Las esculturas de la fachada no regresarán a su lugar

Hallan restos del pórtico original de Juan Guas en la Catedral de Ávila

Carlos de Miguel Martes, 18 de Diciembre de 2012 Tiempo de lectura:

Los trabajos que se llevan a cabo en el pórtico occidental de la Catedral de Ávila han encontrado restos de la tracería calada y piezas reutilizadas originales de la fachada de Juan Guas en el siglo XV, ocultas por la de Ceferino Enríquez de la Serna en el siglo XVIII.

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La investigación, centrada en proteger la portada y estudiarla en profundidad para adecuara la intervención posterior, ha supuesto el desmontaje de las esculturas, que presentan un estado de conservación pésimo, por lo que no regresarán a su lugar de origen al encontrarse en “estado de desintegración”.

El deterioro de las esculturas de la portada, que representan a santos abulenses, Santa Teresa, San Juan de la Cruz o los mártires Vicente, Sabina y Cristeta, resulta “prácticamente terminal”, por eso los técnicos aconsejaron bajarlas, colocarlas en lugar seguro y que no vuelvan a su lugar.

La Fundación del Patrimonio Histórico prepara, para principios de 2013, una acción divulgativa con paneles informativos para que los visitantes de la catedral puedan conocer su historia y evolución.

“El alarmante deterioro de las esculturas y elementos decorativos de la portada y el evidente riesgo de desprendimiento de fragmentos y caída a la vía, con peligro para las personas”, hicieron necesario incorporar al estudio petrológico una intervención preventiva, que incrementó en un 30 por ciento su coste, para bajar las tallas, consolidarlas e instalar una malla protectora que evita cualquier accidente y también impide la entrada de aves.

Fachada original
También se investiga, como estudio previo a su restauración, las capas de enlucido del atrio y la cara interna de la fachada, original de Juan Guas, para comprender la evolución histórica de esta parte de la catedral y favorecer una contemplación mejor del interior de la fachada, del siglo XV.

Entre las piezas destacables que han aparecido al levantar el revoco en algunas zonas se encuentra el trabajo de la tracería del tímpano, que ahora permanecía cegada pero que  en origen era calada y tenía vidrieras, una técnica inusual en la catedrales góticas castellanas y leonesas, más propia de las francesas.

Los restauradores consideran que los dos atlantes o salvajes a ambos lados de la puerta, en las jambas, también deben de ser originales de la fachada gótica del siglo XV, de Juan Guas.
En el siglo XVIII, la nueva fachada superó en altura a la del siglo XV: se colocó  sobre ella y se rellenó el espacio entre las dos, por lo que la fachada de Juan Guas queda oculta al exterior, tapada por la nueva, aunque continúa visible al interior de la catedral.

Los trabajos son parte de las labores previas de restauración, como un levantamiento planimétrico para obtener la representación gráfica de su estado actual, el estudio petrológico y las catas murales en el interior, para ajustar el proyecto, actualmente en redacción a las necesidades del inmueble.

Disgregación de la piedra
La portada de piedra dolomía, flanqueada por dos contrafuertes de granito, tiene problemas graves de disgregación de la piedra. La mayor parte del agua que cae en la terraza del nivel superior se filtra hacia los rellenos de la portada y aflora por la sillería. Al pasar, el agua disuelve las sales y el yeso que, transportados hacia fuera, cristalizan, lo que sumado al hielo y el viento causa disgregaciones, descamaciones, fragmentaciones y roturas que pueden llegar a caer a la calle.

Las palomas también contribuyen al desgaste y aportan  materia orgánica y suciedad, que favorece el ataque de microorganismos y daña la piedra, igual que los líquenes y raíces de vegetación entre los sillares.

Con inicios en el siglo XII, fue en el XV cuando se encargó al escultor español con origen flamenco Guas que traslade la portada original gótica de la fachada occidental a una puerta secundaria al norte, con mejor acceso desde el palacio episcopal, y que la sustituyera por una nueva y adelantada, de modo que la nave mayor ganase un nuevo tramo. Sin embargo, la portada se deterioró tanto que debió reformarse en el siglo XVIII.

Los trabajos, por importe de más de 300.000 euros, se financian a medias entre la Fundación del Patrimonio Histórico  y el Cabildo Catedralicio.

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