El sospechoso, un ciudadano español de 65 años que disponía de una segunda residencia en La Adrada, fue hallado muerto el 15 de julio en la garganta de Santa María, menos de 24 horas después de que se produjera el homicidio. Los investigadores consideran que ambas muertes están directamente relacionadas y atribuyen el asesinato a los celos del hombre, convencido de que su esposa mantenía una relación sentimental con la víctima.
El Grupo V de Homicidios de la Policía Nacional consiguió identificar al presunto agresor durante las primeras 24 horas de la investigación. Cuando los agentes se desplazaron hasta La Adrada con el propósito de localizarlo y detenerlo, comprobaron que había fallecido. Su muerte impidió que pudiera ser interrogado y que la imputación policial llegara a ser examinada en un procedimiento judicial.
Regreso tras el crimen
El asesinato se produjo durante la mañana del martes 14 en una urbanización de Las Tablas, situada en el distrito madrileño de Fuencarral-El Pardo. De acuerdo con la reconstrucción policial, el sospechoso entró sobre las 10 horas en la vivienda donde el asesinado residía de alquiler.
La Policía sostiene que la víctima abrió la puerta a un hombre al que conocía. En el interior se produjo un enfrentamiento que terminó en la cocina, donde el agredido recibió al menos 13 puñaladas. Los servicios sanitarios trataron de revertir durante unos 45 minutos la parada cardiorrespiratoria que sufría, pero no pudieron salvarle la vida.
En el inmueble quedaron el cuchillo empleado en el ataque y restos de gas pimienta, sustancia que habría sido utilizada por el agresor para reducir la capacidad de defensa de la víctima. La ausencia de signos de robo y las características del ataque llevaron desde el principio a los investigadores a trabajar con la hipótesis de que el homicida había acudido expresamente a buscar al asesinado.
Tras el crimen, el sospechoso abandonó la urbanización en un automóvil rojo y emprendió el viaje hacia la provincia de Ávila. Las cámaras de seguridad del edificio, las imágenes captadas en las carreteras y el testimonio del portero de la finca permitieron reconstruir parte de su recorrido e identificar el vehículo.
El hombre llegó posteriormente a La Adrada, donde se encontraba su esposa y donde el matrimonio disponía de una segunda vivienda. Al parecer, el hombre no dijo a la mujer nada de lo ocurrido y, durante la mañana siguiente, fue hallado muerto en el entorno de la garganta de Santa María.
Celos, hipótesis del móvil
La investigación sitúa el origen del crimen en la convicción del presunto homicida de que su esposa mantenía una relación con Facundo Rico. La mujer y la víctima se conocían porque acudían al mismo gimnasio, ubicado cerca de la urbanización de Las Tablas en la que vivía el ingeniero.
El matrimonio se encontraba en proceso de separación, una circunstancia que, según las fuentes de la investigación citadas por distintos medios, habría intensificado la obsesión del sospechoso por una posible infidelidad. La existencia de esa relación sentimental no ha quedado acreditada públicamente, por lo que la investigación policial se refiere a la creencia que mantenía el presunto agresor y no a un hecho probado.
Los investigadores consideran que el hombre averiguó dónde residía la víctima y acudió hasta su domicilio provisto de un cuchillo y de un aerosol de gas pimienta. La preparación previa, el material utilizado y la violencia del ataque sustentan la hipótesis de una acción deliberada, aunque la muerte del sospechoso impedirá determinar judicialmente su grado de planificación y responsabilidad penal.
Cámaras y testigos
Los testimonios recabados en la urbanización resultaron decisivos para reconstruir los momentos posteriores al ataque. Una vecina escuchó gritos y alertó al portero, que se cruzó en el portal con un hombre corpulento que abandonaba apresuradamente el edificio. Poco después, los residentes detectaron un fuerte olor químico procedente de la vivienda y avisaron a los servicios de emergencia.
Las grabaciones mostraron al sospechoso saliendo del inmueble con una gorra y gafas de sol y subiendo al vehículo rojo estacionado en las inmediaciones. A estos indicios se sumaron los vestigios recogidos en la escena del crimen y la información aportada por el entorno de la víctima, que orientó las pesquisas hacia el posible móvil sentimental.
La sucesión de pruebas permitió al Grupo V de Homicidios identificar al hombre antes de que transcurriera un día desde el asesinato. Sin embargo, los agentes no pudieron detenerlo ni tomarle declaración debido a su fallecimiento en La Adrada.
No habrá juicio
La investigación policial atribuye al fallecido la autoría material del asesinato y no ha informado de la participación de otras personas. No obstante, esa conclusión no podrá traducirse en una sentencia, ya que la responsabilidad penal se extingue con la muerte del investigado.
La causa judicial deberá cerrarse respecto al principal sospechoso, aunque podrán completarse las diligencias pendientes, los análisis forenses y los informes policiales necesarios para establecer con la mayor precisión posible la secuencia de los hechos.
El resultado de esas actuaciones deberá aclarar definitivamente la cronología comprendida entre la salida del sospechoso de Madrid, su llegada a La Adrada y su muerte en la garganta de Santa María, así como confirmar todos los indicios materiales que han llevado a la Policía Nacional a considerar esclarecido el crimen de Las Tablas.
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