La llegada a ser diácono, antesala de la ordenación sacerdotal, va aparejada del destino a una parroquia, aún no designada. Su vocación está ligada a la vida parroquial de su localidad natal. Desde joven participó activamente en la parroquia de Las Navas del Marqués, donde formó parte del coro y desempeñó tareas de catequista. Sin embargo, la posibilidad de convertirse en sacerdote no figuraba inicialmente entre sus proyectos personales.
“No lo veía yo mucho. Al principio no quería aceptarlo: sentía que el Señor me llamaba, pero no quería aceptarlo”, explica el futuro diácono al recordar los primeros momentos de discernimiento. Según relata, el temor a abandonar el proyecto de vida que había imaginado para sí mismo y la preocupación por la opinión de los demás marcaron una etapa de dudas que fue transformándose gradualmente en una convicción más firme.
Un papel decisivo lo desempeñó su párroco, Juan Manuel Manjón, sacerdote en Las Navas del Marqués, quien le animó a iniciar un camino de discernimiento vocacional acompañado también por el padre Raúl en el seminario. “Cuando decides entregarte, el Señor sostiene y da mucha paz. Es como un momento de alivio muy grande”, recuerda Peña sobre el instante en el que aceptó plenamente su vocación.
Universidad
Antes de ingresar en el seminario, Ismael Peña estudió Matemáticas en la universidad, una circunstancia que comparte con el actual pontífice, León XIV. “Me fui por la tangente”, comenta con humor al referirse a aquellos años. No obstante, fue precisamente durante esa etapa universitaria y en los años posteriores cuando la llamada vocacional se hizo cada vez más intensa.
Hace siete años inició el curso propedéutico, la fase previa a la formación sacerdotal, para posteriormente cursar el Bachiller en Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca. Recientemente completó la fase de síntesis vocacional y pastoral en la parroquia de El Tiemblo, culminando así una etapa formativa que ahora desemboca en la recepción del diaconado.
La ordenación diaconal supone asumir oficialmente funciones de servicio dentro de la Iglesia, entre ellas la proclamación del Evangelio, la predicación, la administración de determinados sacramentos y la atención pastoral a los fieles. “Sientes la desproporción entre lo que tú eres y lo que el Señor te pide, pero lo vivo también como una aventura: poder estar en una comunidad sirviendo ya como diácono, haciendo lo que el Señor te pida… la verdad es que es apasionante”, señala.
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