Según el estudio becado por los Amigos de la UCAV

Los efectos positivos de la siembra directa

Redacción Ver comentarios 1 Martes, 04 de Diciembre de 2012 Tiempo de lectura:

La acumulación de materia agrícola resultado de la siembra directa permite que el sistema agrícola sea un sumidero de CO2, una práctica que puede ser una herramienta útil y eficaz para compensar emisiones y luchar contra el cambio climático.

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Se trata de la principal conclusión del estudio ‘Efectos de la siembra directa sobre diferentes parámetros edáficos en la provincia de Ávila’, becado con la IV beca de investigación de la Asociación de Amigos de la Universidad Católica de Ávila, y cuyos autores con Fátima Carrera González, Pedro Manuel Díaz Fernández y José Joaquín Ramos Miras.

“La investigación ha permitido poner en práctica un protocolo de análisis edafológicos para comparar suelos de siembras directas frente a agricultura tradicional con laboreo”, según Díaz, además de destacar el ahorro de combustibles fósiles, y el menor tiempo de laboreo que implica poder trabajar una mayor superficie de terreno.

La siembra directa es el sistema productivo basado en la ausencia de labranzas y la presencia de una cobertura permanente del suelo, vía cultivos y rastrojos de cultivos anteriores. Basado en un conjunto de buenas prácticas agrícolas, el esquema permite producir sin degradar el suelo, mejorando en muchos casos sus condiciones físicas, químicas y biológicas.

Además, “logra hacer un uso más eficiente del agua, recurso que en cultivos de secano es generalmente el factor limitante en la producción, con lo que la siembra directa logra niveles productivos altos con estabilidad temporal y en armonía con el ambiente”, ha explicado Díaz.

En otros países
Ha destacado que en Estados Unidos, Canadá, Brasil y Argentina el 90 por ciento de la agricultura de secano utiliza la siembra directa, “aunque aquí cuesta romper las dinámicas que existen hasta el momento”.

Para la investigación se estudiaron ocho pares de suelos con prácticas de agricultura de conservación (siembra directa) entre dos y diez años, y aunque el número es bajo para extraer conclusiones definitivas, les ha permitido observar tendencias y plantear futuros desarrollos en esta línea e investigación.

Díaz indicado que “el porcentaje de carbono orgánico muestra también diferencias entre las dos prácticas agrícolas, que se incrementan a media que lo hace el número de años de agricultura de conservación”. Los datos muestran que el efecto de la agricultura de conservación en Ávila “parece tener el efecto esperado”, como es “el freno a la erosión, mejora de la fertilidad, mayor contenido en materia orgánica y carbono orgánico”.

Los suelos de siembra directa están acumulando carbono orgánico, y por tanto funcionando como sumidero de carbono, “lo que contribuye a compensar las emisiones por quema de combustibles fósiles”, por lo que “sería muy interesante confirmar el resultado y cuantificar el carbono fijado para poder reclamar las compensaciones a los agricultores que practican este tipo de agricultura”.

La tendencia “debe confirmarse en estudios con un mayor número de muestras pero son prometedores en cuanto a las ventajas ambientales que ofrece esta práctica agrícola”.

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