Ayudó en el convento de La Encarnación el pasado verano

Una voluntaria del centenario sigue los pasos de Santa Teresa

Carlos de Miguel Ver comentarios 5 Lunes, 04 de Abril de 2016 Tiempo de lectura:

Desde la localidad murciana de Jumilla llegó a Ávila en el verano de 2015 para ser voluntaria del centenario de Santa Teresa, y al cabo de unos meses ha traspasado el umbral del convento que lleva este nombre.

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Tiene 29 años y trabajaba en el Museo Catedralicio de Murcia, pero su paso por Ávila como voluntaria en el convento de La Encarnación la marcó con tanta fuerza que ha regresado a él. Ha sido en el día de La Encarnación, el 4 de abril. De momento como postulante para seis meses, luego quizá para toda la vida.


Su entrada en el convento ha tenido el contraste de sus padres,  emocionados al decir adiós a su hija, frente a la alegría de la joven, con la lluvia como invitada y una expedición de 40 personas llegadas de Murcia, entre sacerdotes. familiares y amigos, entre los que no ha podido viajar su hermana.


Francisco Alegría, su párroco y director del museo donde ella trabajaba y que acoge esculturas de Francisco Salzillo, explica que "sintió la vocación" cuando se acercó a la comunidad de las carmelitas descalzas en aquel viaje de un grupo de murcianos voluntarios. Participó en las Jornadas Nacionales de Patrimonio Cultural 'La pastoral de la santidad a través del arte'.


Juana José Nicolasa Guardiola ha asistido a una celebración eucarística en el convento de la Encarnación oficiada por el obispo abulense, Jesús García Burillo, que ha servido para clausurar el V centenario de la fundación del monasterio.


Un paso

Poco después, la joven se dirigía de la mano de sus padres al patio del convento, arropada por sus paisanos y sus cánticos. Han sido instantes de emoción. Entonaban los versos de Santa Teresa 'nada te turbe nada te espante'. Al fondo la esperaban con los rostros tapados las 30 monjas que forman la comunidad. Tras recibir la bendición del obispo, ha dado un paso y se ha fundido en un abrazo con la madre superiora. Los portones se han cerrado y se ha adentrado en una nueva vida.


Al rato, en el locutorio, toda la expedición de murcianos se ha encontrado con las monjas, entre ellas la joven postulante, ya vistiendo el hábito carmelita.


Allí, el padre de una monja ha hablado en voz alta delante de las carmelitas, situadas en la penumbra al otro lado de la reja: "hace cuatro años entró mi hija, pensé que la había perdido, pero gané 30 hijas, que ahora son 31".


Tercer locutorio

En este acto también se ha bendecido el locutorio de la vocación, uno de los tres del convento, en el que la joven Teresa de Cepeda acudía a visitar a Juana, su amiga monja. Esa visita queda reflejada en un cuadro instalado allí, obra de Eugenio López Berrón.


El pintor ha explicado la obra, donde se ve a la mística hablar con su amiga, situada tras las rejas del locutorio, en un cuadro atravesado por un fuerte rayo de luz.


"Pueden verse los cantos que representan a las tierras abulenses, especialmente a Gotarrendura, mi pueblo, donde tanto jugó con sus hermanos, y 17 cardos, que son las fundaciones que realizó, y una soga con 17 nudos, que representan las penalidades que pasó por los caminos", ha indicado.


El locutorio quiere ser también lugar de visita de quienes llegan al convento, ha dicho el capellán, Arturo Díaz. En él figura la inscripción "Tenía yo una grande amiga en este monasterio, y est me era parte para ser monja adonde ella estaba".

 

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