Ante los reyes de España, representantes de las principales instituciones del Estado y miembros del cuerpo diplomático acreditado en Madrid, el pontífice dedicó uno de los pasajes más extensos y significativos de su intervención a los dos reformadores carmelitas del siglo XVI, nacidos en la provincia de Ávila y considerados figuras fundamentales de la espiritualidad cristiana universal.
En la primera visita de un papa a España en 15 años, León XIV, primer pontífice perteneciente a la Orden de San Agustín, articuló parte de su mensaje a partir de cuatro grandes figuras de la espiritualidad española: el apóstol Santiago, Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz y San Ignacio de Loyola.
Dentro de esa reflexión, destacó la aportación de los dos místicos vinculados a Ávila, a quienes presentó como maestros capaces de ayudar a interpretar las transformaciones del mundo contemporáneo. “A este respecto, quisiera referirme a dos figuras de este país que, desde hace cinco siglos, nutren la vida de la Iglesia y la búsqueda espiritual de muchos, incluso más allá de sus fronteras visibles. Se trata de Juan de la Cruz y Teresa de Ávila, que se hicieron amigos en la pasión por el Misterio divino”, afirmó.
El papa definió la experiencia espiritual de ambos como una “mística con los ojos abiertos”, subrayando que no se trata de una propuesta alejada de la realidad, sino de una vía para comprenderla en profundidad. “La suya es una mística con los ojos abiertos, es decir, no ajena a la historia, sino que, por el contrario, lleva a la raíz de las cuestiones, al corazón de la realidad”, resaltó.
Noche oscura
Uno de los ejes de la intervención pontificia fue la reflexión sobre la “noche”, uno de los conceptos de la obra de San Juan de la Cruz. Así, recordó expresamente que la Iglesia celebra actualmente el año jubilar dedicado al santo nacido en Fontiveros y utilizó su pensamiento para reflexionar sobre los desafíos contemporáneos.
“En particular, al interpretar las transformaciones y soportar las tensiones que hacen tan oscura nuestra época, nos ayuda el tema de la noche, tan querido por san Juan de la Cruz, cuyo año jubilar estamos celebrando”, manifestó.
El pontífice explicó que la experiencia de la “noche oscura” no representa únicamente una vivencia espiritual individual, sino una clave para afrontar la incertidumbre colectiva de nuestro tiempo. “También hoy lo que más nos asusta, lo que en muchos provoca la oscuridad de la razón y la violencia de las emociones, es lo desconocido, ante lo cual puede prevalecer la sensación de no tener ya mapas, la desorientación”, señaló.
En este contexto, defendió la necesidad de personas capaces de descubrir horizontes de esperanza incluso en situaciones de crisis. “Por eso se necesitan, también en la vida pública, hombres y mujeres que intuyan, en la oscuridad, la luz; en el fin, un posible comienzo”, afirmó antes de citar uno de los pasajes más conocidos de la Noche oscura: “¡Oh noche que guiaste! ¡Oh noche amable más que la alborada! ¡Oh noche que juntaste Amado con amada, amada en el Amado transformada!”.
Castillo interior
Tras referirse a San Juan de la Cruz, León XIV dirigió su atención a Santa Teresa de Jesús y a una de sus obras fundamentales, ‘El castillo interior’. El papa recuperó la conocida imagen teresiana del recorrido por las distintas moradas del alma para reflexionar sobre la necesidad de cultivar la interioridad en un mundo marcado por las tensiones y los enfrentamientos.
“Santa Teresa -añadió- describe este mismo itinerario con la imagen del castillo interior. Avanzando de habitación en habitación hacia el lugar más íntimo —es decir, cada uno hacia su propio corazón, santuario de la verdad—, el espacio se amplía, la mente se abre, las contradicciones se resuelven, las tensiones se disuelven, los demás encuentran su lugar, el universo se convierte en hogar”.
Lejos de interpretar esta propuesta como una retirada de la vida pública, León XIV insistió en que la experiencia interior descrita por la santa abulense conduce a una apertura hacia los demás y hacia la realidad. El pontífice vinculó además esta reflexión con la defensa de la libertad religiosa y de conciencia, que consideró una consecuencia directa de la dignidad de la persona y de su dimensión espiritual.
Respaldo internacional
La referencia al año jubilar de San Juan de la Cruz constituye uno de los aspectos más relevantes y “cobran un significado especial” para la Diócesis de Ávila, que custodia el legado vivo de ambos santos. Santa Teresa nació en Ávila en 1515 y allí fundó el primer convento de la reforma carmelitana, San José, en 1562. San Juan de la Cruz nació en Fontiveros (Ávila) en 1542, y fue en Ávila donde Teresa y Juan se conocieron y comenzaron su colaboración reformadora.
La cita pontificia llega, además, en el marco del Año Jubilar de San Juan de la Cruz, que la diócesis celebra. “Que el primer papa de la historia en visitar España en 15 años haya recordado expresamente esta efeméride en su discurso de apertura constituye un reconocimiento de alcance mundial”, según se ha resaltado desde el Obispado.
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