Del Sábado, 17 de Enero de 2026 al Martes, 20 de Enero de 2026
Educación española
En los 35 años de democracia que llevamos, vamos camino de la séptima ley orgánica de educación general, motivada por una nueva rotación en la Presidencia del Gobierno.
Los datos hablan por sí mismos, las leyes de educación en España no han dado su fruto. Las tasas de abandono escolar no bajan, la buena consideración de las enseñanzas técnicas no aumenta y los alumnos españoles seguimos siendo deficientes en competencias básicas como matemáticas, lectura e idiomas. Seguimos estando a la cola en el informe Pisa y parece que con pocas opciones de progresar en el ranking.
El nuevo Gobierno trae otra reforma al debate público, que rompe la estructura clásica de los últimos años, la de la LOGSE. La decisión de reducir la ESO un curso supone un avance y una solución a dos grandes problemas del actual sistema.
El primero de ellos es la permanencia continuada de ciertos alumnos en los cursos avanzados de la ESO cuando ya llevan más de dos cursos repetidos. Estos alumnos retardan el ritmo de las clases y suponen un hándicap educativo serio para sus compañeros de clase; especialmente por las diferencias de edad, pero también por su interés hacia las lecciones impartidas. Estos chicos, que no desean seguir la vía académica tampoco se atreven a dar el salto a la Formación Profesional, porque en España, por desgracia, carece del suficiente reconocimiento. Y necesitamos a grandes profesionales, a personas con destrezas técnicas; pero por desgracia, parece que quién no va a la universidad en este país es el mayor de los desgraciados.
El segundo de ellos es el reparto equitativo de contenidos y la especialización. Hace pocos años que terminé el bachiller, y uno se percata, que dos años son escasos para todos los contenidos, mientras que cuatro para lo que se exigen en la ESO son más que suficientes. La idea de especializarse un año antes parece tener efectos positivos sobre el rendimiento escolar, prueba de ello es que los países punteros en educación como Finlandia se especializan a los 13 y 14 años. Nosotros somos los que más tarde lo hacemos de toda la OCDE.
Otra medida muy comentada es la vuelta de las reválidas y el cambio de modelo de acceso a la universidad. Hay quién tacha de antipedagógico el tener estos exámenes al final de cada período, pero los considero fundamentales. La cultura y el saber no es algo que se aprenda hoy, se ponga en un examen mañana y al día siguiente se haya borrado de nuestra cabeza. Es importante que cambiemos la mentalidad de “estudiar para aprobar” al “estudiar para saber”. Por eso, cuando un joven se enfrenta a un salto en su etapa formativa, debe demostrar, por pruebas objetivas para toda España, que ha superado los objetivos de esos años y si no lo hiciera, sería señal de que aún no ha terminado de asimilar conceptos.
La remodelación de la prueba de acceso a la universidad también es necesaria, como es la reforma en su conjunto del sistema universitario español. Un modelo que ha caminado muy ligado al despilfarro, a la aparición de nuevas titulaciones que realmente son intermedios de otras ya existentes y con planes de estudios consolidados. Deberíamos volver a la esencia de esa palabra: Selectividad. Pues indica precisamente eso, una prueba selectiva, es decir, que suponga un filtro entre los preparados y los no preparados, pues algo no funciona cuando los datos de aprobados superan el 90 por ciento, y sin embargo, al llegar a las facultades universitarias, uno de cada tres no termina sus estudios.
El gasto del Estado para ese tercio de los estudiantes españoles es muy alto, y no se va a ver posteriormente recompensado, pues no van a producir tejido económico como sus compañeros que si terminaron sus licenciaturas o sus grados. Por esto, debemos ajustar los ingresados con los egresados en el sistema universitario. Y también es necesario restringir bien el número de profesionales que necesitamos cada año en los distintos ámbitos de la economía con el número de egresados cada curso por las facultades españolas. Ya que de lo contario, estamos teniendo a una gran parte de población sobre cualificada para sus puestos de trabajo.
La universidad necesita además alejarse de la técnica para volver a su esencia, a la ‘Universitas’, pero eso, lo dejaremos para otra Mirada.
Y como no podía ser de otra forma, a la reforma se le añade el componente ideológico, con la famosa Educación para la Ciudadanía. Soy defensor y siempre lo fui, de educar a los jóvenes en valores democráticos y en derechos humanos. Lo considero una urgencia de nuestro tiempo, al igual que lo considera la Unión Europea. Pero es cierto, que apartar la mirada de determinados problemas sociales que hoy rodean a España, sacándolos de los temarios, porque puedan darse interpretaciones ideológicas no ayuda a mejorar. No hay más ciego que el que no quiere ver dice el refrán. Seamos sinceros y auténticos, y presentemos la realidad de España en cuestiones morales. Pues sólo conociendo podrán discernir y juzgar, sólo así podrán opinar.
Pero no dejemos que este garbanzo estropee lo que considero una buena olla. Son cambios que eran necesarios para dar un impulso a la educación española, para situarnos a nivel educativo en los primeros puestos de Europa. Sólo espero que sea una reforma pactada, que implique directamente a todos los agentes educativos, y que no sea la excusa perfecta para hacer recortes en presupuesto educativo.



profesoro | Sábado, 03 de Noviembre de 2012 a las 15:14:27 horas
Llevamos 35 años de partidocracia.
Una nación necesita profesionales, no solamente universitarios.
Conozco a simples obreros felices con su profesión. A torneros que están en su cielo cuando farbrican una pieza. A personas con carrera universitaria cabreados.
Nos deben enseñar como ser felices independientemente de nuestra futura profesión.
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