Las últimas horas de las casetas de las peñas de las Fiestas de Verano en el recinto ferial han sido una celebración que trascendió el programa festivo, y todo gracias a un encuentro que mantuvo al público pendiente de cada acción durante más de dos horas y que terminó con la segunda estrella mundialista de la Roja.
La expectación fue creciendo en los minutos previos al partido y convirtió el recinto ferial en un espacio compartido por aficionados de distintas edades. Camisetas de la selección y los colores de las peñas se mezclaron ante la pantalla instalada para la ocasión, mientras las conversaciones y los pronósticos iniciales fueron dejando paso al silencio propio de una final cerrada, con pocas concesiones y un marcador que permaneció inmóvil durante los 90 minutos reglamentarios.
Y entre medias, gritos de “¡yo soy español, español’’ o “argentino el que no bote”. La victoria de España no llegó hasta el minuto 106, ya en la primera parte de la prórroga. Ferran Torres culminó una acción iniciada con un centro de Pedro Porro y prolongada por Nico Williams en el segundo palo. El delantero apareció en el área para superar a Emiliano Martínez y marcar el único gol de una final en la que la Roja había acumulado la mayor parte de las ocasiones.
El tanto rompió la contención que había dominado el recinto ferial. La tensión acumulada durante el encuentro se transformó en una explosión colectiva de saltos, abrazos y celebraciones. España estaba por delante, pero todavía quedaban minutos de resistencia ante una Argentina obligada a buscar el empate con un jugador menos.
Nerviosismo
El desarrollo del encuentro condicionó el ambiente vivido en Ávila. España asumió la iniciativa desde el comienzo, controló la posesión y trató de instalarse en campo argentino, pero se encontró con un rival ordenado, dispuesto a reducir los espacios y a interrumpir la continuidad del juego.
Las primeras llegadas de la selección española elevaron el volumen junto a la pantalla. Lamine Yamal y Mikel Oyarzabal dispusieron de ocasiones para abrir el marcador durante la primera mitad, pero Emiliano Martínez respondió con intervenciones que mantuvieron el empate. Argentina, además, tuvo que sustituir por lesión muscular a Lisandro Martínez, reemplazado por Nicolás Otamendi. El descanso llegó con 0-0 pese al mayor dominio español.
Cada aproximación española era acompañada por un murmullo creciente que se convertía en lamento, “¡uyyyy!”, cuando el balón no encontraba la portería. Al otro lado, cualquier intento argentino generaba inquietud entre los asistentes, especialmente cuando Lionel Messi entraba en contacto con el balón. La vigilancia sobre el delantero argentino fue constante, tanto sobre el césped como frente a la pantalla.
La igualdad en el marcador prolongó los nervios durante una segunda parte en la que España siguió buscando el gol sin conseguir superar a Martínez. La defensa argentina resistió el empuje y trasladó la decisión del título a la prórroga, un desenlace que obligó a prolongar la espera en una noche en la que se despedían las casetas de las peñas, muchas de ellas con una pantalla para seguir el partido.
La final cambió poco antes de concluir el tiempo reglamentario. Enzo Fernández fue expulsado tras recibir la segunda tarjeta amarilla, por lo que Argentina tuvo que afrontar la prórroga con diez futbolistas. La inferioridad numérica aumentó el dominio territorial de España y acentuó la sensación de que el gol podía llegar en cualquier momento.
La resistencia argentina se sostuvo gracias a Emiliano Martínez, que evitó durante buena parte del encuentro que la superioridad española se trasladase al marcador. España terminó la final con 20 remates, frente a solo dos de Argentina, ambos registrados en los últimos minutos de la prórroga, cuando la vigente campeona tuvo que abandonar su planteamiento conservador para buscar el empate.
Desenlace
l desenlace llegó en el minuto 106. Pedro Porro envió el balón hacia el segundo palo, Nico Williams logró mantener viva la jugada y Ferran Torres apareció para rematar y batir al guardameta argentino. El 1-0 liberó a los seguidores, que habían contenido la respiración durante un partido dominado por España, pero abierto mientras permaneciera el empate.
Los últimos minutos devolvieron la incertidumbre. Argentina adelantó sus líneas y trató de generar peligro, aunque su primera tentativa no llegó hasta el minuto 115, cuando un disparo de Messi fue bloqueado por Mikel Merino. Los españoles resistieron el tramo final hasta confirmar una victoria que la devolvía a la cima del fútbol mundial.
El pitido final desató la celebración en el recinto ferial. Los nervios que habían acompañado el partido dieron paso a los abrazos, los cánticos y las banderas al aire. La imagen de los jugadores españoles festejando sobre el césped tuvo su réplica en que comenzó la marcha hacia la plaza del Descubrimiento mientras que Rodri, capitán de España y elegido mejor jugador del torneo, levantó el trofeo que certificaba el segundo campeonato mundial de la selección.
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