Del Viernes, 20 de Febrero de 2026 al Domingo, 22 de Febrero de 2026
En el último día del año se apagó para siempre el horno de la emblemática pastelería Mariano Hernández, tras más de siete décadas endulzando las calles de Ávila.
Fundada en 1952 por el abuelo Mariano y después por el padre de Isabel Hernández, la pastelería encontró su hogar definitivo en su local actual desde 1960, convirtiéndose en un punto de encuentro donde se mezclaban el aroma de la tradición y el sabor de la memoria.
Isabel, la tercera generación al frente del negocio, ha decidido bajar la persiana definitivamente por su jubilación. No hay relevo generacional, y aunque el legado podría haber continuado en otras manos, la esencia familiar tan arraigada en sus paredes hacía poco viable un traspaso. "Estos trabajos son duros", confiesa, recordando interminables jornadas festivas donde el descanso era un lujo esquivo.
Durante los últimos días finales, esta pastelería ubicada en la plaza de la Magana, ha visto desfilar a una clientela nostálgica, apurada por llevarse un último trozo de historia. Los polvorones, elaborados de manera artesanal, se han agotado entre despedidas.
Receta intacta
Su sabor, inigualable, reside en la receta intacta de generaciones y en el cariño amasado en cada porción. "No dábamos abasto", reconoce Isabel, con el brillo melancólico en los ojos de quien sabe que cada bocado es un recuerdo que se lleva quien lo prueba.
Más allá de sus codiciados polvorones, los hornazos, herencia directa del abuelo Mariano, y las pastas de té, con el sello de calidad de Tierra de Sabor, han sido emblemas de la casa. Productos que no solo alimentaban el cuerpo, también el alma.
El barrio en torno a la calle Vallespín, acostumbrado a su presencia, sentirá la ausencia del olor que desprendía el local. Porque esta zona de intramuros ahora queda huérfana de dulces, panes y hornazos: “En esta zona no hay nada de comercio y además es una población mayor. Todos sí que nos dicen que Mariano llevaba tantos años que… ya sabes, es que ya la gente está muy acostumbrada y sí, sí que les da pena”, confiesa Isabel con la esperanza en que, dado que “el barrio está creciendo”, con “gente construyendo”, quizá, “con un poco de suerte” venga “gente joven y a lo mejor aquí alguno se anima y pone algo”.
Y así, tras 14 años al frente de este negocio familiar y con muchas dificultades de por medio, Hernández se despide sin grandes planes, solo con el deseo de vivir tranquila tras años de sacrificio.
"A vivir", dice, sabiendo que deja algo imborrable. Y así, con la última hornada, la pastelería que fundó Mariano Hernández se despide, dejando en cada calle de Ávila el eco dulce de su legado.





Chapado | Domingo, 04 de Enero de 2026 a las 10:25:04 horas
Sin relevo ni traspaso la ciudad poco a poco se cierra. Una pena.
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