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Lo primero que llama la atención es un dato que no tiene equivalente en el resto de Europa: los españoles envían una media de 105 mensajes por usuario activo en plataformas de sugar dating. Los portugueses envían 67. Los italianos, 53. Los franceses, 44. Los holandeses, 17. España no solo participa en esto — lidera la conversación. Y por diferencia amplia.
El número viene de un estudio que publicó hace unas semanas Sugar Daddy Planet — una red social europea de sugar dating — después de analizar 255.989 perfiles y más de 400.000 mensajes en 21 países. No es una encuesta. Son datos de uso real: quién se registra, a quién escribe, cuántas veces, a qué hora. Todo anonimizado, sin lectura de mensajes privados.
Y lo que sale de ahí, para España, da bastante que pensar. No para escandalizarse, sino para entender un fenómeno que lleva años creciendo en silencio y del que todo el mundo ha oído hablar pero nadie parece conocer a nadie que lo haga.
Cada mes, 9.900 personas en España buscan "sugar daddy" en Google. El dato es de SEMrush, la herramienta que mide volúmenes de búsqueda, y sitúa a España en novena posición europea. No estamos en el top 5. Pero casi diez mil búsquedas mensuales en un país donde el tema sigue provocando muecas dice bastante sobre la distancia entre lo que se busca en privado y lo que se comenta en público.
Para que nos hagamos una idea: Turquía lidera Europa con 49.500 búsquedas. Alemania, Reino Unido y Polonia andan por las 27.100. Francia, 22.200. Italia, 14.800. España está por detrás en búsquedas, sí. Pero luego, cuando se registran, los españoles resultan ser los que más hablan. Como si la demanda fuera menor pero la implicación, una vez dentro, mucho mayor.
Según datos del sector recogidos por diversos medios, España acumula más de 400.000 usuarios registrados en plataformas de sugar dating. Es una cifra que cuesta ignorar.
Y no se trata de un fenómeno exclusivamente madrileño. Madrid y Barcelona lideran en números absolutos, como es lógico, pero el estudio señala algo que se repite en todos los países analizados: las ciudades medianas y las provincias que nadie asociaría con esto también participan. En Italia, por ejemplo, ciudades como Parma o Padova presentan los equilibrios más llamativos de todo el continente. En España no tenemos datos con ese nivel de detalle por provincia, pero las 9.900 búsquedas mensuales en Google no salen todas de la M-30. Salen de todas partes. De capitales de provincia con 50.000 habitantes. De pueblos con wifi y un teléfono móvil. El fenómeno no se queda en la Gran Vía. Se filtra, en silencio, hasta lugares que no salen en los titulares.
El estudio permite reconstruir el perfil tipo a nivel europeo, que encaja con lo que se observa en España.
Los sugar daddies tienen una media de 42,2 años en España — ligeramente por debajo de la media europea de 42,6 y muy por debajo de los italianos, que son los más mayores del continente con 46,5. No son ancianos. Son hombres en los cuarenta, muchos divorciados, muchos con negocios propios o carreras consolidadas, muchos viviendo solos.
Las sugar babies promedian entre 25 y 28 años. El dato del estudio habla de una media de 28,6 años para el conjunto del continente, con un perfil dominante en la franja 25-34 (el 52% de todas las sugar babies). En España, según encuestas del sector, el 90% de los jóvenes de 18 a 30 años ya conoce el término "sugar daddy", y una de cada cinco mujeres jóvenes ha considerado la posibilidad de tener uno.
No son cifras marginales. Es un fenómeno que ha entrado en el vocabulario y en la consideración de buena parte de una generación. Y las motivaciones son más variadas de lo que el cliché sugiere. No todas buscan dinero. Muchas llegan por curiosidad — han oído hablar del tema, les intriga, quieren ver qué hay. Otras porque les atraen los hombres maduros y están cansadas de que eso se considere raro. Otras buscan experiencias que su día a día no les ofrece: viajes, cenas, acceso a un mundo que con un sueldo de mileurista es difícil de rozar. Y otras sí, valoran la ayuda económica, pero sin drama y sin que eso las convierta en víctimas de nada. Son adultas que toman decisiones adultas. Que a algunos les resulte incómodo no cambia ese hecho.
El dato de los 105 mensajes por usuario activo merece que nos detengamos un momento, porque es genuinamente excepcional.
España más que duplica a Francia. Triplica a Polonia. Sextuplica a Países Bajos. ¿Por qué? El estudio no da una explicación, pero tampoco hace falta ser antropólogo para intuir algunas razones. Los españoles somos, por cultura, personas que necesitamos hablar antes de actuar. Charlar. Tantear. Conocer. No nos basta con mirar un perfil y tomar una decisión fría. Necesitamos conversación. Y en una plataforma de sugar dating, eso se traduce en muchos, muchos mensajes antes de que pase nada.
También hay otro factor que puede estar influyendo: España tiene un ratio de 4,4 sugar babies por cada sugar daddy. Está por encima de la media europea (4,2:1) pero lejos de los mercados más saturados como Países Bajos (8,8:1). El mercado español no es perfecto, pero tampoco es un desierto. Hay suficiente actividad de ambos lados como para que las conversaciones fluyan. Y los españoles, cuando la conversación fluye, no paramos.
Hay un dato adicional que conecta con esto: a nivel europeo, las sugar babies inician el 45% de las conversaciones. No son figuras pasivas esperando mensajes. Buscan, escriben, eligen. En un país como España, donde la cultura de la seducción siempre ha sido cosa de dos, ese dato suena bastante natural.
El informe muestra que Madrid concentra el 21% de los usuarios españoles de la plataforma analizada. Es un nivel de centralización alto, aunque inferior al de países como Italia, donde Milán y Roma se reparten el protagonismo.
En la práctica, esto significa que fuera de Madrid las opciones se reducen. Barcelona tiene peso propio. Valencia y Sevilla aparecen en el mapa. Pero la mayor parte del sugar dating español orbita alrededor de la capital. Es el mismo patrón que vemos en empleo, en cultura, en oportunidades: todo pasa en Madrid. O eso parece.
Porque luego están las búsquedas. Y las búsquedas cuentan otra historia. Las 9.900 consultas mensuales de "sugar daddy" en Google no llevan código postal. No sabemos cuántas salen de Madrid y cuántas de Soria, de Ávila o de Teruel. Pero sabemos que salen de todo el país. De cualquier teléfono, a cualquier hora, en cualquier ciudad. También en las que no tienen metro, ni terraza de moda, ni rascacielos. También en las pequeñas. Puede que especialmente en las pequeñas, donde la curiosidad se vive en privado porque en la calle todo el mundo se conoce.
No todo son cifras curiosas. El informe incluye datos sobre seguridad que conviene no pasar por alto. De los 179 reportes analizados a nivel europeo, el fraude concentra el 45,3% — la amenaza principal. Un 24% corresponde a denuncias por servicios de escort. Y un 5,6% — diez reportes — implican posibles menores de edad. Los autores lo califican de alerta prioritaria.
Son cifras de una sola plataforma y no se pueden extrapolar al conjunto del sector. Pero ponen nombre a riesgos que cualquier persona que se adentre en este mundo debería conocer. El sugar dating no es un paraíso. Tiene las mismas sombras que cualquier espacio digital donde personas desconocidas se buscan, y algunas propias. El fraude existe. Los perfiles falsos existen. Y la posibilidad de que alguien mienta sobre su edad — en cualquier dirección — es real. No está de más recordarlo, especialmente en un fenómeno que tiende a venderse envuelto en purpurina.
Hace unos años, hablar de sugar dating en un periódico español era sinónimo de morbo, escándalo o pieza sensacionalista de fin de semana. El tema se despachaba con cuatro testimonios anónimos y un titular con signos de exclamación. Ahora hay datos. Hay 255.989 perfiles analizados. Hay un estudio que cubre 21 países. Y hay cifras españolas que dicen que somos los que más hablamos en estas plataformas, que Madrid no es el único sitio donde pasan cosas, y que el fenómeno ha calado en la sociedad bastante más de lo que la conversación pública refleja.
No se trata de aplaudir ni de condenar. Se trata de saber qué pasa. Porque si casi diez mil personas en España buscan esto cada mes, si más de 400.000 se han registrado alguna vez, y si nuestros usuarios son los que más mensajes envían de toda Europa, entonces estamos ante algo que ya no se puede despachar con un gesto de desaprobación y un cambio de tema en la sobremesa.
Es un fenómeno real. En un país real. Con personas reales que viven en ciudades reales — grandes, medianas y pequeñas. Y ahora, por primera vez, con números reales que permiten hablar de ello sin tener que inventarse nada.
Fuentes:
- Anatomy of Sugar Dating in Europe — Estudio completo (PDF), Sugar Daddy Planet, abril 2026, financiado por Polaris Nexus
- Sugar Daddy España — Resumen del estudio para España
- Castellón Diario — "Del Tinder al sugar dating: así han cambiado las apps"
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