Día Sábado, 09 de Mayo de 2026
Cómo las ondas gravitacionales han abierto una nueva forma de estudiar el universo más allá de la observación tradicional basada en la luz ha sido la reflexión con la que José Edelstein, físico teórico y divulgador, ha abierto el curso de astronomía ‘Ávila siente las estrellas’.
Con la conferencia ‘El murmullo del cosmos’, el profesor de física teórica en la Universidad de Santiago de Compostela e investigador en el Instituto Gallego de Física de Altas Energías, ha explicado cómo la astronomía ha incorporado en la última década una herramienta completamente distinta para obtener información del cosmos.
“Cuando uno observa el universo y miramos al cielo, estamos acostumbrados a verlo con telescopios u otros instrumentos como radiotelescopios; sin embargo, desde hace poco más de diez años hemos incorporado un nuevo sentido, por así decirlo, en la manera de cómo recibimos información del universo”, ha explicado.
El investigador ha contextualizado este avance a partir de la teoría formulada por Albert Einstein hace más de un siglo sobre la naturaleza de la gravedad y la estructura del espacio-tiempo. Según ha apuntado, la gravedad puede entenderse como “una especie de tejido invisible” donde se encuentran estrellas, galaxias y planetas, capaz de vibrar cuando grandes masas se desplazan.
“Estas vibraciones se propagan a la velocidad de la luz, llegan a la Tierra y podemos descubrirlas”, comparando el funcionamiento de estos sistemas con el oído humano: “De alguna manera traducimos esas vibraciones en unos espejos y, como el tímpano, cuando vibra, es lo que nos da el sonido que se parece un poco a la idea del sonido”.
Ondas gravitacionales
A partir de esa analogía, se ha centrado en las ondas gravitacionales, señales procedentes del cosmos que permiten detectar fenómenos invisibles para los telescopios convencionales. “Estas señales que recibimos del cosmos son complementarias de las ondas electromagnéticas, la luz que recibimos”, porque “objetos que no emiten luz, como los agujeros negros, sí que emiten ondas gravitatorias”, ha afirmado.
El físico ha incidido en que la gran relevancia de esta nueva disciplina radica en la posibilidad de combinar dos formas distintas de obtener información astronómica: la observación mediante luz y la detección de ondas gravitacionales.
“Los murmullos nos aportan muchos datos” y “son, de hecho, lo que podemos, entre comillas, escuchar”. Así, las situaciones más relevantes son aquellas en las que ambas formas de observación coinciden: “Podemos observar y ver, hacer las dos cosas. Y ahí la cosa se pone mucho más interesante porque podemos comparar lo que nos dicen los dos sentidos y complementarlos”.
Edelstein ha situado este avance dentro de la larga evolución histórica de la astronomía moderna iniciada con las primeras observaciones telescópicas de Galileo Galilei hace más de cuatro siglos. “Acabamos de inaugurar un nuevo sentido”, ha resumido. En este contexto, ha apuntado que el desarrollo futuro de esta tecnología permitirá ampliar de forma considerable el conocimiento científico sobre el universo.
Muchas maravillas
“Me atrevo a conjeturar que dentro de 20 años será mucho más fácil” hablar de ello “porque habrá una enorme acumulación de observaciones o, mejor dicho, de escuchas de este murmullo del cosmos que nos habrán permitido entender muchas maravillas que de otro modo no podíamos entender”, ha manifestado.
Edelstein ha explicado cómo la comunidad científica ha logrado detectar estas señales extremadamente débiles procedentes del espacio profundo, y ha descrito el hallazgo como uno de los ejemplos más notables de ingenio científico contemporáneo. “Para captar ese ‘murmullo del cosmos' resulta necesario un sistema de observación de dimensiones astronómicas, un instrumento de más o menos del tamaño de la galaxia”, ha indicado. Ese instrumento no ha sido construido físicamente por el ser humano, sino que aprovecha determinados objetos celestes ya existentes; “más que construirlo, es apreciar que está”.
El investigador ha atribuido este avance al trabajo desarrollado por equipos experimentales internacionales capaces de utilizar determinadas estrellas como herramientas de detección cósmica. “Somos capaces de aprovecharnos de un cierto tipo de estrellas muy particulares y una red de estrellas que hay en el cielo. Están ahí, nosotros no las pusimos, están ahí, y sin embargo las podemos usar en nuestro beneficio”, ha detallado.
Esa red de estrellas permite detectar las “notas de contrabajos” del universo, una metáfora utilizada por Edelstein para describir las ondas gravitacionales de baja frecuencia. Esos sonidos de contrabajos que “hemos descubierto, o que estamos descubriendo, porque todavía no estamos 100%”, ha afirmado el investigador en su conferencia del curso de la Diputación de Ávila y el Grupo de Observadores Astronómicos de Ávila (GOAA).





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