“Un deseo de ver impresa -explica- mi propia mirada en paseos y viajes. A lo largo de los años, he comprobado cómo intentar capturar una imagen te roba el instante mágico en que descubres aquello que buscabas o lo que encontraste por casualidad, arrebatándote las sensaciones que debieron tener los primeros viajeros cuando llegaban a lugares remotos, cuando descubrían un paisaje lejano. En este sencillo recopilatorio, hay una variedad de fotos que representan aquello que me inspiró. Y junto a las fotografías, lo que el lugar o los objetos me inspiraron, como fue el instante que viví en primera persona al estar delante de un lugar o de un simple objeto”.
Sobre las influencias en el proceso creativo, Ana Pose cuenta que el libro que “es también un gracias a tantos creadores, pintores y escultores que me inspiran, aun sin ser yo artista. Porque como dejó escrito don Ramón y Cajal: ‘Sólo el objetivo puede saciar la sed de belleza de quienes, habiendo nacido artistas, no gozaron del vagar necesario para ejercitar metódicamente y dominar el pincel y la paleta’. Es un gracias a Marcel Duchamp, el que ya está considerado como el artista más influyente del siglo XX, el mismo que logró elevar a la categoría de arte cualquier objeto cotidiano”.
Por nuestra parte, retomamos las palabras de la autora: “En estas páginas he querido resaltar lo efímero, la distorsión, la fabulación, la fusión, la provocación, los sueños, la inspiración, la oportunidad, la admiración, el abandono, la ruina…”, y añadimos con Pablo Neruda, que la mirada de Ana Pose es semejante al sol cuando sus ojos brillan al alba. Más aún, podemos señalar con Shakespeare que su “mirada es el lenguaje del corazón”. Y sobre las pretensiones que intuimos de este libro, convenimos con Mario Benedetti: “De eso se trata, de / coincidir con gente / que te haga ver cosas / que tú no ves. Que te / enseñen a mirar con / otros ojos”.
Mirando entonces las hojas librescas llenas de reflejos que imantan las luces de sus estampas y las palabras del relato que subyace, donde se combinan rótulos y motivos inspiradores de profundos sentimientos, los cuales se desprenden de las conmovedoras imágenes, brotan pensamientos que sugieren la visualización de las fotografías y la lectura espiritual de los textos. Con todo, componemos el siguiente mosaico lúdico de títulos entrecomillados que son como lemas que encabezan de cada capítulo o sesión fotográfica y su narrativa.
Así, con el título ‘Frente a mí disfrute’. se nos aparece una alianza sellada de flores y luz en un instante mágico. Mientras, las ‘Sombras’ emergen porfiando momentos que acompañan al hombre desde las cavernas, donde objetos cotidianos uniformados por el abandono y el olvido se juntan en un ‘Baile’. Al mismo tiempo, como centinela de sueños, una vieja silla de escritorio se convierte en ‘Guarida de cerebros’., pasando de ser asiento de creadores a tumba de ideas.
La naturaleza parece presa ante unos ‘Grilletes’ que atan un viejo árbol, símbolo de un pueblo vivo aprisionado por la soledad, y unos hierros oxidados de una vieja cosechadora rubrican las ‘Fusiones’ del paisaje con la desolación.
Un tejado se convierte en el escenario perfecto para la composición del bodegón urbano ‘Tetrere’ donde no existen ‘Muros’ capaces de encerrar ilusiones y esperanzas, ni ansias de libertad. En esto, el tiempo y el camino que se hace al andar convergen y se funden en un ‘Aplastamiento’. Y todo vuelve en las memorias de antiguos habitantes que se asoman desde ‘Ventanas’ desvencijadas de casas vacías.
Capturar el pensamiento y el disfrute de lo cotidiano se produce en ‘El instante’, ante ‘La mirada’ atenta de un gato vigilante que magnetiza la soledad de los pueblos vacíos, cuyas ‘Piedras’ son el alma de los caseríos ajedrezados y arquitecturas artesanas.
A lo largo del recorrido hacia lo desconocido y con esperanza de encuentros fortuitos transformados en sorprendentes objetos artísticos, una muñeca decapitada de ojos abiertos reposa al borde del camino, lo que provoca ‘Complicidades’ de sentimientos encontrados.
En medio de los caseríos, la ‘Ruina’ causante del vacío de un solar es el reverso de la ciudad monumental, y las ‘Puertas remendadas que ya no trancan hogares son síntomas de la decadencia rural.
De pronto, un viejo jarrón roto aparecido como de la nada, una pieza encontrada por casualidad pasa a lucir el arte que ‘Será de todos’. Sin embargo, al levantar la vista, se comprueba que ‘El abandono’ se extiende como una procesionaria provocando la muerte de los pueblos, lo que ofrece una mirada de difícil comprensión, tal y como lo atestigua ‘El visor’ que moldea la desolación de pueblos vacíos atrapando miradas de vidas olvidadas.
Unas ‘Gotas asturianas’ se agolpan como diamantes engarzados que distraen la mirada ensacando un momento efímero y único. Y al fijar la mirada en el quehacer diario, la vida de las gentes se comprime en un ‘Bodegón de la barriada’ recogido en ‘El Lienzo’ de blancura donde tienden la ropa.
El hábitat natural del mundo animal presenta sus prodigios en la ‘Metamorfosis’ que trae el imaginario el cuento de Kafka. A la par, en el reino de las plantas, un racimo de grosella, como piedra preciosa, resulta evocador de los cafés de Montmartre en ‘París’.
La lucha entre la tarde y la noche crea una atmósfera íntima y melancólica por atrapar la luz en ‘El duelo’. Y, por último, la emoción de la poesía pastoril se recoge en el ‘Paisaje’ que conforma un pueblo y su caserío, un castillo y un río hecho canal de navegación que no puede caer en el olvido y la indiferencia.
Por otra parte, la contemplación de capturas fijadas más allá de lo que se ofrece a simple vista, tamizadas por la reflexión y pensamientos surgidos a borbotones que provocan los miramientos, nos acerca a lo que hicieron los artistas y pintores que tanto atraen a Ana Pose y cuyos nombres se deslizan sobre los reglones de la leyenda que transcribe lo que se percibe con la mirada, entre los cuales figuran Antoni Tapies, pintor y escultor de movimiento informalista; el gran admirado Antonio Pérez, natural de Sigüenza, creador de ready-made (arte encontrado); Caspar David Friedrich, pintor paisajista prerromántico alemán; Edward Hopper, pintor realista americano; y Gail Levin, artista e historiadora feminista americana.
A ellos se suman Henri de Toulouse-Lautrec, pintor posimpresionista francés; Kurt Shwitters, artista, escultor, poeta y diseñador alemán; Louise Bourgeois, escultora de arañas; Susanne Valadon, pintora francesa posimpresionista y simbolista; y Marcel Duchamp, el más atrayente creador artístico francés, influyente dadaísta, cubista y surrealista, y motor estimulador en el proceso creativo de este libro al decir de su autora.
Y si las obras de estos pintores y escultores de las cosas son el resultado de sugestivas miradas y de reinterpretación de realidades comunes, resulta que la combinación de imagen y relato que se deshoja en estas páginas dan como fruto una obra meditada de igual naturaleza pensativa que la de los artistas mencionados.
Por último, tomemos el paisaje y la cartografía donde Ana Pose traza los escenarios naturales en los que ha fijado su mirada quieta y la memoria del tiempo. Y en este deambular por territorios inexplorados, salimos al encuentro de simples cosas y objetos inescrutables que nos hablan, siempre no hablan, lo que hacemos con una particular guía de la improvisación y la sorpresa para descubrir tesoros escondidos,
Así, los hallazgos que en esta singular ruta aparecieron lo fueron en Aliste (Zamora), Las Bodas (León), Cáceres, Castrillo de Polvazares (León), Châteauneuf-en-Auxois (Borgoña, Francia), El Correu (Asturias), Cuzcurrita (Sayago, Zamora), Gamones (Zamora), Guadramil (Portugal), Huesca, Lescún (Francia), Mingorría (Ávila) Pasariegos (Sayago, Zamora), Pinilla de Fermoselle (Zamora), Rincón de la Victoria (Málaga), San Esteban de los Patos (Ávila), y Villafuente de Esgueva (Valladolid). Todo un elenco geográfico de naturalezas diversas y un resultado mágico común que les une: el de encontrar al azar hallazgos de simples objetos o el vislumbrar elementos olvidados que comprimen el tiempo y el espacio, los cuales siempre han estado ahí esperando a ser descubiertos por reflexivas miradas.
LA AUTORA. Ana Pose nació en Madrid en el año 1960; desde el 2013 vive en Mingorría (Ávila). Estudió Sociología, carrera que no terminó, pero que marcó su forma de vivir y de viajar. La autora es amante de la pintura y, aunque valora a los clásicos, sus pintores preferidos son Paul Gauguin, del que destaca su obra ‘Mata Mua’, cuadro que le gusta admirar desde que en 1989 llegó a nuestro país; en aquella ocasión se pudo admirar en el Reina Sofía; después, sus visitas para admirar este cuadro, ya en el museo Thyssen, han sido continuas.
También le encanta la forma en que Eugène Boudin, el rey de los cielos, pinta la naturaleza, quizás porque, al igual que él, la autora es también una enamorada de la Bretaña francesa. Y otro de sus pintores preferidos es Edward Hopper, por la forma en que es capaz de transmitir soledad e introspección. Otro de sus artistas que la entusiasman es Antoni Tàpies, al que comenzó a seguir después de ver alguna de sus obras en los inicios de ARCO. La autora, tal y como se puede apreciar en esta obra, también admira el dadaísmo y el ready-made, destacando, como no podía ser de otra forma, a Marcel Duchamp y a Antonio Pérez, como ya se ha dicho.
Gran observadora, siempre intenta descubrir la esencia de los lugares visitados y, sobre todo, conocer las costumbres y a las personas que en ellos habitan, siendo un excelente ejemplo su anterior libro titulado ‘Súbete al paisaje en Sayago. Mucho más que los Arribes’ (Ed. Círculo Rojo, 2021). Ahora, recuerda de nuevo cuando era niña, los primeros viajes con sus padres a Gijón en los meses de verano y también las pequeñas salidas a la sierra de Madrid. Después vendrían los largos viajes descubriendo España y Europa. Primero viajes en coche y desde el año 1999 en autocaravana. Sus destinos de viajes favoritos los puertos de montaña, sobre todo los Alpes, a los que siempre intenta volver. “Buscadme en las montañas” es una frase que usa frecuentemente.
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