Del Viernes, 27 de Febrero de 2026 al Sábado, 28 de Febrero de 2026
La última conferencia del ciclo cultural de la UNED sirvió para hacer un viaje por el proceso de desarrollismo que cambió la fisonomía de Ávila en la segunda mitad del siglo XX, según explicó el historiador Nacho Hernández
Así, en la conferencia ofreció detalles sobre cómo la posguerra, la legislación sobre vivienda y los planes urbanísticos modelaron el paisaje urbano actual. La intervención planteó que no se puede comprender la expansión de las décadas de 1950 y 1960 sin atender al contexto de los años 40, uno de los periodos más complejos de la historia contemporánea española.
Tras la Guerra Civil, Ávila quedó integrada en la zona nacional desde agosto de 1936 y, a partir de 1939, su evolución estuvo estrechamente ligada a la dinámica del nuevo Estado. La autarquía, el aislamiento internacional y la precariedad económica marcaron la reconstrucción del país y condicionaron el desarrollo urbano, señaló el historiador.
En este contexto, “el Estado impulsó organismos y marcos normativos para regular la construcción y garantizar unas condiciones mínimas de habitabilidad”. Hernández subrayó la relevancia de las primeras leyes de vivienda, que establecieron estándares técnicos básicos como dimensiones mínimas, ventilación y altura de techos. Estas normas supusieron un salto cualitativo en una ciudad donde aún existían viviendas sin agua corriente bien entrado el siglo XX y sentaron las bases de las promociones posteriores.
También abordó el impacto de la legislación sobre arrendamientos urbanos, que transformó progresivamente el modelo de alquiler hacia una aspiración generalizada a la propiedad. Este cambio cultural tuvo efectos directos en la configuración urbana y en la aparición de nuevos barrios.
El historiador señaló que durante los años 40 se levantaron los primeros grupos de viviendas sociales, caracterizados por construcciones de una planta, estética tradicional y pequeños huertos anexos. Aunque el crecimiento fue limitado, estos conjuntos marcaron el inicio de una política de vivienda sistemática en una ciudad donde, a mediados del siglo XX, una parte muy significativa del parque edificatorio seguía siendo anterior a 1900.
Punto de inflexión
El historiador habló de “un punto de inflexión” en 1959, con el cambio de orientación económica del país y el progresivo abandono de la autarquía, donde la apertura internacional impulsó un crecimiento acelerado que tuvo en la construcción uno de sus principales motores.
Según Hernández, en Ávila el proceso se tradujo en la sustitución del modelo de vivienda unifamiliar de baja altura por bloques residenciales que permitieron densificar el suelo y responder a una demanda creciente. Entre los años 60 y 70 “la ciudad experimentó una transformación profunda de su fisonomía”.
Se consolidaron nuevos barrios, se ampliaron zonas próximas a la estación y al norte de la ciudad y el tejido urbano se extendió hacia el sur, considerado más favorable por sus condiciones de orientación y terreno. Paralelamente, la iniciativa privada fue adquiriendo un papel cada vez más relevante frente a los organismos públicos en la promoción de viviendas.
Hernández destacó que el proceso no fue únicamente cuantitativo. Las nuevas promociones incorporaron de forma generalizada agua corriente, baño, cocina independiente y mejores condiciones de salubridad, configurando el modelo de vivienda contemporánea que aún define buena parte del parque residencial abulense.
Crisis de 1973
La crisis del petróleo de 1973 marcó un freno en el ritmo de crecimiento, en un momento que coincidió con el final del franquismo y el inicio de la transición democrática. En las décadas posteriores, la ciudad afrontó desafíos vinculados a la planificación urbanística y a la protección del patrimonio histórico.
En este sentido, la declaración de conjunto histórico-artístico en 1982 y el reconocimiento como Patrimonio Mundial en 1985 por parte de la Unesco incorporaron criterios específicos de conservación a la normativa urbana, condicionando los desarrollos posteriores y reforzando la protección del casco histórico.
El ponente repasó los sucesivos planes generales de ordenación urbana, que ampliaron progresivamente el ámbito urbanizable y redefinieron los ejes de crecimiento. Entre finales del siglo XX y la primera década del XXI se produjo una nueva fase expansiva de gran intensidad, que alteró la escala urbana y consolidó barrios más allá de antiguas barreras físicas como el río o las vías del ferrocarril.
Como cierre, Hernández ilustró esta evolución con una reflexión personal sobre el desplazamiento progresivo de la población desde el casco intramuros hacia los ensanches y, posteriormente, hacia zonas aún más periféricas. Ese movimiento demográfico y espacial resume en términos cotidianos la magnitud de la transformación vivida por Ávila en apenas medio siglo.





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