Del Sábado, 15 de Noviembre de 2025 al Domingo, 30 de Noviembre de 2025
Deja el Ayuntamiento de Ávila donde ejerció como secretario general y oficial mayor durante 28 años
La ciudad de Ávila ha tenido en el 'escribano del concejo' Francisco Javier Sánchez Rodríguez (Salamanca, 1967) una de las figuras más señeras de su historia local reciente, habiendo sido en el desempeño de los puestos de secretario general (1998-2016) y de oficial mayor (2016-2025) del Ayuntamiento abulense, donde ha dejado profunda huella como reconocido “escriba” y jurisconsulto municipalista.
Ahora, con motivo de su traslado voluntario a la ciudad de Segovia en una nueva etapa de su carrera profesional, sus compañeros le han rendido un merecido homenaje. El pasado 13 de noviembre, este singular funcionario cesó de su cargo en el consistorio capitalino para ocupar la secretaría municipal de Segovia.
Ante tal circunstancia, parece llegado el momento de hacer la crónica vital de este amigo y compañero con quien uno ha compartido durante todos estos años una gran parte de la actividad municipal que se genera en la gestión de los asuntos públicos, lo que haremos desde un punto de vista más humano y menos sobre cuestiones materiales y expedientes, aunque estos sean los que han amparado los proyectos y desarrollos que ha experimentado la ciudad en todo este tiempo.
Efectivamente, al bagaje profesional, unimos el rastro intelectual que nos deja de pensador y renovador de lenguaje en escritos varios de mística, crítica literaria, disertaciones sobre arte, dedicatorias a los amigos cronistas y alocuciones anuales por navidad.
También sumamos a su personalidad la visión diseccionadora de la vida sociopolítica y cultural de la ciudad, su crecimiento urbano y sus arquitecturas, y los programas inversores, lo cual debatimos en tertulias mañaneras.
De la misma manera, compartimos la actividad memorialista que uno desarrolla en el reencuentro con personajes destacables en la historia abulense, algunos de los cuales merecieron la distinción municipal como hijos adoptivos o predilectos, o fueron nominados en el callejero, o motivaron el hermanamiento con otros pueblos y ciudades. Y es que no todo van a ser informes y contra informes, actas de reuniones, encauzamiento de litigios, o pliegos de contratación, propios de ardua actividad administrativa.
Trayectoria
Por su relevancia e implicación en el desarrollo de la ciudad, con independencia de los regidores que la han gobernado, en el currículum de Francisco Javier Sánchez Rodríguez, en el que Ávila ha tenido el honor de ocupar la mayor parte de su carrera profesional, se destaca que «ha desempeñado la Secretaria General en diversos ayuntamientos ejerciendo las funciones propias del puesto (asesoramiento legal y dación de fe) y asumiendo la dirección y coordinación del área de contratación, gestión patrimonial y coordinación de los servicios letrados municipales».
Y en su ‘hoja de servicios’ se añade que ha cursado sendos másteres de Gestión Pública Directiva en la Escuela de Organización Industrial y en INAP, «habiendo liderado diversos proyectos organizativos y coordinados equipos superiores al medio centenar de integrantes», como los que se encuadran en el seno del Ayuntamiento.
También pueden apuntarse entre sus méritos su especialización en la gestión administrativa integral del Pleno y de la Junta de Gobierno, así como en contratación pública, conocimiento adquirido en la Universidad de Deusto y experiencia demostrada como vocal asesor de la mesa de contratación permanente del Consistorio abulense.
También fue responsable ante la UNESCO de diversos expedientes relacionados con la gestión de Ávila como Ciudad Patrimonio de la Humanidad, tal fue el caso de la configuración actual del Mercado Grande. Otras intervenciones reseñables lo fueron en el asesoramiento al grupo de ciudades Patrimonio de la Humanidad, en la implantación de la administración electrónica y en la gestión y asesoría del Centro de Congresos y Exposiciones ‘Lienzo Norte’.
Finalmente, cabe añadir su faceta de Profesor de la Escuela de Administración Pública de la Junta de Castilla y León, con la impartición de módulos de formación de los cursos de acceso a la categoría de Secretario-Interventores y Secretarios de categoría de Entrada desde el año 2.004, aparte de intervenir en foros diversos, como el «I Encuentro Nacional de Gestión Pública: Modernización y nuevos retos de la Administración» (Valladolid, 2023). Y a todo, se añade su autoría de diversos artículos doctrinales, y ser un ameno conferenciante.
No obstante lo anterior y cuanto pueda decirse de las capacidades de los funcionarios, siempre se ha pensado que su trabajo es una labor callada y gris, sin protagonismo alguno, la cual, al ser desconocida por el gran público, apenas merece atención, pues, con carácter general, solo la coyuntural clase política dirigente es la que está interesada en publicitar el alcance de sus objetivos, obviando, a veces, el duro y engorroso tránsito burocrático que imponen las leyes y la tarea de conciliar voluntades.
Sin embargo, no vamos a aburrir a los lectores con cuitas de funcionarios, tan solo resaltamos aquí su decisivo papel silencioso como personal independiente que existe detrás de la ordenación urbana, la implantación y funcionamiento de las infraestructuras, las inversiones, la asistencia social, la acción cultural, la intervención económica, la seguridad ciudadana, el tráfico, la atención de emergencias, la extinción de incendios, la tributación y la prestación de servicios públicos en general, entre otras materias.
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Biografía
Nuestro secretario nació en Salamanca y se crio en una familia de cinco hermanos. El padre, también fue secretario municipal, ejerció en diversas localidades de España, lo que hizo que la familia fijara su residencia ambulante en Mérida (Badajoz), Los Santos de Maimona (Badajoz), Pedrajas de San Esteban (Valladolid), Ciudad Rodrigo (Salamanca) y en Carbajosa de la Sagrada (Salamanca). A esta circunstancia, Francisco Javier Rodríguez une también su condición como secretario nómada por diversos ayuntamientos, de cuyo transitar dice:
«El hecho de cambiar de residencia con relativa frecuencia me hizo entender que no eres de donde naces sino de allá donde vives, convives y te forjan las circunstancias y el contexto, lo que también te obliga a sustituir el apego a la tierra por el afecto de aquellos que se van cruzando en tu camino. Eso me ha permitido tener una mentalidad más abierta, sin pensar en el confort de donde por primera vez te asientas ni la ansiedad del retorno; me ha llevado a socializar con personas de diversas concepciones y culturas lo que sin duda te enriquece y aporta valor a tu vida. He logrado granjear amistades por distintos lugares de España y he tenido el privilegio de conocer realidades de distintas municipalidades».
Sobre la formación académica recibida, Francisco Javier nos cuenta que estudió EGB en Ciudad Rodrigo, el bachillerato en el colegio de Los Maristas en Salamanca, donde estuvo también interno una temporada, y la licenciatura en derecho en la Universidad de Salamanca. Luego opositó siguiendo los pasos de servidor público de su padre, de quien dice:
«Fue un ejemplo de ejercicio excelso de la habilitación nacional como Secretario de diversos Ayuntamientos y finalmente de la Diputación de Salamanca. Él le conculcó el amor por el derecho público local y el desempeño de una profesión que te permite colaborar en hacer ciudad y atender las demandas de los ciudadanos».
En 1993, con 25 años, inició su carrera como secretario, haciéndolo en los seis años siguientes durante poco más de un año en cada uno de los ayuntamientos de Jerez de los Caballeros (1993-1994), Hornachuelos (1994-1997) y Villafranca de los Barros (1997-1998), todos en Extremadura, «tierra que adoro, me acogieron y cuidaron mucho», dice, hasta tomar posesión en el Ayuntamiento de Ávila en 1998.
De todos ellos recuerda el trato con los compañeros «con los que he compartido andanzas, con los representantes municipales con los que he enfrentado cientos de situaciones y avatares diversos y con las personas que acudían cada día buscando respuestas. Es decir, con las personas. Lo demás son experiencias del cargo, bagaje laboral y devenir profesional. Todo forma parte de mi historia personal. Pero una administración que no piense ni haga por y para las personas, no me interesa».
Impresiones
El 8 de abril de 1998, Francisco Javier Sánchez Rodríguez tomó posesión del cargo de secretario general del Ayuntamiento de Ávila, la ciudad a la que llegó con Belén, su esposa, y Javier, su hijo de medio año, y donde unos años después nació su segunda hija, Celia. Entonces, «nos sentimos acogidos, nunca tuvimos la sensación de ser unos extraños y realmente fue más sencillo de lo esperado. Imagino que el ser castellano ayuda», recuerda.
Tanto que la familia pronto se integró en el barrio de San Roque, en la feligresía de Santo Tomás, y en la escolarización de las Nieves, y siempre el palacio consistorial del Mercado Chico como el espacio laboral y creativo desde donde mirar al mundo.
Casi dieciocho años después, el 12 de febrero de 2016, se incorpora a su plaza de secretario general el antiguo ministro de trabajo Jesús Caldera Sánchez-Capitán. A partir de esta fecha, Francisco Javier Sánchez desarrolla su trabajo de habilitado nacional como oficial mayor del consistorio. De su relación con las distintas corporaciones con las que trabajó a lo largo del tiempo, le preguntamos: ¿Cómo se enjuaga la ideología propia dependiendo el grupo político que gobierna en cada caso? ¿Hay diferencias?
A lo que responde: «No soy hombre de ideologías sino de ideas. He compartido gestión con formaciones políticas de distinta índole y con todos creo haberme entendido. En mi profesión no debe haber distinciones en función de colores políticos ni etiquetas ya que la imparcialidad y objetividad en el desempeño de las funciones propias del cargo deben presidir el quehacer diario. Creo en la suma y aporte de la pluralidad y concibo las diferencias como oportunidad».
Así mismo, insistimos: ¿Qué destacarías de las distintas legislaturas municipales en las que has tenido oportunidad de participar?, a lo que nos dice: «Cada una ha tenido su singularidad propia del contexto, circunstancias y tiempo en que transcurrieron. La mayor diferencia fue, obviamente, la existencia de mayorías absolutas o no porque aquellas redundan en un mayor empuje en la gestión y menos dificultades a la hora de enfrentar ciertas decisiones trascendentales, lo que administrativamente simplifica o complica las tareas que me correspondían».
Por consiguiente, atendiendo a la personalidad del alcalde de turno, le preguntamos también sobre su impresión de cada uno de ellos, y nos dice: «De la alcaldesa Dolores Ruiz-Ayúcar, la única alcaldesa que he tenido en 33 años de profesión, destaco su cercanía y sensibilidad. De Agustín Díaz de Mera su carisma y capacidad de hacer sencillo lo complejo. De Miguel Ángel García Nieto, el alcalde con quien compartí más años, su decisión y clarividencia para enfrentar los problemas. De José Luis Rivas, que tuvo una corporación ciertamente compleja, su talante y serenidad. Y de Jesús Manuel Sánchez Cabrera, su entrega y empuje. De todos me llevo un grato recuerdo».
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Humanismo y literatura
En cuanto a la versión más humanista y menos burócrata de nuestro personaje, esta la extraemos de algunos escritos de pensativa literatura en la forma de hacer informes; de compendiar cada anuario vital por navidades; de presentar las exposiciones pictóricas de los amigos; de hacer crítica sana de los asuntos públicos; de dialogar sobre mística y sociedad y promover congresos de espiritualidad; de tratar con compañeros de viaje y otros allegados en responsabilidades varias; de recordar experiencias vitales en los diferentes destinos por los que pasó; de compartir lecturas y actividades lúdicas y de ocio; de charlar y conversar en numerosas tertulias de café; de presentar a los escritores galardonados en los Premios de las Letras Teresa de Ávila; de interesarse por la historia local en proyectos diversos, también en trabajos escolares; de disertar sobre los últimos cronistas; y de comentar las publicaciones y los reportajes memorialistas que uno escribe para este Diario.
Y todo lo hacía con reflexiva sencillez, sin protagonismo, y al margen de las redes sociales de las que está ausente por propia decisión.
Al final de cada año y al comienzo del siguiente, Francisco Javier Sánchez despliega su cara más reflexiva, lo que hace en breves textos de gran hondura que reparte como hojas volanderas vía telefónica, ahí van algunos ejemplos: «Ojalá podamos compartir la brega para erradicar la rutina y suprimir las angustias de lo cotidiano. Por ello, mi expreso deseo de un 2016 lleno de emprendimientos creativos y proyectos innovadores, un año en el que todo fluya, pues fluir es dejar que llegue lo que viene y dejar ir lo que se va».
«Extrañamente en estas fechas algo se remueve dentro de nosotros. Días en los que casi sin querer, nuestra mente reflexiona y el corazón se acelera. Espacio para el encuentro, propósitos de cambio y donde cabe hasta un abrazo. Pero fuera como fuere, sentida o como excusa, que la Navidad te sea propicia, colme tus anhelos, calme tus preocupaciones, despeje tus inquietudes, sea un momento de remanso y motivo de alegría. Que todo sea según lo quieres y nada se torne obstáculo. Que sea hoy el principio para un mañana distinto...ese que te otorga el derecho de ser feliz. Voto por una Navidad...diferente. Felices Fiestas. Feliz Navidad, 2016».
«Podría expresar muchos deseos para el nuevo año. Podría, incluso, prometerte que serás feliz o anhelar que así fuera, que te colme de bienes, que fructifiquen tus sueños o alcances tus metas. Pero esto exige actitud y disposición. Por ello, te encomiendo a ti la mirada al frente, la sonrisa a punto y los zapatos limpios. Y recuerda que llega el momento en que el talento se encuentra con la oportunidad. ¿De qué sirve tener tantos pájaros en la cabeza si ninguno sabe volar? Nada se pierde con vivir. Cómete el 2017, que la vida no es para llevar...es para tomarla aquí. ¡Feliz año nuevo!».
«Anhelo sinceramente que estas fiestas permitan recuperar el auténtico sentido de las cosas, la esencia de los sentimientos, la verdad de lo que atesoramos, la honestidad de cuanto hacemos, la generosidad de la entrega sin contraprestación, la importancia de los detalles, el sentido común, los valores más intensos, las referencias...el norte. Que nadie sobre y que nada nos falte en este 2018».
Nuevas reflexiones encontramos en «Nostalgia de lo íntimo», el capítulo escrito por Francisco Javier Sánchez en la edición que hizo del libro Mística y sociedad en diálogo. La experiencia interior y las normas de convivencia (Ed. Trotta, 2006), donde se recogen las actas del Congreso Internacional que dirigió con la organización de la Fundación Municipal de Estudios Místicos de Ávila, el cual tuvo lugar los días 21al 23 de octubre de 2005, donde escribe: «El individuo, como ser autónomo, cohabita necesariamente con sus semejantes, integrándose en una comunidad precisada de un régimen normativo que oriente las acciones colectivas para procurar el mantenimiento de una convivencia pacífica en la que todos quepan y todo sea eventualmente posible, siempre y cuando se dirija a la satisfacción de un interés colectivo. Sin embargo, la tutela de ese bien común a veces se enfrenta y contradice de manera incuestionable las convicciones más profundas de cada uno de los seres que conforman la sociedad o la comunidad en la que se desenvuelven (…)
Como en todas las cuestiones que atañen a los fundamentos últimos del obrar, se plantea una agria polémica sobre el necesario engarce entre la ética, la moral y la religión, entre la experiencia interior de cada ser humano y el derecho como conjunto normativo que regula el devenir de una sociedad o comunidad. Desde esa perspectiva, se trataría, en suma, de superar una concepción de la mística como mera experiencia íntima e individual, y explorar su dimensión pública, su potencial conciliador y su virtualidad como elemento de cohesión social».
En materia literaria, han sido veintiuno los autores distinguidos con el «Premio de las Letras Teresa de Ávila» que convoca el Ayuntamiento desde 1999 (Gonzalo Santonja, Antonio Piedra, Fernando Arrabal, Olegario De Cardedal, Leopoldo De Luis, Jaime Siles, J. Ignacio Tellechea, Juan Gelman, Victoriano Cremer, Tomás Álvarez, Clara Janés, Luis Alberto De Cuenca, Ángel García, Alonso de De Santos, Carlos Aganzo, Antonio Colinas, Juan Mayorga, Muñoz Quirós, Antonio Hernández, Luis Landero y Luce López Baralt), circunstancia esta que le permitió a Francisco Javier Sánchez Rodríguez, secretario del jurado, disertar sobre la obra y trayectoria de los premiados en las ceremonias de entrega de premios .
Y sobre esta faceta laudatoria de Francisco Javier Sánchez, el mismo nos cuenta: «Han sido muchas ediciones, muchos premiados y todos ellos con méritos indiscutibles. La forma en que yo llevo a cabo tal presentación exige aproximarte al autor o autora, inmiscuirse en su obra y dejar que la misma te inspire. Intento que mis sensaciones como lector sean las que dicten las palabras. Me quedo con alguna conversación intensa y sentida con autores de la talla como Luis Landero o Luce López Baralt».
A este respecto, del novelista Luis Landero reafirmó en un inspirado discurso que es un «autor reflexivo, que enfrenta la porosidad de las almas que unen y separan la realidad y ser, la realidad y las apariencias, la realidad y la ficción, creando obras de múltiples escrituras. Es el responsable importante de unas obras de altísima calidad y empeño literario, volcadas sobre cada uno de sus densos, pero muy espirituales laberintos existenciales, evocadores, regadas de una exagerante elegancia, rudeza y fascinación».
Mientras que de la profesora Luce López Baralt, reconocida investigadora de los grandes místicos Teresa de Jesús y Juan de la Cruz junto a otros espacios literarios de la espiritualidad de distintas culturas, destaca: «Conforma un universo genuino, propio, con voz intensa, cincelada con un lenguaje sutil, preciso y de una amplitud aleccionadora.
Es Luce Baralt hacedora de obras que cuestionan, que involucran, que interpelan con una formulación que evidencia una integridad emocional y formal que rescata la fe en la realidad y descubre conexiones debajo de la superficie (…) Su obra se perfila como narradora de emociones, investigando la realidad, superando las limitaciones de la vida finita y tejiendo una aventura emocional de la palabra».
Por otra parte, en la tarea de informante en las distinciones que otorga el ayuntamiento es reseñable la concesión en 2012 del título de Hijo adoptivo de la ciudad de Ávila al escritor de Langa José Jiménez Lozano, de quien Francisco Javier Sánchez realizó una semblanza lírica del homenajeado, al hilo de la obra del escritor, y es que «Ávila ha sido siempre un referente, un espejo en el que se mira un autor fecundo y muy reconocido», dijo.
Añadiendo que la distinción concedida supone «reconocer su condición de abulense adoptivo y adoptado» de alguien para quien «Ávila siempre ha estado en su corazón y en su pluma». A ello añadimos las simpáticas palabras del propio escritor: Ávila «tiene una muralla, y [aquí] nació Santa Teresa que fue una monja que tiene gran predicamento de andariega, mística y escritora en todo el mundo, aunque sólo los abulenses parecen informados de que comió ceniza, o esto era lo que se nos decía, aunque no nos conste en modo alguno, cuando, de muchachos, nos mostrábamos mezquindosos al comer».
La pintura de Luciano Díaz Castilla reunida en la colección «La Sinfonía del alma en Teresa: El Lugar de Teresa» que cuelga de forma permanente en el palacio de los Verdugo es el motivo inspirador de la dedicatoria que allí figura escrita para la ocasión por Francisco Javier Sánchez, en un alarde de sentimientos encontrados marcados por el atractivo que le impregna santa Teresa: «Los colores carmelitanos se mezclan con fuertes y vivos tonos la rodean, sea en cielos, en sol, su celda o conformando el halo de su presencia. Y Ávila como causa de fatiga y terapia. Postrada o en éxtasis, queda o caminando y dejando huella, erguida o genuflexa, visible o adivinada».
De la misma manera, se pronunció así en la exposición «Mis pequeños sueños», del pintor Arnaldo García, hijo de Luciano Díaz Castilla, proponiéndonos "una oportunidad de contemplar un modo diferente de lo que, a buen seguro, haya sido visto en infinidad de ocasiones, sin renunciar a descubrir rincones nunca imaginados o a sorprender con el modo en que un cuadro acoge un instante único en un momento irrepetible".
Son paisajes, de pueblos recónditos, de la capital abulense o con el mar como protagonista, sugiere en unos cuadros en los que se propone «el silencio para su deleite y la predisposición para el encuentro», y la búsqueda en sus «paisajes del alma».
Cronistas
Como hombre atraído por la Crónica de Ávila, Francisco Javier Sánchez «se sorprende del esplendor de la ciudad experimentado en el siglo XVI y la posterior decadencia de finales del siglo XVI y comienzos del XVII debido a diversas circunstancias y avatares de índole institucional, político, económico y sanitario. Una época compleja de la que tardó en reponerse y que marcó el devenir de la ciudad. Un periodo difícil que habla de la resiliencia castellana y el carácter recio de los ‘avileses’».
Al mismo tiempo que, aprovechando los trabajos escolares de su hija, se interesó por las aras votivas, cupas, verracos, el mosaico de Tritón y Nereida, etc., y también por el genuino linaje abulense de los Dávila.
Por lo anterior, no es de extrañar su participación en el XXIX Congreso de la Asociación Española de Cronistas Oficiales que tuvo lugar en Ávila en 2003 auspiciado por el cronista y amigo Aurelio Sánchez Tadeo, donde nos trasladó la siguiente reflexión: «La historia es un inmenso espacio en el que conviven y se acumulan, en inquebrantable equilibrio, elementos de una milenaria herencia con la diversidad nacida de un sociedad en constante evolución, donde coexisten tradición y actualidad, costumbres y usos sociales, donde se conserva el santuario de nuestros antepasados con el legado cotidiano de las generaciones presentes, donde se aúnan lo pasado y lo presente en pacífica yuxtaposición que converge hacia el futuro inmediato. Reconocer y asimilar las páginas de lo vivido, del legado cultural y antropológico de las ciudades y pueblos que habitamos, es una forma sincera de disfrutar, valorar y defender sus paisajes, sus doctrinas, sus modos,… su esencia».
Más aún, a propósito del nombramiento como cronista de quien suscribe, Francisco Javier Sánchez se preguntaba: « ¿Quién menciona y enfrenta las historias de la historia? ¿Quién asegura la memoria de la ciudad o mejor, de sus moradores? ¿Quién vela para que no caigan en el olvido tantos hechos, acontecimientos y sucesos que conforman la memoria, los sentimientos, experiencias y sueños de una comunidad?»
Y a ello se responde, que ese papel concierne a «pedagogos de la cultura popular, vigilantes de la verdad escondida, quienes beban en las fuentes populares y alcancen a desentrañar las vivencias de nuestros antepasados. Hablo de los claveros de lo intemporal, de los custodios de ensoñaciones, de quienes escrutan los detalles, afloran los matices y nos recuerdan lo aprendido. Hablo de quien, sin poner en liza el necesario rigor, hurga en la historia con la curiosidad propia de quien se lanza a la aventura de descubrir lo ignoto y convierte en hallazgo la verdad de lo acontecido».
A continuación, Francisco Javier dirige su mirada al cronista de quien dice es «un testigo privilegiado de la vida local y de los instantes que se desvanecen y que solo su avezada intuición puede hacerlos perdurar, rescatándolos del ostracismo, convirtiéndolos en momentos estelares de la vida de una ciudad y escribiendo así páginas gloriosas del devenir de sus moradores y visitantes. También permanece atento a los nuevos vientos como receptor de la modernidad, transformándose en espejo de lo que acontece para tras el tamiz del que antes hablaba, gestar una crónica que revela que lo que hoy sucede, ayer ocurrió».
Por otro lado, respecto a algunos de los reportajes que uno ha publicado en este periódico (van más de doscientos), este fue uno de sus comentarios que hizo hace años: «Recientemente, hemos podido disfrutar y deleitarnos con artículos que son crónicas que el Diario de Ávila ha tenido la sensibilidad y acierto de acoger entre sus páginas como ‘Las visitas de Don Manuel’, que relata los vínculos de quien fuera Presidente del Gobierno y de la II República, Manuel Azaña; el testimonio de paso por Ávila del insigne arquitecto Leopoldo Torres Balbás, conservador y protector de la Alhambra; el recorrido fotográfico de los 50 de la mano de la alemana Erika Groth Schmachtenberger (Erica Croc Eesmajtenberga); el papel legislativo de Ricardo de Orueta y Duarte en la conservación del inmenso legado patrimonial que Ávila atesora; la confesa admiración por Ávila de la pensadora gallega Concepción Arenal; las resonancias abulenses en la poesía de los Bécquer; la presencia de Ávila en la existencia de Benito Pérez Galdós: el universo abulense de Emilia Pardo Bazán; o las historias del histórico café ‘Pepillo’ de honda raigambre y a buen seguro recuerdo para todos los abulenses».
En otro momento, concluye así sus enriquecedores comentarios a los artículos que publicamos en el Diario: «Extraordinario trabajo de síntesis, su talante pedagógico, un excepcional recorrido para encontrar en cada línea el vínculo con Ávila, una aproximación casi visual a la exposición y una experiencia literaria abrumadora.
Que los cielos te conserven tanta lucidez y te sea concedido cuantos honores y distinciones merece un hombre de tu sapiencia, dedicación e inigualables méritos. Gracias por compartir y no dejes de regalarnos tan hermosas piezas que ilustran, enriquecen y dan fulgor ante tanta mediocridad que hoy preside lo cotidiano (…)
Admiro tu capacidad de traer a Ávila la historia si quiera sea tangencial de un personaje con causa en una efeméride y entreverar pasado, literatura, arte y reseñas populares en un tapiz abulense que adquiere protagonismo por sí mismo. Un estilo encomiable de hacer crónica, enseñar y velar por lo acaecido para que no se olvide y sea ensalzado en la memoria colectiva».
Despedida
Finalmente, sobre los compañeros que han estado a su lado en el Ayuntamiento de Ávila durante todos estos años, Francisco Javier Sánchez dice: «Me he encontrado con profesionales de una gran talla que han hecho de mi estancia en el Ayuntamiento de Ávila un continuo aprendizaje y un camino hermoso. Pero, sobre todo, he descubierto personas que han sabido tener paciencia asistirme y sostenerme en todo momento. A ellos les debo mis logros y de ellos me llevo lo mejor sabiendo que el Ayuntamiento de Ávila queda en buenas manos».
Y a la pregunta: ¿Con qué ilusión has decidido el cambio a Segovia y qué enseñanzas y experiencias te llevas de Ávila?, responde que «de Ávila me llevo la experiencia y bagaje del ejercicio profesional en una ciudad de similitudes incontestables con Segovia que sin duda deben ayudarme a enfrentar el reto de un nuevo comienzo.
El futuro en Segovia lo afronto con el vértigo propio del cambio y con la esperanza de contribuir a la mejora de la gestión del Ayuntamiento. Habrá cosas diferentes, también en mi forma de hacer porque debo adaptarme a lo que encuentre y no al revés para posteriormente gestionar conjuntamente con la organización los cambios que entendamos precisos en aras a una mayor eficacia y eficiencia en la gestión».







Fernando | Miércoles, 26 de Noviembre de 2025 a las 06:19:39 horas
El alcalde es el que tira la foto.
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