Entrega del premio

La historia del amor con un león gana el certamen de La Sombra del Ciprés

Avilared Sábado, 01 de Diciembre de 2018 Tiempo de lectura:

El vallisoletano Javier Tuero Rodríguez ha recibido el premio del I Certamen de Microrrelatos (400 euros) de la Asociación de Novelistas Abulenses La Sombra del Ciprés.

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El jurado eligió su relato ‘Amor fatuo’, entre más de 200, cuyo requisito era comenzar con la frase "La cosa iba bien hasta el día que me habló uno de los leones", extraída de un cuento de Pablo Garcinuño incluido en el último libro colectivo publicado por la asociación.


“Me pareció curioso y original el certamen”, ha explicado el autor al recoger el premio, por un lado por la frase, que “era peliaguda”, y por “la forma de valorar la rapidez de entrega de los relatos, aunque yo lo vi cuando habían pasado dos días”. Y es que el puntuaban más los relatos cuando antes se enviasen dentro del plazo establecido.


Los cuatro finalistas fueron 'Mi dulce león', de Ana Luz Sanz Pérez; 'A veces llegan cartas', de Juan Molina Guerra; 'Arañazos', de Miguel Ángel Moreno Cañizares, y 'El cazador', de Silvia Suria Torres.


El premio entre los socios de la asociación ha sido para Ismael López Martín, por el relato 'Corten!'.


‘Amor fatuo’, de Javier Tuero
La cosa iba bien hasta el día en que me habló uno de los leones. Como domador veterano, yo estaba acostumbrado a pegar latigazos, no a pegar la hebra. Aquella misma noche, ya en la cama, se lo confesé a mi esposa. Maruja, el Boy me habla. ¿Qué es eso de que te habla?, respondió ella apartando brevemente sus ojos del televisor. Que me dice cosas, leñe, cuando paso a su lado. ¿Y se puede decir qué te dice? Tardé unos segundos en contestar. Me llama guapo. Y otras cosas. Yo no sé qué hacer, Maruja. Me mujer me miró un instante muy seria mientras me mordisqueaba el labio inferior. Otra infidelidad, no. ¿Te enteras bien, Paco? Te lo advierto, cojo al niño y me voy. Haz lo que tengas que hacer. En tus manos queda.


A la mañana siguiente, el Gran Damasco llevó a castrar a su león favorito. ¿Por qué me haces esto?, le inquirió la fiera antes de recibir el dardo inmovilizante. Porque lo nuestro es imposible, Boy, respondió el hombre con los ojos húmedos clavados en el suelo.

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