Del Lunes, 13 de Abril de 2026 al Viernes, 17 de Abril de 2026
Una agresión sexual contra una joven en las fiestas del barrio de San Antonio hace dos años ha protagonizado el juicio en la Audiencia Provincial de Ávila, donde el fiscal pide nueve años para un hombre al que la víctima no conocía y que, presuntamente, agredió a la mujer cuando se disponía a orinar.
El hombre, de unos 30 años, está acusado por unos hechos ocurridos en la madrugada del 14 de junio de 2024 en el parque de San Antonio. Según ha relatado la víctima durante la vista oral, una joven también de unos 30 años, se encontraba sentada en un banco tras haber dejado temporalmente su teléfono móvil a una amiga y no localizarla. Fue entonces cuando conoció al acusado y a su amigo, a quienes pidió ayuda para contactar con su amiga. La joven, bajo los efectos del alcohol, manifestó que necesitaba orinar, y ambos hombres se ofrecieron a acompañarla y ayudarla.
Mientras el amigo del procesado sujetaba las pertenencias de la víctima, el acusado le ayudó a apartar el body que llevaba para que pudiera orinar, acción que, tanto víctima como acusado, fue consentida.
Sin embargo, la víctima ha relatado que en ese momento el investigado le introdujo los dedos en la vagina de manera sorpresiva durante un espacio de tiempo que no ha sabido precisar, pero que ha estimado en unos 40 segundos, sin previo aviso y sin ningún tipo de consentimiento previo. Algo que la dejó sin poder reaccionar y callada porque creyó que, en un principio, el investigado la estaba ayudando “genuinamente”.
A preguntas de la defensa sobre por qué ella consintió que la acompañaran a quitarse la ropa y el body para orinar, la víctima ha reconocido que "no me pareció en ningún momento que lo hicieran con ninguna mala intención". "Al principio pensé que se ofrecieron a acompañarme porque como uno de ellos se ofreció a sujetarme las cosas, en ningún momento pensé que tenían ninguna mala intención, la verdad", ha asegurado.
Unos hechos que el acusado, que ha solicitado declarar en último lugar, ha negado, así como el amigo del denunciado, quien ha manifestado no haber podido observar aquella noche lo denunciado, puesto que él se encontraba a unos metros de distancia y sin querer observar con detalle por intimidad de la víctima, por si podía encontrarse “haciendo sus necesidades”.
Tras lo sucedido, ella volvió a vestirse y a insistir en que si podían contactar a su amiga. Después, el acusado insistió en llevar a la víctima a su casa, según ha declarado la mujer, cuestión que rechazó. “Me agarraron ambos de los brazos, estábamos subiendo y vi a mi amiga de lejos, grité su nombre, se dio la vuelta y vino hacia mí”.
Renuncia a la indemnización
En ese momento, según la joven, la amiga le recriminó a la víctima dónde había estado y los hombres insistieron en llevarlas a casa, aunque ellas lo rechazaron. Una vez los hombres se fueron, la víctima comenzó a llorar alterada, narrando a su amiga lo sucedido, quien, a su vez, se lo contó a otro de los amigos con los que habían salido esa noche. Uno de ellos fue quien avisó a una patrulla de Policía Local que en ese momento pasaba por la calle y quienes pusieron en marcha el dispositivo para interceptar a los hombres con ayuda de Policía Nacional.
Los dos agentes de Policía Local y los cuatro de la Policía Nacional han coincidido en declarar que la víctima, aunque con aparentes signos de embriaguez, se mostraba alterada, narrando un relato coherente, estructurado e insistente en que un chico había abusado de ella. Por lo que la acompañaron al hospital, donde le practicaron diversas pruebas médicas.
El Ministerio Fiscal solicita para el procesado una pena de nueve años de prisión, además de medidas de alejamiento y libertad vigilada, aunque la fiscalía ha retirado la solicitud de indemnizar a la víctima, después de que la mujer haya renunciado a ello.
Y es que, tal como ha respondido la víctima a preguntas del tribunal de la sala cuando le ha recordado que todas las víctimas de cualquier delito tienen derecho a una indemnización económica, la joven ha asegurado que su “intención no es recibir ninguna indemnización económica”. “Yo simplemente, en el momento que pasó esto, estaba muy asustada, mi amigo llamó a la policía y yo, después de dos años, ni siquiera pensé que iba a haber juicio”, ha asegurado la joven, quien ha insistido en que “hace poco recibió la noticia de que estaba en las noticias este caso”, donde “vio lo de la indemnización”. “No es mi intención recibir una indemnización, sino que se haga justicia con lo que se tenga que hacer y lo que ustedes consideren”, le ha insistido al tribunal, renunciando así a la cuantía económica que solicitaba el ministerio público de 10.000 euros.
Por su parte, la defensa ha solicitado la libre absolución del acusado al considerar que las pruebas no son suficientes para desvirtuar la presunción de inocencia del acusado, basándose en varias cuestiones. Entre ellas, la declaración de la víctima, lo que para la defensa es incompatible con la realidad médica, puesto que en la exploración médica ginecológica no se encontraron vestigios, ni edemas, ni microabrasiones de la agresión sexual.
Lo lógico para la defensa
Por otro lado, a la defensa le ha llamado “poderosamente la atención” que la víctima volviese con el acusado y su amigo una vez sucedida la supuesta agresión, “permaneciendo con ellos como si no hubiera pasado nada”. “De haberse producido una agresión de estas características, lo lógico”, ha dicho, “es que la denunciante hubiera huido o al menos hubiera pedido ayuda de algún tipo o que hubiese hecho algún tipo de exclamación cuando la introdujeron los dedos”.
Precisamente, esta reacción se debió a la situación de shock que padeció la chica durante la sucesión de hechos, tal como han explicado los propios peritos forenses durante su declaración. “Ella nos relata que tuvo un shock. El shock es una respuesta a cuando le introducen los dedos en la vagina; el shock es una respuesta automática del cerebro cuando cree que hay peligro y prepara a la persona para salir de esa situación. Hay un sistema -el de procesamiento emocional- que está basado en la zona prefrontal, situado en el encéfalo, la amígdala y el hipotálamo”.
“Le voy a poner un ejemplo—ha detallado el perito- de la vida real. Si nosotros vamos por la carretera en un coche, viene un camión, se mete en nuestro carril y nos intenta sacar de la carretera, al cerebro no le da tiempo a planificar qué vamos a hacer. Esa zona del cerebro queda anulada; el cerebro nos ofrece una respuesta rápida para salir de ese atolladero generando una serie de estrés o sintomatología que, una vez salidos de esa situación y estando ya en el arcén, expresamos la tensión que hemos recibido, la adrenalina y el cortisol que hemos percibido; lo expresa el cuerpo con la ansiedad. ¿Qué le pasó a la víctima? Pues lo mismo: tiene un shock cuando le introducen los dedos y ese sistema se pone a funcionar. Pero hay una diferencia porque aquí no hay violencia ni dolor, entonces se produce una disonancia cognitiva. Entonces el cerebro dice: “Bueno, me están agrediendo, pero no me están haciendo daño y, sin embargo, es una situación peligrosa. Por eso, ella aguanta, se va al banco, se sienta con ellos y, cuando los supuestos agresores se van, el cerebro ya identifica que no está en peligro y aparece el estado de ansiedad; ese estado es la resolución de todo lo que ella ha vivido”.
Si bien ha asegurado el perito forense que a la víctima no se le pudieron aplicar los criterios de credibilidad en el momento que la analizaron, al tener conocimientos sobre sexualidad, lo único que se constató es que cuando narró los hechos no hubo incoherencias, ni contradicciones ni aparentes motivaciones secundarias.
En los mismos términos han coincidido los seis agentes que han declarado este miércoles en la Audiencia, quienes han manifestado que, a pesar de que la víctima se encontraba ante aparentes signos de haber ingerido alcohol, podía expresarse perfectamente, su relato era coherente, aunque estaba alterada, nerviosa, llorando, pero repitiendo e insistiendo constantemente lo mismo: que la habían agredido.
Declaración válida
La defensa también ha esgrimido que dos de los tres testigos que han declarado -a excepción del amigo del acusado-, no fueron testigos presenciales de los hechos, sino que son amigos de la víctima y, por tanto, a ellos les contó la joven lo que le había sucedido después de que ocurriesen los hechos. El único que estuvo presente, según la defensa, aunque a escasos metros, siendo de noche y según ha declarado el testigo, sin poder observar la agresión, era el amigo del acusado que se encontraba con él esa noche, quien ha negado la versión de la víctima.
Así las cosas, y pidiendo la libre absolución del acusado, la defensa ha negado que su cliente haya cometido el delito por el que se le imputa, mientras el ministerio fiscal ha considerado acreditado y validado el relato de la víctima. El juicio ha quedado visto para sentencia.




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