En un discurso sobre la realidad migratoria, ha sido la sexta ocasión en la que el pontífice ha evocado a figuras de santidad vinculadas a Ávila durante este viaje. L alusión ha tenido lugar en el epicentro de la denominada ruta canaria, sobre el muelle que sirve de punto de llegada para miles de personas que han arriesgado su vida en el mar.
Ante cooperantes, autoridades, equipos de salvamento y miembros de la comunidad eclesial de acogida, el papa ha pronunciado una intervención de contenido pastoral y humano, en la que ha denunciado la “globalización de la indiferencia” y ha convertido el puerto grancanario en un espacio de recuerdo para las víctimas del mar y de reivindicación de la dignidad de quienes migran.
Tras saludar a varios migrantes y escuchar sus testimonios de dolor y esperanza, el papa ha elevado el tono de su reflexión teológica y moral para recordar que el compromiso con quienes sufren no es opcional. En ese contexto, ha recurrido a una de las máximas más conocidas de San Juan de la Cruz al afirmar: “Que el Dios que 'en el ocaso de la vida nos juzgará sobre el amor’ (cf. S. Juan de la Cruz, Avisos y sentencias, 57) nos conceda reconocerlo hoy en los pobres y en los extranjeros, y nos libre de mirar el dolor ajeno como si no nos perteneciera”.
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