Día Domingo, 12 de Abril de 2026
El historiador Enrique Berzal de la Rosa reconstruye medio siglo de celebración comunera en Villalar, donde analiza el origen, evolución y consolidación del 23 de abril como símbolo político, social y cultural de Castilla y León.
El ensayo, ‘Villalar. Medio siglo de celebración comunera’ (Editorial Páramo), llega cuando se cumplen 50 años de las primeras concentraciones en la campa vallisoletana, iniciadas en 1976 en plena Transición. El libro sitúa el punto de partida en el 25 de abril de 1976, cuando unas 350 personas acudieron a Villalar de los Comuneros para reclamar “la libertad, la amnistía y el Estatuto de Autonomía para Castilla y León”.
Aquella concentración, celebrada pese a las restricciones del momento, marcó el inicio de una tradición que transformó un episodio histórico, la derrota comunera de 1521, en un referente contemporáneo de participación política y reivindicación ciudadana. El propio ensayo subraya que la elección de Villalar no fue casual, sino que respondía a la necesidad de recuperar el “espíritu comunero” como símbolo de poder popular.
A lo largo de cerca de 300 páginas, la obra detalla las distintas etapas de la celebración: desde su origen popular hasta su institucionalización y posterior consolidación. El análisis se apoya en crónicas periodísticas que permiten reconstruir cómo se ha narrado Villalar durante cinco décadas.
La obra hace un recorrido marcado por la reivindicación democrática, los conflictos institucionales y una progresiva normalización que ha convertido esta cita en un espacio de encuentro, y destaca el “carácter popular, reivindicativo y cambiante de una celebración que ha sobrevivido a tensiones políticas, crisis económicas y hasta una pandemia”.
Mito comunero
El origen se sitúa en abril de 1976. Aquella convocatoria, en plena Transición, respondía a un contexto político muy concreto: la demanda de “libertad, amnistía y Estatuto de Autonomía”. No fue una elección casual. La memoria de los comuneros, derrotados en 1521, se reinterpretó como un referente de lucha contra el centralismo y en favor de los derechos colectivos. Según recoge la obra, ese mito histórico, “convenientemente revisitado y actualizado”, se convirtió en un vehículo para expresar aspiraciones democráticas y descentralizadoras.
El libro detalla cómo la figura de los comuneros (Juan de Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado) fue transformándose a lo largo de los siglos hasta consolidarse como emblema de libertad. Durante el liberalismo del siglo XIX, su memoria fue reivindicada como antecedente de la lucha contra el absolutismo, mientras que en la Transición se adaptó a las demandas autonómicas.
Esta reinterpretación permitió dotar de sentido político a la concentración de Villalar, que dejó de ser únicamente una evocación histórica para convertirse en un espacio de movilización social. “Valores como la lucha por el bien común, el combate contra la opresión o la participación política del pueblo” pasaron a ocupar el centro del discurso.
Confrontación política
La consolidación de Villalar no estuvo exenta de conflictos. Durante años, la celebración fue escenario de tensiones entre fuerzas políticas, con episodios de división institucional y disputas sobre su significado. No fue hasta 1986 cuando el 23 de abril fue reconocido oficialmente como Día de Castilla y León.
Aun así, el proceso fue irregular. La obra recuerda periodos de “divorcio de celebraciones” y retirada institucional, especialmente entre 1988 y 2000, cuando la campa quedó asociada fundamentalmente a la oposición política.
Con el paso del tiempo, Villalar ha evolucionado hacia un modelo híbrido que combina lo festivo con lo reivindicativo. Cada 23 de abril, miles de personas acuden con un doble objetivo, y así la campa se ha convertido en “un lugar de encuentro y comunidad” donde conviven distintas motivaciones: desde quienes acuden por tradición hasta quienes participan en actos políticos o reivindicaciones sociales.
El ambiente mezcla folclore, música y gastronomía con la presencia activa de partidos y sindicatos, que instalan carpas y organizan actividades. Este carácter plural ha sido clave para su continuidad durante cinco décadas, según analiza el autor, quien apunta que en los últimos años, Villalar ha tenido que afrontar nuevos desafíos: la crisis económica, la desafección política, el auge de discursos contrarios al modelo autonómico o el impacto de la pandemia. A pesar de ello, la celebración ha mantenido su capacidad de convocatoria.
El libro destaca que en 2025 alrededor de 25.000 personas acudieron a la campa, en un contexto de actos paralelos promovidos por la Junta y sin el mismo respaldo institucional que en otras etapas.
Identidad compartida
Más allá de su dimensión política, Villalar se ha consolidado como un elemento identitario. Los testimonios recogidos en la obra inciden en esa idea. Uno de ellos resume el sentimiento colectivo generado en torno a la celebración: “Villalar no es solo un pueblo de Valladolid, es memoria, dignidad y conciencia de lo que fuimos y de lo que queremos seguir siendo”.
Ese carácter simbólico explica que, medio siglo después, la cita siga vigente. La combinación de memoria histórica, reivindicación y celebración popular ha permitido que Villalar trascienda coyunturas políticas y se mantenga como uno de los principales referentes de Castilla y León. En un contexto de cambios sociales y tensiones territoriales, la campa continúa funcionando como termómetro político y espacio de encuentro, donde cada 23 de abril se reinterpreta, una vez más, el significado de Comunidad.
La obra documenta también los momentos de tensión, incluidos los intentos de “acabar con ella”, así como los periodos de mayor estabilidad en los que la cita ha logrado consolidarse como fiesta de la comunidad.
Voz de protagonistas
Uno de los elementos diferenciales del ensayo es la incorporación de 14 testimonios de personas vinculadas a la celebración, que aportan una perspectiva directa sobre la evolución de Villalar. A ello se suma una recopilación de más de 60 fotografías, como las de asistentes y actos políticos en la campa en 1978.
El autor, Enrique Berzal de la Rosa, es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Valladolid y especialista en historia social y política de los siglos XIX y XX. Su trayectoria combina investigación académica y colaboración en medios de comunicación. Entre sus trabajos anteriores destacan títulos como ‘Sotanas rebeldes’ o ‘Los comuneros. De la realidad al mito’.





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