La obra, estreno en Castilla y León, ha llevado al público ante el último superviviente del Circo Cambuche, un antiguo circo del siglo pasado. El personaje regresa cada domingo a la vieja carpa familiar, ahora abandonada, donde los recuerdos le llevan a revivir la historia de su familia de funambulistas.
En ese escenario, Henriko Castro ha jugado ante un público que inicialmente solo existía en su imaginación, pero al que luego ha hecho salir al escenario del Mercado Chico para participar en el espectáculo.
Natural de Valladolid y residente en Galicia, Henriko es un artista de circo autodidacta que al final ha deleitado con un número de funambulismo, muy aplaudido por unos espectadores que han tenido que protegerse las cabezas del sol que ha regresado el sábado a Ávila. Eso sí, antes de transitar por la cuerda floja, andando y con una rueda, ha gritado “¡tengo miedo!”, pero luego ha dado un trago al botijo que le esperaba al otro lado.
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