“Fui creando mundos imperfectos que poco a poco fueron dando paso a una visión más amplia que transcendía ese límite y tridimensionaba”, ha definido.
En el proyecto se observa el círculo como símbolo característico en la trayectoria de la artista, junto con colores brillantes que le sorprendieron y que ya no forman parte de su estilo habitual, más aún teniendo en cuenta que este proyecto fue realizado en un momento prácticamente distópico en el que una pandemia asolaba a todo el mundo. Y así fue creando cada una de sus obras gracias a los colores, olores y sensaciones que recordaba del exterior, según se explica en la presentación de la muestra. “Prácticamente sin querer, comienza a hablar de la expansión y evolución de la consciencia, del yo, del patrón de la vida, de la unión con la naturaleza, de la escisión de esta al llegar a ser autoconscientes”, se añade.
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