La instalación, que genera más de 4.400 metros cúbicos de purines al año y emisiones de amoniaco y metano, deberá cumplir nuevas exigencias de control, almacenamiento y prevención de la contaminación.
En cuanto a la gestión de los purines, la autorización establece una capacidad mínima de almacenamiento de 3.654 metros cúbicos y la obligación de disponer de, al menos, dos balsas.
Estas instalaciones deberán garantizar su impermeabilidad y estanqueidad para evitar filtraciones al terreno. También tendrán que incorporar sistemas de detección de fugas y medidas de protección que impidan el acceso accidental de personas y fauna silvestre.
La evaluación ambiental señala que no existe coincidencia territorial con espacios de la Red Natura 2000 ni con espacios naturales protegidos. También indica que la instalación no se encuentra dentro de una zona declarada vulnerable a la contaminación de las aguas por nitratos de origen agrícola y ganadero.
Con respecto a la protección de los recursos hídricos, la resolución establece que no habrá vertidos directos al dominio público hidráulico. De este modo, las aguas residuales generadas en la explotación se dirigirán a la balsa de almacenamiento de purines, mientras que las aguas pluviales se evacuarán al terreno.
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