Del Sábado, 31 de Enero de 2026 al Martes, 03 de Febrero de 2026
Sí que existen brechas, sobre todo mentales
Mandiles en un balcón en el Día de la Mujer 2018.En esta sociedad actual en la que nos guiamos por lo inmediato sin apenas perspectiva histórica que no esté politizada, el hecho de que en algo más de dos décadas la mujer haya conseguido prácticamente igualarse al hombre en inserción laboral es algo fascinante. Semejante situación no había ocurrido jamás anteriormente y, sin embargo, en un ínfimo periodo de tiempo –comparado con cualquier periodo histórico- se ha conseguido al fin.
Obviamente esta buena noticia no puede suponer que no se siga luchando para conseguir una igualdad social, porque hay aún muchas brechas mentales que superar. Pero las nuevas generaciones vienen fuertes.
Hace pocos meses me encargaron hacer un reportaje de investigación sobre la situación de las mujeres trabajadoras que, además, son madres. Me documenté mucho. Hablé con varias de ellas atravesando muy distintos momentos de su vida. Algunas son ya madres y otras, aún no lo son. También charlé del tema con algunos hombres.
Me di cuenta, por ejemplo, de que en apenas 15 años la incorporación de la mujer al mercado laboral ha pasado de un 32,5% en 1995 al 53% en 2009 según datos de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos). Y que en 2007, las mujeres suponían el 46,59% de la población activa española, el porcentaje más elevado de la década atendiendo a los datos del Informe del Mercado de Trabajo de las Mujeres publicado por el SEPE en octubre de 2018. Curioso retroceso, debido (probablemente) a las recientes crisis económicas que siempre afectan al trabajo más inestable, como veremos.
Maternidad y trabajo
En esta investigación observé que las mujeres que tienen entre veinte y treinta años –con las que hablé aún no eran madres- tienen un concepto del futuro cercano mucho más positivo que el de aquellas que ya han pasado por la maternidad y han comprobado en sus propias carnes las consecuencias que, en muchos casos, esto tiene en sus puestos de trabajo. Confían en una mayor equidad en todo lo referente a las tareas domésticas en pareja y creen que, en ese momento de su vida, deben afianzar su carrera profesional antes de pensar en formar una familia. Así lo reconoce la OCDE, generalizando esta premisa en hombres y mujeres.
Un dato objetivo más: según el Instituto Nacional de Estadística, de media, el hombre tiene su primer hijo a los 35 años mientras que la mujer es madre por primera vez a los 32,9 años.
Incluso en multinacionales con políticas de igualdad bien desarrolladas –y obviamos la Administración pública cuyo sistema suele ser equitativo- hay una cierta reticencia cuando la mujer se queda embarazada. En una gran parte de los casos, se produce un estancamiento de la carrera profesional a partir del alumbramiento, y también es un dato que ratifican diversos estudios.
Bien, hay hijos de por medio. Hijos que suelen tener padre y madre. Las mujeres a las que entrevisté y que eran madres me confirmaron que a sus parejas no les había afectado, en absoluto, el hecho de ser padres en lo referente a su carrera profesional. Excepto a uno de ellos, que pidió una reducción de jornada por cuidado de hijos y la baja paternal que le correspondía. Le pasó factura. Lo mismo ocurría en los casos de padres separados o divorciados con custodia compartida y que también debían compatibilizar su trabajo con el cuidado de los niños –y ‘tirar’ de los abuelos para que les ayudasen.
Sin embargo, en general son las madres las que más condicionadas están por “dobles jornadas”, la laboral y la familiar, y hay diversos estudios que lo amparan –además de la experiencia propia de la mayoría de los que me estáis leyendo, seguramente-.
Las entrevistas que realicé simplemente ratificaron las cifras oficiales que recomiendan un fortalecimiento de las políticas de conciliación, como es el caso de la OCDE. Este toque de atención no es solo para España, sino también para otros países. Y otro dato más: según la Organización de Naciones Unidas (ONU), las tareas familiares siguen sin compartirse equitativamente cuando ambos miembros de la pareja trabajan.
La brecha mental está sobre todo en la aplicación social, política, familiar y empresarial de la igualdad entre sexos: y lo que es más importante, la necesidad de reivindicar el ámbito privado y familiar frente al trabajo sin importar si eres hombre o mujer. En definitiva, el derecho a pasar tiempo con tu familia, a cuidar “personalmente” a tus hijos o a tus mayores sin tener que delegar siempre en terceros a causa del trabajo, a que se puedan compatibilizar horarios sin que interfiera a la productividad laboral. O mucho más simple: el derecho a disfrutar de tu vida privada sin más explicaciones.
Techo de cristal
Según los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) de 2017, un 2,8% de las mujeres ocupadas son directoras o gerentes, frente a un 5% de los hombres. Son pocos, unos y otros, y es cierto que estos puestos de responsabilidad son, en muchos casos, incompatibles con la vida familiar.
¿Cualquiera que tenga una familia puede permitirse un puesto con horarios interminables, excesiva competencia y exigencia interna? Y me refiero a mujeres y a hombres, pero lo que constituye una realidad manifiesta es que la mujer es más sensible al hecho de la incompatibilidad de dedicarse a la familia con horarios intempestivos. Según Funcas, que dedicó un número de su revista a las brechas de género, existe una “escasa sensibilidad de las empresas por la conciliación de la vida familiar y laboral”.
Los sueldos y la calidad del puesto de trabajo también se ven afectados, y no lo digo yo. España es el segundo país con la tasa de paro de mujeres más elevada, después de Grecia, según la EPA de octubre de 2017. Ya hemos visto que en los últimos años ha bajado el porcentaje de mujeres ocupadas en casi siete puntos.
Un estudio de la Universidad de Harvard del pasado año destaca que la mujer tiene un deseo expreso de disfrutar de su maternidad, incluso sabiendo de antemano que van a ser, de algún modo, ‘penalizada’ por su empresa con menores sueldos y la ‘necesidad’ frente a sus parejas de reducir su jornada. Según este estudio, “la crianza de los hijos juega un papel primordial en la información sobre brechas de género”, y afecta a las mujeres en los cinco años siguientes al alumbramiento del primer hijo.
Los contratos de las féminas son a menudo temporales y una de cada cuatro mujeres tiene una jornada parcial, según el SEPE. Para ser más precisos, el 80% de las mujeres de entre 30 y 49 años tiene una jornada parcial. Aunque en la mayoría de los casos la causa es la falta de opciones a una jornada completa, debido a la situación económica que atraviesa el país todavía, la segunda razón es el cuidado de los hijos y familiares. Pero, ¿es realmente la reducción de jornada una estrategia de conciliación? ¿O más bien acentúa la brecha salarial de género?
Es una certeza que ser madre trabajadora (fuera de casa) no hace que la mujer sea menos competente –yo diría que todo lo contrario- o capaz. ¿Por qué razón, entonces, habría que ‘castigarla’ con la necesidad de reducir su jornada para que pueda dedicarse a su familia? ¿Acaso ser un padre trabajador cambia en algo su vida laboral? Los que estéis leyendo esto seguro que ya tenéis una respuesta.





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