el Aula Magna de la Facultad, -como hubiera sido lo propio-, sino, por el contrario, en un cuchitril de los sótanos de la misma!


¡Nunca pensé que los actos de pseudocultura oficial llegarían a profanar con sacrílega planta el sanctasanctórum de mi Facultad, ni que tan aviesos poetastros osarían desatar su floja verborrea desde la cátedra de mis maestros!


Aquel día, dolido y apesadumbrado, encaminé mis pasos hacia la estación del tren para volverme a Ávila…

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