Del Viernes, 13 de Febrero de 2026 al Miércoles, 18 de Febrero de 2026
El profesor Eduardo Blázquez Mateos publica ‘Soy una gata, me llamo Agnetha’, un relato alegórico en el que una gata negra narra en primera persona su vida en Guisando, entre jardines, arte y pérdidas.
El libro, editado por el Micromuseo de Diosas y Ninfas dentro de la colección ‘Gatos en flor’, combina texto y fotografía para construir una historia sobre el vínculo entre humanos y animales, la naturaleza como refugio y la memoria afectiva.
La obra se presenta como un “cuento alegórico” protagonizado por Agnetha-Julieta, una gata que describe su entorno doméstico y emocional desde una mirada simbólica y poética, dentro de una tradición de relatos que adoptan la voz animal para explorar la experiencia humana.
El volumen, que incluye imágenes del animal, se abre con una declaración que define su tono y estructura narrativa: “Este cuento alegórico sobre mi amada gata narra una parte de sus vivencias y de sus emociones; al tener alma, el amor marca sus sentimientos, riega cada paisaje con lealtad tierna. Agnetha sueña con ser una flor”.
Desde esa premisa, la protagonista relata su nacimiento y el primer encuentro con su dueño: “Soy una gata y me llamo Agnetha-Julieta, nací el 20 de enero protegida por san Sebastián”. La narración sitúa ese momento fundacional en marzo de 2018, cuando “nos cruzamos las miradas en el vergel de los árboles del amor”.
Escenarios
El texto recorre distintos espacios de la vivienda y su entorno como escenarios simbólicos donde se entrelazan naturaleza, arte y afecto. El paisaje de Guisando y la sierra de Gredos actúan como marco de la narración. La protagonista describe el dominio del azul en escaleras y pérgolas, la presencia de camelias, glicinias, jazmines y anémonas, y la transformación estacional del jardín.
La terraza de la balaustrada se presenta como un lugar de contemplación desde el que disfruta del paisaje de la sierra, donde “el Tiétar y Gredos elevan los espíritus”. En ese espacio también se desarrolla la relación con Andrea, otra gata del entorno.
El jardín no es únicamente un decorado natural, sino un espacio interiorizado: “¡Me siento muy bien cultivando mi jardín interior!”, señala la voz protagonista, que identifica la experiencia vital con ciclos de floración y memoria. “Estoy paseando por el museo de diosas y de ninfas, las obras de arte me gustan, me llenan de ideas, soy una gata con criterio”, dice el animal. En varios fragmentos se alude a agresiones contra gatos de colonia: “Se trata de espacios de libertad, un refugio necesario para recuperarme de los contratiempos de los hombres malvados que, como sombras acechantes, maltratan a los gatos de la colonia”. La narración menciona la desaparición de algunos animales -“han caído Cassandra, Flora y Céfiro”- y expresa temor ante “sus destrozos” que “suenan en mis oídos como cristales rotos”.
El libro incorpora también referencias al duelo y la pérdida. En un pasaje, la protagonista describe una escena de llanto: “Eduardo camina abatido a la habitación de su madre, mira la fotografía del tocador, llora sin consuelo, de inmediato, me acomodo en su vientre, luego, le abrazo sobre la cama”. La dedicatoria inicial explicita esa dimensión personal: “A mi gata Agnetha-Julieta, por salvarme la vida”. El texto sugiere así que el relato literario funciona como homenaje y testimonio de un vínculo transformador.
En el cierre, la narradora plantea una pregunta que condensa el núcleo afectivo de la obra: “¿Cómo mirar a Eduardo? Veo en sus ojos mis ventanas azules”.





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