Alicia Arés

Etarras y nazis

Alicia Arés Ver comentarios 1 Sábado, 25 de Mayo de 2013 Tiempo de lectura:

En política, los mensajes que funcionan son los simples, claros y meridianos. Los que no presentan dudas ni matices y cuya función es hacer de lo complicado algo pueril.

Frases sencillas para gente sencilla.

Blanco nuclear o negro puro. Sin esa engorrosa escala de grises con la que la realidad suele ensuciar cualquier campaña de marketing, con esa persistente manía de complicarlo todo.

De un tiempo a esta parte, el gobierno ha iniciado una campaña para aclarar a la población -anonadada y confusa- la verdadera naturaleza de los movimientos sociales que han ido surgiendo como respuesta a la crisis. Desvelarnos su auténtico rostro. Comenzaron abriéndonos los ojos con el 15M al descubrirnos que los que habían tomado la Puerta del Sol en realidad eran etarras. Al parecer, el término ‘antisistema’ no les gustaba. Demasiado complejo, eso de ir contra el sistema podía no parecer tan malo. ‘Perroflauta’ sonaba incluso simpático. Y llamarles simplemente ‘guarros’ no despertaba la suficiente carga de rechazo necesaria. No, mucho mejor ‘etarras’, para que la inmensa mayoría sienta repulsa. ¡Dónde va a parar!

A Sánchez Gordillo comenzaron a llamarle ‘stalinista’ por su asalto al supermercado. Otro error. Stalin es un malo nebuloso, quizás porque Hollywood no se ha encargado mucho de su figura. No como los nazis que son la encarnación del mal en la tierra. ¡Pues entonces, le llamamos nazi! Y si no etarra, que son malvados locales, pero malvados al fin y al cabo.

Aprendieron la lección y a Ada Colau le tocó ser etarra y al movimiento que encabeza, el de miles de personas que se han quedado sin hogar por la rapiña de los bancos, nazis. Aquí hay para todos.

Lo que no explican es qué tiene que ver el tiro el la nuca a un inocente con sentarse pacíficamente en una plaza para protestar o asaltar un supermercado convocando a la prensa. Ni cómo es que tanta gente apoyaba a ETA en Madrid. Ni gritar (o insultar) en plena jeta a un político, llenándole el portal de pegatinas con los campos de exterminio y la solución final.

La última perla del discurso simplista alcanza el dadaísmo, Jorge Fernández Díaz, ministro del Interior, dijo, y parece que en serio: “El aborto tiene algo que ver con ETA, pero no demasiado”. Sí, casi es de agradecer que no lo expliquen.

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