Del Sábado, 17 de Enero de 2026 al Martes, 20 de Enero de 2026
El catedrático de Historia de la Universidad de Salamanca Serafín de Tapia ha incidido en que la Segunda República “fue intento modernizador, pero no revolucionario”, según ha explicado en una conferencia dedicada a este período histórico en la que ha reivindicado los valores de este momento histórico.
En una intervención celebrada en el Episcopio, convocada por la Asociación Cultural Republicana Abulense, ha desglosado los avatares de la Segunda República partiendo del “plebiscito que perdió la monarquía” en que se convirtieron las elecciones municipales, y la Constitución de 1931 y de cómo afrontó cuestiones como la agraria y la religiosa, para abordar sus logros, pero también sus dificultades y sus enemigos, así como sus errores.
“El franquismo tuvo como empeño en hacer responsable a la República de la Guerra Civil, cuando fue un golpe de estado donde estuvieron implicadas Italia, y los sectores sociales y económicos privilegiados”, ha afirmado.
De Tapia ha apuntado como la República llega en una “coyuntura internacional marcada por la crisis de 1929 y la eclosión del fascismo en Italia y el nazismo en Alemania”, y en un país que se encontraba “en unas condiciones de atraso insoportables respecto a nuestro entorno”.
Propiedad de la tierra
Por ejemplo, ha destacado que 12.000 personas eran propietarias del 49,8% de la tierra, donde “el sector agrario era el núcleo fundamental del país”. “Con esa estructura de la propiedad y dos millones de jornaleros con salarios miserables, era un polvorín”, ha apuntado.
A la vez, ha subrayado los “muchos detractores”, como los “privilegiados, terratenientes y banqueros, así como la Iglesia, “vinculada históricamente a los que mandaban”, y el Ejército, “nutrido de la guerra de África, con una macrocefalia, con 800 generales, con más capitanes que sargentos”.
El historiador también ha señalado, como dificultades, una reforma agraria que “no resolvió los grandes problemas porque fue objeto trampas y boicot de la banca y de los propietarios”, por lo que “las expectativas tan grandes que había creado entre la masa de los desposeídos del campo se tradujo en frustración”, a lo que se añade que la revolución fue uno de los objetivos de sectores como el movimiento anarcosindicalista “pero no del Gobierno”.
Problemas
Los “problemas internos” también contribuyeron a su desgaste, porque a pesar del “clamor por República del primer momento”, los problemas empezaron la misma tarde con la declaración de la independencia de Cataluña o los 11 conventos incendiados en Madrid en mayo.
“La Iglesia va a constituir un pilar fundamental de la derecha a pesar que en un principio consideró que la República era el régimen elegido por los españoles”, ha expresado, mientras que el Gobierno pretendió que la religión “quedase reducido al ámbito individual”.
De Tapia observa como errores, desde la perspectiva actual, que el problema religioso se abordó con premura, adelantar las elecciones de 1933 y la falta de actuación del Gobierno en el Ejército antes del golpe de estado.





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