Del Sábado, 17 de Enero de 2026 al Martes, 20 de Enero de 2026
Camino hacia la igualdad real
Son muchas las voces que se enfrentan en esta cuestión, que no es otra que la lucha de la mujer, el feminismo. Hay una equivocidad o confusión en los términos, sin duda. Por ello, conviene remarcar la situación del tema a tratar para no llevar a mayores engaños. No es lo mismo el hembrismo que el feminismo.
Ni mucho menos si recordamos que esa confusión la generan personas machistas al emplear el término 'feminazi'. Es obvio que ya es hora de salir de ese dichoso callejón sin salida. De hablar con pelos y señales de esta problemática, con la que nos codeamos día a día y no sólo un día internacional para hacer ver la inexistencia de dificultad al respecto. Conviene avanzar y no caer en el desastre habitual. Vayamos al origen.
Así, sin pausa pero sin prisa vayamos a tratar “el problema”. Ese problema que de manera intencionada se produce por el concepto de sociedad patriarcal, en el que por desgracia seguimos viviendo. ¡Qué palabreja acabo de soltar! Me refiero a todo lo referente al concepto patriarcado. La verdad es que me repito en mi insistencia de afrontar “la raíz del problema”. Esa raíz del problema que la sitúo en esa insistencia de sociedad que avanza, pero aparentemente. Avanza a nivel tecnológico y en parte a nivel científico. Si bien, se olvida de la humanidad, de las personas.
Yo, personalmente, no desisto que las mujeres tengan sus derechos. Y no lo digo en plan postureo, por moda. Lo digo reconociendo incluso que me he criado con tres mujeres, tres grandes mujeres. Sí, hablo de mi madre y de mis hermanas. Ellas no han desistido en enseñarme día a día. En aprender a querer a otras mujeres. En enseñarme todo lo que sé. En decirme que debo tratar a las mujeres como son, por ser personas. No cosificarlas ni verlas como mercancía, como así se promulga en la típica canción de reggaetong. Lo siento, odio esa música y, una de las razones es esa. Las mujeres merecen el mismo trato.
Además, se me viene a la mente su presencia en todas las luchas. Desde la Revolución francesa, donde eran ellas quienes pedían a los monarcas gabachos los derechos básicos. Pan y trabajo. Tampoco podemos olvidar a las mártires de Chicago. Ni a personajes de la talla de Rosa Luxemburgo. Lo siento, pero en mi recuerdo sigue estando su lucha. La de mis compañeras, la de mis amigas, la de mis hermanas. Y desde luego, la de mi madre. Sí, la persona más importante para mí, quien me dio la vida. La que me sigue sacando del desamparo. La que me amamantó y me sigue cuidando. Mi ángel de la guarda.
Por ello, quiero acabar estas palabras así. Recordando esa decorosa anécdota que la derecha más rancia nos ha lanzado. Esas palabras proferidas a Ada Colau. Esas que dicen que las mujeres están sólo para limpiar y mantener el hogar. Como si esa labor que hizo y sigue haciendo mi madre para dar de comer a mis hermanos y a mí no fuera honrada. ¡Venga ya! Estoy orgullosísimo de ser hijo de una “fregona”. Nadie va a volver a despreciar ese trabajo ni a esa gran persona. No son menos las mujeres y, desde luego, mi madre, que para ti es una chacha, tampoco. ¡Tenlo presente!





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