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Personajes con soberbia

Tribuna Ver comentarios 1 Sábado, 16 de Febrero de 2019 Tiempo de lectura:

José María Monforte. Portavoz del PP en el Ayuntamiento de Candeleda.

Si algún día no estoy de acuerdo con lo que hace, dice o piensa el partido político en el que milito, o no estoy de acuerdo en algunas de las acciones políticas que realiza, intentaré que cambie de opinión según mis criterios y razonamientos, y si no me hacen caso, me ignoran o veo claramente que no cuentan conmigo, o bien me quedo o bien me iré por la puerta de salida más cercana, despidiéndome y diciendo adiós.

[Img #94465]Eso sí, si ostento un cargo público gracias a ese partido, le dejaré y punto, porque entiendo que con mi salida del partido he roto todos los nexos de unión que tengo con esa asociación política. A mí no se me ocurriría jamás ocupar un puesto que no me corresponde y que entiendo que está íntimamente vinculado al partido político. Y eso, no porque yo tenga un sentido muy estricto de la lealtad, sino porque si rompes un vínculo con una determinada asociación le rompes con todas las consecuencias.


Se puede admitir y puede ser lógico que, por distinto tipo de circunstancias, abandones el partido político y fundes otro, milites en otro o “hacer de tu capa un sayo”, pero nunca permanecer en una actitud dubitativa y aprovechándote de los medios públicos, tales como cobrar un sueldo, tener asesores, utilizar el puesto público que desempeñas para un aprovechamiento político personal y de promoción mediática.


No se debe utilizar ese puesto y los puestos de los asesores, para fundar otro partido político y eso desde el aprovechamiento personal de lo que te ha proporcionado ese partido y lo que es peor estar utilizando para tu “ventaja” o “lucro” personal el dinero público, en definitiva, estar utilizando esos fondos para un fin, como poco, no adecuado. Y que nunca, nunca se debería utilizar para beneficio propio.


Por otra parte, si utilizas esa plataforma que te ha proporcionado tu partido para ostentar un puesto público, al que de sentimientos ya no perteneces, para de una forma poco ética y menos estética, promocionar un partido que han fundado tus propios asesores y criticar con dureza a quienes antes eran tus jefes, “se está mordiendo la mano de quien te dio de comer”. Se está, en definitiva, cometiendo un atropello, no solamente poco legal, sino nada moral.


Parece lógico, razonable, prudente, ético y estético que cuando se llega a esa situación, uno/a se dé de baja en el partido, dimita del cargo público que ocupa, cese previamente a su personal de confianza y después que funde lo que quiera, que haga las manifestaciones que quiera, que milite en el partido que le venga en gana. De esa forma la sociedad reconocerá o no la valía política y personal de cada cual.


En el caso del aprovechamiento de algo que no es tuyo, y más teniendo en cuenta que son recursos económicos y de otro tipo, públicos. A mí se me ocurre, que tales comportamientos, como mínimo, se podrían calificar de poco edificantes o porque no decirlo, indecentes. No es buena para la acción política la soberbia personal y tampoco el orgullo. Para ser servidor público, no solamente hay que decirlo y propagarlo, sino también ponerlo en práctica. Mesías en la era en la que vivimos solamente hubo uno, y si contamos más religiones, uno por cada religión. El que proliferen tantos, ya cansa. En esta sociedad existen demasiados mesías y salvadores de la patria, ¡¡¡Ya estamos hartos!!!

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