Chuchi García

La marca Ávila es una cicatriz que supura

Chuchi García Ver comentarios 8 Lunes, 21 de Enero de 2013 Tiempo de lectura:

¡Cuántas tonterías lee un al cabo del día! Y así pasa, que luego hay que escribir tus tonterías propias, más genuinas y que piensas que tienen más gracia. Quizá no la tengan pero no sé a ustedes, es que a mí me da igual. Me publican cualquier cosa.

Un titular y te entra la risa. ¡La marca Ávila! ¡Pioneros! ¡Rajoy nos mira!

Supongo que es a eso lo que fuera de esta tierra llaman “provincianismo”. No lo sé, pues vivo sumido en la realidad abulense y es difícil cuando no tienes perspectiva saber que es cada cosa y si lo es uno mismo.

Uno se saca un logotipo, para mí dudoso, aunque hay gusto para todo, y ahí está. Lo planta por diestro y siniestro. Y esa es la marca. Lo podían haber cosido en unas zapatillas y cobrar a los adolescentes 160 euros el par. Pero eso sería emprendedor y no es plan, que está mal visto, que es mejor tener el vivero de empresas del Mercado de Abastos vacío.

La marca de Ávila es el putomierdismo, su afición a quejarse, los escaparates de tiendas cerradas, las urbanizaciones fantasma que se extienden hasta donde alcanza la vista, el cráter humeante de lo que un día fue su Caja. Al final no es una marca, es una cicatriz por donde supura la cultura del hambre, el clientelismo, la adoración al cacique. Ávila es una ciudad amurallada a cualquier cosa que parezca un cambio, un progreso. Y dentro de sus murallas viven por siglos sus torquemadas, sus ‘topamis’, sus que dirán, sus beatas y sus generalísimos, los emprendedores de toda la vida que hace 30 años que no emprenden, los nuevos ricos del ladrillo que ahora son nuevos pobres y así hasta aburrir.

[Img #6574]No hay que preocuparse que de todo lo anterior, por concepto, color y forma ya anda el Ayuntamiento preparando una web de cada. Al parecer el kilo de bytes está muy barato, o no, pero no se preocupen que disparan con pólvora ajena.

Y con esa marca exportamos nuestros productos. Uno de esos productos son los urinarios para el turismo. Un atractivo en el que no habíamos reparado pero que funciona muy bien. De hecho vienen muchos turistas desde Madrid, ven las murallas, utilizan los urinarios dejando generosamente los subproductos de su metabolismo y marchan a Segovia a comerse el cochinillo.

En eso es algo que ganamos al enemigo segoviano, que ellos no tienen marca. Alguno pensará en Cándido, el acueducto y su cochinillo, su Bravo y su teatro, su Titirimundi, sus exposiciones de La Cárcel, su candidatura a ciudad europea de la cultura. Todo para nada. No tienen una marca, un logotipo, un ‘imagenotipo’, una señal que ofrecer al mundo. ¿Cómo pretenden que Rajoy saque de allí una idea con la que hundir España? Normal que Mariano se haya fijado en Ávila para su marca España que afín de cuentas es la misma que portaba Caín.

Creo que me voy a tatuar la marca Ávila en la ingle. Una excentricidad de las mías.

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