Del Viernes, 14 de Agosto de 2026 al Domingo, 23 de Agosto de 2026
La llegada repentina de la oscuridad y el descenso de la temperatura durante el eclipse total de sol del 12 de agosto modificaron durante unos minutos la actividad de distintas especies.
Un estudio realizado con grabaciones de fauna en Arévalo por parte del ornitólogo Javier García para SonoNatura, detectó cambios en los cantos y movimientos de aves, ortópteros y murciélagos, aunque el efecto fue limitado por la corta duración de la totalidad.
La falsa noche provocada por el eclipse adelantó algunos comportamientos propios del atardecer y de las primeras horas nocturnas. Mientras varias aves se dirigieron hacia sus refugios y dormideros, especies de actividad nocturna comenzaron a dejarse ver o escuchar antes de su horario habitual.
Así lo recoge la observación realizada durante el eclipse con una grabadora instalada en una zona con una gran masa de pino piñonero próxima a un bosque de ribera. El registro permitió comparar la evolución del paisaje sonoro con las distintas fases del fenómeno astronómico.
En el punto de observación, el eclipse parcial comenzó a las 19,35,48 horas. La totalidad se inició a las 20,30,30, alcanzó su máximo a las 20,30,58 y terminó a las 20,31,27. La oscuridad más intensa duró, por tanto, menos de un minuto en ese lugar.
Las aves buscan refugio
Uno de los cambios más visibles se produjo entre las aves. Antes de que la oscuridad fuera evidente, el observador contabilizó alrededor de un centenar de aviones comunes (Delichon urbicum) posados en cables eléctricos, un comportamiento habitual al atardecer. Cuando descendieron la luminosidad y la temperatura, desaparecieron del lugar.
También se observó un rápido movimiento de palomas y otras aves urbanas desde el campo hacia la zona urbana. Según el análisis de la grabación, las palomas torcaces (Columba palumbus) comenzaron a acudir a sus dormideros alrededor de las 20,26 horas, unos cuatro minutos antes del máximo del eclipse. Algunas continuaron cantando durante todo el fenómeno, pese a que disminuyó su actividad vocal.
Los ortópteros reaccionaron todavía más cerca de la totalidad. Aproximadamente a las 20,29 horas, unos dos minutos antes del punto máximo, comenzaron su actividad. Su estridulación alcanzó uno de sus momentos de mayor intensidad, coincidiendo con la actividad del petirrojo europeo (Erithacus rubecula), que emitió repetidamente su característico reclamo.
El estudio subraya que la vuelta de la claridad produjo el efecto contrario. El canto de los grillos cayó de forma inmediata y los murciélagos que habían comenzado a volar regresaron progresivamente a las grietas y oquedades de las que habían salido pocos minutos antes.
Chotacabras
La grabación permitió identificar con especial precisión la respuesta del chotacabras europeo (Caprimulgus europaeus). En torno a las 20,30 horas, ya con una notable penumbra y descenso de la temperatura, comenzó a emitir su reclamo.
15 segundos después inició su canto continuado, caracterizado por un ronroneo, y mantuvo su actividad vocal exactamente durante un minuto y seis segundos. Posteriormente se registraron algunos reclamos aislados hacia las 20,34 horas, unos tres minutos y medio después del comienzo de su actividad.
También se observaron murciélagos durante la falsa noche, entre ellos ejemplares identificados como murciélago enano (Pipistrellus pipistrellus) y murciélago grande de herradura (Rhinolophus ferrumequinum). La respuesta no fue igual en todas las especies. El mirlo (Turdus merula), por ejemplo, apenas apareció en el registro, con algún reclamo aislado y sin la actividad característica que suele presentar al atardecer.
Menos actividad vocal de algunas aves
El análisis señala además una menor actividad vocal en los momentos próximos al eclipse respecto a otros días en especies como el chochín (Troglodytes troglodytes), el agateador común (Certhia brachydactyla) y el trepador azul (Sitta europaea).
No obstante, la propia observación advierte de que el eclipse se produjo en una época del año con menor actividad canora de las aves, una circunstancia que limita la magnitud de los cambios que podían detectarse.
La hora a la que ocurrió el fenómeno también resulta relevante. El Sol se encontraba ya bajo y el eclipse coincidió con un momento próximo al atardecer, cuando la actividad de numerosas especies diurnas estaba descendiendo de manera natural. Por ello, la principal conclusión de la observación es que el eclipse sí provocó modificaciones perceptibles en el comportamiento y en el paisaje sonoro, pero fueron breves. La reducida duración de la oscuridad generó fundamentalmente una alteración momentánea de las rutinas de la fauna antes de que la recuperación de la luz devolviera progresivamente la actividad a sus patrones habituales.




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