La eucaristía ha servido tanto para bendecir los óleos y consagrar el crisma como para la renovación de las promesas sacerdotales,lo que no pudo celebrarse por la suspensión de la Semana Santa. Gil Tamayo, que ya presidió la misa del Corpus, la primera tras sufrir el Covid-19, se ha referido en la homilía a su hospitalización durante más de un mes.
Es el acto que tiene lugar en la misa crismal que este año no se celebró por la suspensión de la Semana Santa. Gil Tamayo, que ya presidió la misa del Corpus, la primera tras sufrir el Covid-19, se ha referido en la homilía a su hospitalización durante más de un mes.
“Gracias, hermanos sacerdotes, porque os he sentido como mi familia”, ha dicho a los sacerdotes, a los que ha agradecido su labor “en estas circunstancias tan especiales”. En un tiempo en el que “a la humanidad se le han caído todos sus esquemas de poder”.
“Todo se ha venido abajo. Hemos recuperado la conciencia de nuestra finitud. Porque hemos visto que nos podemos ir en cualquier momento, y este obispo os lo dice con conocimiento de causa”, ha confesado, tras lo que ha dicho que en este mundo no puede conformarse “con números fríos, con asistir a la catalogación de quien es útil y quien es desechable a la hora de atenderles, del descarte de los más pobres”.
Pero también se ha visto, ha añadido, “la mano tendida del que ayuda, del enfermero para cuidar enfermos hasta la extenuación aunque hubiera terminado su jornada de trabajo, del trabajador de la Administración, que se desvive en su trabajo para ayudar a salvar vidas; del farmacéutico, del voluntario, de vosotros, sacerdotes; de quienes trabajan por proporcionar servicios esenciales”.
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“Todos ellos han desafiado al miedo para tender la mano”, porque “hay santos de la puerta de al lado”, y ha pedido no dejarse llevar por la tristeza y el pesimismo y no “dejarse arrastrar por la confrontación”. Estas palabras hacen referencia al mensaje del papa Francisco con motivo de la Jornada Mundial de los Pobres sobre la nueva normalidad basada en la solidaridad.
No somos nada
“No somos nada, lo he comprobado cuando he visto de cerca la muerte. Así que unámonos más fuerte a Cristo como repetiremos en nuestras promesas sacerdotales que vamos a renovar”, ha añadido, para manifestar su preocupación por la enfermedad y por la pobreza por la crisis sanitaria.
Gil Tamayo ha pedido redoblar esfuerzos de la caridad para “poder atender a todos cuantos nos necesiten” y ha llamado a animar a los fieles en las parroquias en este sentido.
Ante la preocupación por las vocaciones, ha contado que el 13 de septiembre se celebrará una ordenación, de Javier Calvo, y el 27 de junio la del diácono carmelita Luis Carlos en el convento fe la Santa.
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