En memoria de Jesús Arribas

Luis Represa

Me dijo Juan, (“el jardinero” prescriptor de lecturas de Jesús), citando al poeta Irazoki que cuando muere un amigo,  el paisaje se constriñe, se achica, quizás, se desdibuja, en todo caso ya no será el mismo, el paisaje se va con quién partió.

Se nos fue Jesús Arribas (catedrático, editor y escritor fallecido el día 20) y nos quedamos  exiliados de nosotros mismos, privados de la patria amable que  es la conversación inteligente, entreverada por el afecto verdadero, y al fondo esa sempiterna ironía con la cual analizaba el mundo, escalpelo implacable e impecable con el cual diseccionaba la sociedad con una mirada  a veces cervantina a veces castellana vieja y siempre lúcida.


Nos considerábamos amigos de Jesús Arribas, pero también discípulos suyos,  aprendimos a huir del dogmatismo, el sectarismo y todo tipo de “ismos”, disfrutábamos con su sorna cuando analizaba la actualidad española demostrándonos  que el mejor y más exacto análisis político y social de la España actual se  encuentra en la novela picaresca y en los dibujos de ‘La codorniz’, antes que en los editoriales de los periódicos o en los análisis de los tertulianos.


Sin pretender serlo, era un maestro vital para nosotros, sus amigos. Nada le era ajeno, excepto la estupidez, la mezquindad y el provincianismo palurdo y cerril.


Las tres heridas de las que hablaba Hernández, la de la vida, la del amor, la de la muerte, las llevaba y conllevaba con la naturalidad de quién se sabe humano y vulnerable, y quizás, precisamente por eso disfrutaba y nos hacía disfrutar de los libros, de la historia de los paisajes y de su amistad, siempre generosa, siempre estimulante. Con él, los versos de San Juan de la Cruz, la novela ‘Patria’ o los personajes  de Miguel Delibes devenían en redescubrimientos gozosos y plenos.


Tenía principios y no ideología, nos enseñó que a veces lo más revolucionario son las buenas formas, la educación y el respeto por uno mismo, que la dignidad de uno se encuentra  en la dignidad de todos, que la ironía y  el buen humor suelen acompañan a la inteligencia.


Como dice Fernando (nuestro capitán Alatriste), charlar con Jesús era la mejor manera de  ganar el tiempo y no perderlo, estar con él te alejaba de la injuria y su brebaje, era demasiado grande y luminoso como para sucumbir al desanimo o la apatía en su compañía.


Se fue su vida, a la manera cervantina sobre el deseo que tenía de vivir, y nos dejó sin consuelo, y con tantas cosas por hacer, que nos sentimos engañados por la vida, estafados por la muerte, y mutilados en nuestra amistad, que nos duele como un miembro amputado, que ya no está pero lo sentimos.


Adiós Jesús, la vida nos regalo tu amistad, y la de tu compañera Mayda Anias. Gracias por todo., 
En nuestra memoria quedas, y seguiremos honrándonos en tu amistad. Quizás no haya mejor tributo que podamos darte, quizás no haya mejor equipaje que llevarte.

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