La campaña se desarrolla durante la primavera, aprovechando que es el momento de mayor diversidad en las comunidades biológicas. Los técnicos recogerán muestras de plantas, algas e invertebrados bentónicos que habitan en el lecho fluvial. Estos organismos funcionan como una memoria natural de lo que ocurre en el río y reflejan con precisión la calidad del ecosistema.
Los resultados permitirán identificar problemas derivados de la actividad humana, como la contaminación agraria difusa o los vertidos incontrolados. Según explican desde la CHD, estos datos son fundamentales para priorizar las actuaciones de conservación y restauración en las zonas más degradadas.
Este programa de seguimiento cumple ya 17 años de funcionamiento bajo las directrices europeas. De forma paralela a los análisis biológicos, los ríos también se someten a controles físico-químicos mensuales para tener una radiografía completa de la cuenca.
Las labores de campo se prolongarán durante los próximos meses y está previsto que finalicen en la primera quincena de julio.
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