Del Jueves, 19 de Febrero de 2026 al Domingo, 22 de Febrero de 2026
El Carnaval se ha despedido en Ávila con su ritual más irreverente, el entierro de la sardina, que ha vuelto a convertir la crítica en verso popular, con unas letanías y aleluyas que, fieles a la tradición, alternaron humor, ironía y dardos directos a la gestión pública.
Organizado por la Peña Mozos de las Vacas, la Asociación Cultural Jarana Vaquera y la Asociación de Vecinos del Barrio de las Vacas, la comitiva se ha abierto con tono festivo -“Aquí está todo el cortejo / que acompaña a la sardina”-, pero pronto derivó hacia la sátira institucional. El Consistorio, los concejales y el alcalde ocuparon buena parte de las estrofas, entre promesas incumplidas y una gestión cuestionada. “Ya es sabido el repertorio, / ¡pongámonos a temblar!”, advierte uno de los pasajes, en una crítica que no elude referencias a horarios desiguales en fiestas, obras interminables y servicios que no terminan de funcionar.
Obras en las calles y trenes deficientes para una ciudad aislada también han figurado entre las críticas. Las aleluyas también han cargado contra la presión fiscal y el cierre de comercios. Las elecciones vuelven como telón de fondo cíclico: “Nos vuelven a prometer / que esta vez sí que va en serio”, ironiza el verso, anticipando el retorno a la rutina política tras el ruido carnavalesco.
El escenario internacional también se ha colado en la sátira. Las tensiones globales, la economía y la figura de Donald Trump, mencionado por sus aranceles y posiciones geopolíticas, han formado parte de una mirada que trasciende lo local para subrayar la incertidumbre global.
Y todo ello para una sardina enfundada en un cañón que ha viajado, tras la lluvia, desde la plaza se las Vacas hasta el Mercado Chico, donde, tras la iglesia de San Juan, ha ardido, aunque la humedad ha demorado en prenderse.
![[Img #168197]](https://avilared.com/upload/images/02_2026/1161_entierro_sardina26_2.jpg)
Letanías
Aquí está todo el cortejo
que acompaña a la sardina.
“Pa” celebrar el festejo
de tan ilustre vecina.
Ya está todo preparado,
ya vamos en comitiva.
Con el Carnaval acabado,
volvemos a la ofensiva.
Y de nuevo el Consistorio,
dando mucho para hablar.
Ya es sabido el repertorio,
¡pongámonos a temblar!
Hay quien, sin ningún rubor,
emplea bienes ajenos
de este gran Ayuntamiento,
robando en los almacenes
para llevarse sin sudor
materiales “pa” su pueblo.
Y cuando llegan las Fiestas,
nos reducen los horarios.
Teniendo gente molesta,
sobre todo en los barrios,
ya que los del centro —señores—
tienen bula y ningún control horario.
Y qué ocurre con las obras
que colapsan la ciudad.
Debemos hacer maniobras
entre cascotes y suciedad.
Algunos pasean su perro
y aunque llevan las bolsitas,
dejan la caca en el cerro
por si crecen margaritas.
Y si hablamos del Alcalde,
que no se pierde ni una,
pues siempre va de balde
y nunca se va en ayunas.
Y hablando de concejales,
¿alguien conoce a todos?
¿Son ficción o son reales?
¿Se camuflan entre el lodo?
Y seguimos medio aislados,
trenes que mal funcionan.
Y ya estamos cansados
de promesas que no llegan.
Y quienes, cual gato la Flora,
no están nunca satisfechos.
Ya sea perjuicio o mejora,
ellos siempre al acecho.
Y qué decir de la Junta,
de promesas incumplidas.
Fijaros que a la difunta
le pilló desprevenida.
Se hizo ilusiones en vano
de tener un buen trabajo.
Aleluyas
Al enterrar la sardina
se acabará el Carnaval.
Mejor que nos la comamos
y haya juerga general.
Los mejores funerales
con cerveza y alegría.
Esta noche a divertirnos,
mañana será otro día.
Brindad por la buena gente
y pasad de los gorriones,
los que se lo llevan crudo
sentados en sus sillones.
Hacedle un requiebro
a los trepas y mangantes,
a los que venden favores
y engañan a los votantes.
Hoy llaman legalidad
lo que siempre fue un chanchullo.
No les importa la gente
y solo van a lo suyo.
Nos subieron los impuestos,
sus prebendas repartieron,
pero cierran los comercios,
las empresas no vinieron.
Las calles de la ciudad,
una jodienda incesante.
Las obras nunca terminan,
no hay persona que lo aguante.
Cuando parece que acaban
la vuelven a levantar.
Sigue la calle cerrada,
el cuento de nunca acabar.
Ya vuelven las elecciones,
nos vuelven a prometer
que esta vez sí que va en serio
y que les podemos creer.
Le echarán la culpa al otro
de lo que nadie cumplió.
Entre todos la mataron
y ella sola se murió.
Y después de los insultos
y el cabreo del personal,
volverán a sus asuntos
y todo seguirá igual.
La autopista, los peajes,
los jóvenes que se marchan,
las fábricas de mentira,
las oportunidades que pasan.
Y mientras tanto en el mundo
las cosas se han complicado.
El tío Trump con sus aranceles
la economía ha jorobado.
Amenaza a Venezuela
y se ha llevado a Maduro.
Quiere quedarse Groenlandia
sin pagar a nadie un duro.
Pondrá hoteles en Gaza
y se chulea a los de Irán,
de la ONU se chotea
y se ha cagado en la OTAN.
Mientras caza a los inmigrantes
quiere el Nobel de la Paz
y aunque mueran ciudadanos
al tío le da igual.
Se me seca la garganta
de cantar y de gritar.
Pasa pronto una cerveza
que quiero continuar.
Se acaban los Carnavales
y se acaba la alegría.
Pero siga la fiesta,
mañana será otro día.
Si mañana te cabreas,
que te quiten lo bailao.
Vengan birras y sardinas,
que este cuento se ha acabao.




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