Este último evento teatral ha servido también para constatar la consagración de la dramaturgia que despliega la Agrupación Abulense de Amigos del Teatro en sus espectáculos, caracterizados por una original puesta en escena, en la que participan una treintena de aficionados que se hacen llamar Locos por el Teatro, una compañía que cumple con esta puesta en escena diez años de entrega al arte dramático.
Con esta obra, ya suman seis los títulos del variado repertorio de la singular compañía de aficionados que ha hecho del teatro una forma de divertimento cultural y de solidaridad, siempre a beneficio de organizaciones sociales sin ánimo de lucro, tales como la Asociación de Esclerosis Múltiple de Ávila (Adema); Cruz Roja; la Asociación de Familiares, Amigos y Personal con Discapacidad de Enfermedad Mental de Ávila [Faema Salud mental]; y la Asociación de Apoyo a las Familias con Enfermedades Raras y Sin Diagnosticar (AFERD).
Intenciones
En cuanto a la declaración de intenciones y sinopsis de la obra, la creadora de la misma, Mari Carmen Sánchez, nos lo resume de esta manera: “Desde siempre, los hombres han intentado buscar una explicación al mundo, a los fenómenos naturales y a su propia existencia. Y, debido a su vulnerabilidad, han imaginado seres superiores que les protegieran, y han creado y utilizado mitos que explicaran el sentido de la vida y los avatares que la afectan y zarandean.
El mundo grecolatino concibió la existencia de mujeres que, inspiradas por los dioses, tenían poder profético: adivinaban el futuro, alertando de acontecimientos y vislumbrando el destino de los seres humanos. Eran las Sibilas, que funcionaban como instrumento transmisor de las respuestas que las deidades ofrecían a los hombres a través de los oráculos. Las grandes obras literarias de aquella época mostraban cómo el destino marcado por los dioses influía decisivamente en el transcurrir de la existencia del ser humano sin que su voluntad pudiera escapar a esos designios. Las tragedias de Edipo Rey y Antígona de Sófocles así lo atestiguan.
En épocas posteriores, y de forma recurrente, científicos, filósofos y literatos han debatido sobre la existencia o inexistencia del libre albedrío en el hombre sin llegar a encontrar una solución compartida y definitiva. Y éste ha acudido a videntes, pitonisas, horóscopos...para intentar conocer qué le deparaba el porvenir. Y también a gitanas. Fatum. Diario de un desencanto muestra a una mujer que, al evocar su vida, en un desdoble de personalidad, debate consigo misma sobre su identidad y sus circunstancias vitales”.
Narrativa
Adentrados en el fondo de la narrativa de ‘Fatum’ observamos que no es solo un relato autobiográfico de la protagonista, y también de la autora, sino, más bien, una indagación poética sobre el desencuentro entre la vida soñada y la vida vivida. La primera actriz, Rosa, contempla retrospectivamente su existencia desde una perspectiva semejante a la del poeta Garcilaso de la Vega, y se pregunta: “A tanto mal no sé por do he venido”. Esa interrogación inicial actúa como eje vertebrador de toda la obra, convirtiendo la memoria en un proceso de revisión y examen interior.
La infancia aparece evocada mediante una mirada próxima a la memoria lírica de Antonio Machado. Los recuerdos del colegio religioso, los juegos infantiles, los cantos, el olor de las lilas y del incienso adquieren la textura de un tiempo mítico, similar a aquellos “días azules y ese sol de mi infancia”, que la propia obra cita de forma expresa. Sin embargo, esa evocación no constituye un refugio idealizado, pues la belleza convive con experiencias traumáticas que la conciencia adulta no ha conseguido borrar.
La construcción de Rosa recuerda también al Quijote cervantino. Al igual que el Caballero de la Triste Figura, ella intenta transformar la realidad para adecuarla a sus ideales. El coro lo expresa de manera inequívoca al señalar que se obstinaba en “cambiar lo que sus ojos veían y en no aceptar lo que su inteligencia intuía”. Su existencia aparece marcada por una lucha continua entre imaginación y realidad, entre deseo y experiencia, entre el mundo que anhela y el que verdaderamente encuentra.
Esta tensión alcanza una dimensión filosófica cercana al pensamiento de Kierkegaard. Rosa comprende que la vida sólo adquiere sentido cuando se interpreta retrospectivamente, aunque deba ser vivida hacia adelante. El relato se convierte así en una búsqueda de significado para las derrotas, los errores y las renuncias. La protagonista reconoce haber vivido bajo el imperio de la excelencia y de unas expectativas imposibles, incapaz de aceptar la limitación humana y la necesidad de elegir. “Siempre buscaba la excelencia en todo. Y no sabía renunciar a nada”, confiesa la protagonista, identificando en esa incapacidad una de las raíces de su frustración.
La memoria sentimental ocupa un lugar central. Los primeros amores, las amistades, la vida universitaria y la necesidad de reconocimiento se presentan como episodios de una sensibilidad extraordinariamente intensa. Rosa aparece configurada como un personaje profundamente empático, atraído por las causas perdidas y por las personas heridas o marginales. Esa inclinación, más cercana al ideal romántico que al pragmatismo moderno, la conduce repetidamente al sufrimiento y a la decepción.
Tragedia
La tragedia irrumpe cuando algunas pérdidas y conflictos personales provocan lo que la protagonista denomina su “primer descenso a los infiernos”. En este punto, la obra incorpora referencias a la mitología clásica a través de la figura de la Sibila Cumana y del viaje de Eneas al Averno. El infierno deja de ser una representación religiosa y adopta una forma existencial: ya no es un lugar poblado de llamas, sino una experiencia de «frío, angustia y desolación».
Más adelante, la obra profundiza en el itinerario interior de Rosa, convertida ya en una figura trágica que contempla su propia existencia como un escenario donde se enfrentan incesantemente el deseo y la realidad, la libertad y el destino, la esperanza y el desencanto.
La obra adopta una estructura dialógica en la que las distintas voces de Rosa y el coro reproducen el conflicto entre la conciencia y la emoción. Como en las tragedias de Sófocles o Eurípides, el coro interroga a los dioses y se pregunta si es la Fortuna, el azar o el destino quien gobierna la vida humana. La protagonista oscila continuamente entre asumir la responsabilidad de sus decisiones y atribuir su infortunio a una fuerza superior que determina el curso de los acontecimientos.
Desde el comienzo aparece el tema clásico del fatum. Rosa se percibe a sí misma como una mujer arrastrada por una inclinación inevitable hacia la belleza, los sueños y los espejismos. La propia protagonista reconoce que siempre admiró a quienes sabían adaptarse a la realidad y aceptar los límites de la existencia, una actitud de la que ella misma se siente incapaz. Esa lucha recuerda al conflicto de los héroes de la tragedia griega, condenados a cumplir un destino que conocen, pero del que no logran escapar.
La constante alusión a la Fortuna enlaza el texto con la tradición clásica latina. La cita de Virgilio, ‘Audentes Fortuna iuvat’, (La fortuna de los valientes), introduce una reflexión sobre el papel de la valentía frente a la adversidad. Sin embargo, Rosa duda de que la voluntad sea realmente libre y se aproxima más a una visión determinista de la existencia, semejante a la que desarrollaron algunos filósofos estoicos.
Uno de los núcleos temáticos más importantes es la incapacidad humana para aceptar las señales que anticipan el desastre. Rosa se pregunta por qué las personas ignoran las evidencias cuando el amor, la pasión o la fascinación por la belleza dominan la razón. En este punto la obra dialoga directamente con Lope de Vega: “Huir el rostro al claro desengaño, / beber veneno por licor suave /olvidar el provecho, / amar el daño”. La experiencia amorosa aparece, así como una forma de autoengaño voluntario, una fuerza que conduce a abrazar aquello mismo que causa dolor.
Dante
La referencia a Dante Alighieri resulta especialmente significativa. El coro recuerda el célebre comienzo de la ‘Divina comedia’: “Nel mezzo del camin della sua vita / si ritrovó per una selva oscura / che la diritta vía era smarrita”. Como el poeta florentino, Rosa siente que en la mitad de su vida ha entrado en una “selva oscura”, un territorio de perplejidad y desconcierto donde las certezas desaparecen y el camino correcto parece perdido. La selva de Dante se transforma aquí en una maraña de problemas familiares, afectivos y existenciales que amenazan con desorientarla definitivamente.
Frente a ese laberinto vital, la protagonista busca refugio en prácticas espirituales como el yoga y la meditación. El texto incorpora elementos de la tradición oriental mediante referencias al pranayama, a los mantras y, más adelante, a las doctrinas hindúes y budistas del samsara. La existencia se contempla como una rueda de repeticiones en la que pensamientos, emociones y acontecimientos regresan una y otra vez. Esta visión enlaza directamente con el concepto nietzscheano del eterno retorno, citado expresamente en la obra. Y ya se sabe lo que decía Einstein, añade: “Dios no juega a los dados”, oponiéndose al indeterminismo (y la aleatoriedad) de la física cuántica, que pensaba que el azar rige el universo de forma fundamental.
La memoria familiar ocupa otro espacio fundamental. Las figuras de la abuela, del padre y de la madre son evocadas con una mezcla de admiración, nostalgia y culpa. La abuela aparece como una mujer resistente y sacrificada, heredera de tantas mujeres anónimas que sostuvieron familias enteras en circunstancias adversas. Su recuerdo adquiere una dimensión casi épica y conecta con la literatura de la memoria y de la transmisión oral, representada por los romances que recita mientras teje.
La evocación de los padres introduce una reflexión sobre la madurez. Rosa comprende tardíamente que sus progenitores no eran figuras inmóviles, sino personas con frustraciones, renuncias y sueños propios. Esta mirada retrospectiva recuerda las reflexiones de Marcel Proust, para quien la memoria reconstruye el pasado otorgándole nuevos significados que resultaban invisibles cuando los hechos se vivían.
La nostalgia constituye uno de los grandes motores emocionales de la obra. Rosa suscribe la afirmación atribuida a Rainer Maria Rilke según la cual “la infancia es la patria del hombre”, y convierte los olores, los sabores y las sensaciones de la niñez en un refugio espiritual frente al desencanto del presente. El recuerdo de las sábanas limpias, el calor de las mantas o la disciplina paterna se transforma en materia poética.
En las escenas finales, la obra Rosa dialoga con Kierkegaard: "La vida se vive hacia adelante·, con el poeta romántico inglés Wordsworth, nada podrá devolvernos «la hora del esplendor en la hierba y la gloria en las flores», y hasta con Humphrey Bogart, “siempre nos quedará París”. Son símbolos de una felicidad irrevocablemente perdida. Sin embargo, el texto concluye sugiriendo que el recuerdo conserva algo de aquella belleza desaparecida y que la existencia no consiste únicamente en pérdidas, sino también en los vínculos, experiencias y aprendizajes acumulados.
Desde el punto de vista estilístico, la obra se aproxima a la tragedia griega por la presencia de un coro que comenta, cuestiona y corrige constantemente a la protagonista. Esa pluralidad de voces permite representar el combate interior entre la memoria, la autocrítica, la justificación y el arrepentimiento. Rosa se convierte así en personaje y juez de sí misma, mientras el coro adopta la función moral y reflexiva de los antiguos dramaturgos helenos.
En último término, ‘Fatum’ puede verse y entenderse como una meditación sobre el destino, la identidad y el fracaso de los ideales absolutos. La sentencia bíblica repetida por el coro, “Vanidad de vanidades y toda vanidad”, resume la conclusión de una existencia marcada por la búsqueda incesante de perfección y por el descubrimiento tardío de que la felicidad suele encontrarse no en la excelencia soñada, sino en la aceptación serena de la realidad.
De este modo, tal y como ya se dicho, la historia personal de Rosa trasciende a lo individual para convertirse en una meditación universal sobre la memoria, el destino, el sufrimiento y la búsqueda incesante de sentido.
Así, ‘Fatum’ se configura como una autobiografía poética y filosófica, dimensión confesional, situándose en la tradición de las grandes narraciones de la memoria, a medio camino entre la introspección de Proust, el idealismo de Cervantes, la melancolía de Machado y la reflexión existencial de Kierkegaard, así como en la encrucijada entre Dante, Lope de Vega, Virgilio, Nietzsche, Rilke y Proust, autores todos expresamente citados en la obra como referencias ineludibles en la dramatización de tan profundos pensamientos y reflexiones.
Dramaturgia
María del Carmen Sánchez Hernández (Ávila, nac.1947) es la directora, promotora y creadora del proyecto teatral, así como responsable de su puesta en escena. Esta mujer incansable, que contagia su interés literario y el activismo solidario y cultural que practica a cuantos la rodean, es licenciada en Filosofía y Letras, Sección Románicas, por la Universidad de Salamanca, y ejerció la docencia como catedrática de Lengua y Literatura Españolas durante 38 años, 33 de los cuales en el IES Alonso de Madrigal de Ávila, habiendo dado clases también en el colegio abulense de La Milagrosa, en el IES Gonzalo Korreas, de Jaraíz de la Vera (Cáceres), y en el Instituto de El Tiemblo (Ávila).
En su trayectoria teatral participó en grupos universitarios con piezas como 'El Rinoceronte’ de Ionesco; colaboró en el desarrollo de las actividades teatrales del IES Alonso de Madrigal en obras como ‘Edipo, Rey de Sófocles’, dirigida por Ángel Ferrero Soto, y ‘Le petit prince’ de Antoine de Saint Éxupery, así como organizando junto al equipo docente viajes a Madrid para que los alumnos asistiesen a espectáculos dramáticos.
También en el instituto, organizó varios recitales poético-musicales, y adaptó ‘El sueño de una noche de verano’ de William Shakespeare con el título ‘La pesadilla de una víspera de exámenes’, que dirigió Pilar Rodríguez con los alumnos de COU. Mari Carmen Sánchez y sus compañeros docentes entendieron entonces que el teatro constituía una actividad educativa fundamental, y que tenía un valor pedagógico de primer nivel para los alumnos, no solo desde el punto de vista estrictamente cultural, sino también desde el punto de vista emocional.
Aunque concluyó su actividad de enseñante, Mari Carmen siguió cultivando su afición juvenil que nunca abandonó, la música, lo que hizo como miembro de la coral Tomás Luis de Victoria y luego de Camerata Abulense, en la que permanece y a la que ha dirigido en varias ocasiones, componiendo incluso la performance del 20 aniversario de su fundación (1999-2019).
Así pues, la música no podía faltar tampoco en esta ocasión, igual que ocurre en todas las representaciones que ha dirigido. Las piezas interpretadas fueron “La canción del viejo poeta", de P. Luis Iruarriazaga "Pasar yo vi la alegre primavera / y de ella al par, la más bella ilusión / pasó ante mí cual sombra fugitiva / y me llenó de frío el corazón»; “Lascia che io pianga”, un aria para soprano compuesta por Georg Friedrich Händel: «Déjame llorar mi cruda suerte, / ¡Y que suspire por la libertad!»; “Entre mis recuerdos”, de Luz Casal: «Cuando la pena cae sobre mí, / el mundo deja ya de existir. / Miro hacia atrás y busco entre mis recuerdos, / para encontrar la niña que fui / y algo de todo lo que perdí»; y “El tilo”, de Franz Schubert: «El tilo que sombrea / La casa en que nací / Evoca los recuerdos / Más gratos para».
En cuanto a los actores y otros intervinientes en la puesta en escena de la obra estrenada este viernes, estos suman un elenco de 33 participantes que esparcieron color, musicalidad y armonía, y presentaron una obra tremendamente coral, dinámica y entretenida, a pesar de tratarse de una obra reflexiva de profundos sentimientos.
Reparto
La mayoría de los actores que forman esta singular compañía son viejos amigos de la Coral Camerata Abulense y del Coro Gregoriano de La Santa, antiguos compañeros del instituto Alonso de Madrigal, aficionados de otros grupos teatrales, escolares de la Escuela de Danza Emma Lucena, compañeros de escuelas y academias de música, vecinos y otros conocidos, aparte de los colaboradores de coreografía, maquillaje y arreglistas de luces y sonido. Así, la relación de implicados en esta aventura dramática que intervino en esta ocasión respondió al siguiente reparto de personajes y asistentes:
Rosa: Resu Lumbreras, Rufi Aldudo y Cristina San Segundo. – Angelines: Oti Cordido. – Charo: Marisol Martín. – Sacerdote: Pepe G. Úbeda. – Monja 1: Mayte Velayos. – Monja 2: Ana Buenadicha. —Madre: Victoria García. – Padre: Pedro García. – Pretendiente 1: César Bernaldo de Quirós. – Pretendiente 2: Felipe López. —Barman: Tomás Carrasco. – Gitana: Emma Lucena. - Coro griego: Santiago Domínguez, Mariano Galán, Jesús María Fernández, María Antonia Mozo, Clara Álvarez y Raquel Adanero. – Músicos: Andrea Vinuesa (flauta), Pilar García (violín) y Judith Sáez (violín). - Coro musical: Raquel Adanero (soprano), Clara Álvarez (soprano), César Bernaldo de Quirós (tenor), Tomás Carrasco (tenor), Teodoro Novoa (tenor), Julián Nieto (bajo), Evelio Sáez (bajo) y Eladio Pérez (bajo). – Caracterización: María José Velayos. - Ayudante de sonido: María Sáez. Dramaturgia y dirección: María del Carmen Sánchez Hernández.
Todos componen un grupo de amigos, aficionados teatreros, abulenses todos, que se reunió por primera vez en el año 2016 para homenajear a Miguel de Cervantes, constituyéndose entonces la Agrupación Abulense de Amigos del Teatro llamada Locos por el Teatro. Ellos son un conmovedor ejemplo de demostración de la inquietud artística y cultural que caracteriza a los hombres y mujeres de esta tierra, así como de su autenticidad sin alharacas de la oficialidad. Son una compañía de cómicos que ya son una gran familia de casi medio centenar de miembros a quienes les ha unido un peculiar modo de divertimento que quieren compartir con la sociedad abulense y con los más necesitados.
La trayectoria de la compañía comenzó con un homenaje a Miguel de Cervantes (1547-1616) en el centenario de su muerte, luego honrando la memoria de William Shakespeare (1565-1616), después conmemorando la figura de Molière (1622-1673), también en su bicentenario, el año pasado al arevalense Eulogio Florentino Sanz (1822-1881), dos años después de los doscientos aniversarios de su nacimiento. Con todo, hasta ahora, el repertorio del grupo está formado por un recital poético y cinco obras que han representado ya en diez ocasiones, a saber:
‘El retablo de Don Quijote y Sancho. Mínima, dulce e imaginada historia de un caballero y su escudero’, sobre el libro de Cervantes, fue estrenada en el Teatro de la Fundación Caja de Ávila (actual Teatro Santo Tomás) el 21 de octubre de 2016, con organización del Rotary Club Ávila y a beneficio de la Asociación de Esclerosis Múltiple de Ávila (ADEMA). La misma obra se reestrenó en el Centro de Congresos y Exposiciones Lienzo Norte el 18 de febrero de 2017, a beneficio de Cruz Roja y sus programas sociales, y se repitió para los alumnos de los institutos Isabel de Castilla y Alonso de Madrigal. De la misma manera, para el IES José Luis López Aranguren, la Agrupación Teatral ofreció un recital poético dramatizado.
‘Y los sueños ... sueños son’, adaptación del título ‘Sueños de una noche de verano’, de Shakespeare, se representó el 19 de octubre de 2018 en el Lienzo Norte, a beneficio de Cruz Roja y en homenaje in memoriam al protagonista de la obra ‘El retablo de Don Quijote y Sancho’, Francisco Javier Sánchez Ferrero. La obra se puso en escena de nuevo, también en el Lienzo Nort’, el 7 de octubre de 2023, esta vez a beneficio de la Asociación de Familiares, Amigos y Personal con Discapacidad de Enfermedad Mental de Ávila (Faema Salud mental).
‘D’Après Molière’ [Dijo Molière] se estrenó en el Lienzo Norte el 23 de junio de 2022, a beneficio de Cruz Roja para el programa de atención a los refugiados de la guerra de Ucrania. La obra se reestrenó el 21 de octubre de 2022 en el Teatro de Santo Tomás, esta vez a beneficio de la Asociación de Apoyo a las Familias con Enfermedades Raras y Sin Diagnosticar (AFERD).
‘Don Francisco de Quevedo’, obra escrita en verso por Eulogio Florentino Sanz y Sánchez (Arévalo,1822- Madrid,1881) y adaptada en prosa por José Antonio Bernaldo de Quirós, fue el título estrenado en Ávila el 28 de junio de 2024, también a beneficio de AFERD, lo cual supuso toda una apuesta valiente a favor de la trayectoria del escritor romántico, periodista, traductor, político y diplomático nacido y venerado en su tierra natal, de quien se cumplían 200+2 años de su nacimiento. Y como no podía ser menos, la villa de Arévalo fue el lugar elegido para el reestreno de la obra el 29 de marzo de 2025, contando para ello con la colaboración de ayuntamiento arevalense.
Finalmente, y al igual que en otras ocasiones, todos los que participan en la actividad teatral lo hacen de forma desinteresada, robando tiempo a su ocio, movidos por la afición al teatro y con el propósito de que ello resulte beneficioso para otros. Con esta idea, en esta ocasión, también se ha pretendido ayudar y apoyar a las familias con miembros que tienen alguna enfermedad rara y sin diagnosticar (AFERD).
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