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Más de 80 personas de todas las edades comenzaron probando unos entrantes de tradicionales quesos frescos de cabra y choricitos y morcillas de El Hornillo y Guisando.
Tras la presentación por parte de la socia Maite Serrano se sirvieron los platos calientes: nízcalos salteados con vermuth, revuelto de morcilla de cebolla de La Adrada, nízcalos y nueces, cocido ‘a la Paula’, alubias blancas con oreja, sopa de tomate tradicional de Arenas, migas preparadas por la Asociación de Mayores de El Hornillo, y gallina de El Hornillo con manzanas.
Como postres degustaron tarta de queso, brownie de chocolate, higos secos y kiwis aportados por la Asociación Cultural La Risquera, regado con un tempranillo joven producido en San Esteban del Valle por Avelino, para terminar con una queimada, aguardiente de higos y castañas asadas.
El movimiento Slow Food celebra este día en una fecha próxima al 10 de diciembre -en el Valle del Tiétar fue el día 8- por parte de sus 1.200 sedes asociadas o convivia y 150.000 participantes en 120 países, según explica su responsable, Marco Rizzardini. “Es una única fiesta -señala- que recorre el mundo para recordar que comer sigue siendo un acto agrícola y subrayar la importancia del alimento local y el derecho de todas las comunidades a reivindicar el acceso a una comida de calidad”.
Con esta actividad, “Slow Food va consolidando los vínculos entre todos los protagonistas de la red, como son socios, agricultores y ganaderos, productores ligados a proyectos de defensa de la biodiversidad, comunidades del alimento, cocineros, académicos, jóvenes, músicos, y tantas otras asociaciones, ongs e instituciones locales”.
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